El abrazo de despedida de los Maceos

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Por Andy Zamora Zamora | 15 junio, 2018 |
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Aquel abrazo cambió la historia. Los testigos callaron mientras los hermanos Antonio y José Maceo, juntaban entre sí la fortaleza y la esperanza de un día mejor.

Entre los campos de la llanura del Cauto, los nativos de Santiago de Cuba, sembraban ideas para cosechar la independencia.

Pestán fue el lugar en Cauto Cristo, donde por última vez, el 26 de octubre de 1896, los mambises, hijos de Mariana Grajales, entrelazaron sus voluntades, sus sueños de conquista contra la colonia española, que les negaba los más ineludibles derechos.

Sus vidas eran el trigo, que habría de germinar tras su sepultura, si era necesario. Un reencuentro, símbolo de compromiso. La decisión de alcanzar la meta sin temor a los obstáculos, incluidos los de perder a sus seres queridos.

La emoción de verse después de un prolongado tiempo, la energía vibrante de retomar el camino de las armas, la nostalgia de otros perdidos en el camino… todo, quedó agolpado en un apretón de brazos.

Esa sensibilidad, hilvanada al carácter enérgico del Titán de Bronce constituye el ejemplo para la continuidad de la lucha por nuestros anhelos.

En lo personal, llegar hasta ese paraje donde una breve obra señala un acontecimiento de tal magnitud, me hizo meditar porque en el empeño diario de alcanzar «objetivos más concretos», a veces olvido que un abrazo es imprescindible en todo momento, máxime cuando existe la posibilidad de la distancia.

Una retrospectiva a mis años de universidad en la Ciudad Héroe, me devuelve a sus balcones. Cuando no conoces a nadie y se estrujan hasta los amaneceres porque extrañas a ese hermano, que junto a ti, ha vivido y te ha regalado los mejores recuerdos.

A veces, cuando muchos te acompañan, es el amigo de cuna el que llena los vacíos, a quien confías secretos y le perdonas culpabilidades. La sangre de dos hijos de la misma patria suelen ser así también.

El ejemplo que preservamos hoy de extender las manos en símbolo de unidad, debiera constituir paradigma para quienes apuestan por la discordia, en familias o pueblos.

Ocasionalmente olvidamos brindar ese gesto de hermandad a los demás. El abrazo de los Maceo no fue únicamente muestra de sus valores consanguíneos, sino un legado de solidaridad para las actuales generaciones y las venideras.

Quien llegó a ser Mayor General del Ejército Libertador, primero fue privado por los camagüeyanos de dirigir la Batalla de las Guásimas, después de haber dado muestras suficientes de liderazgo, desde el Ataque a Guantánamo, cuando Máximo Gómez le confió quemar los cañaverales de uno de los centrales más importantes para la economía de los españoles.

Esa cualidad inherente de estratega militar no separó al protagonista de la Protesta de Baraguá, de sus nobles principios.

Seamos leales a su modestia. En tanto nos resulte constructivo, cambiemos la historia, porque mucho vale, pero ¿cuánto cuesta un abrazo?, solo la decisión.

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