El ataque al Cuartel Carlos Manuel de Céspedes de Bayamo

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Por Ludín Fonseca García (Historiador de la Ciudad de Bayamo) | 25 julio, 2015 |
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Cuartel Carlos Manuel de Céspedes, BayamoUna figura de triste recordación reaparece en el panorama político cubano el 10 de marzo de 1952, da un golpe de Estado y elimina las garantías consti­tucionales. Fulgencio Batista es apoyado por el ejército, la alta burguesía nativa y el Gobierno norteamericano.

Diversas son las variantes planteadas por los polí­ticos para destituir al sátrapa, pero ninguna se mate­rializa. En 1953 se conmemora el centenario del natalicio de José Martí y un grupo de jóvenes decide empuñar las armas para limpiar la afrenta que signi­fica la dictadura para la memoria del Héroe Nacional.

Fidel Castro pasa por Bayamo en abril de 1953 y llega a las Minas de Charco Redondo, en Jiguaní, se interesa por los medios de vida de los trabajadores, por sus enfermedades, y comprueba la disposición y condiciones para apoyar una acción armada.

Argumentos del investigador Mario Mencía dicen que en abril surge la idea de atacar en julio los cuarteles Moncada, de Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo. Se labora con celeridad en la recogida de dinero, compra de armas, preparación militar, búsqueda de un hospedaje, ga­rantías para el traslado y la organización de los planes de ataque.

Bayamo se escoge, según palabras del líder orto­doxo, para ubicar las avanzadas junto al río Cauto y evitar los refuerzos por carretera y ferrocarril, desde diversas partes de Cuba, a las tropas del cuartel Moncada, además, por la tradición patriótica y revo­lucionaria del pueblo.

Llegan las armas por tren en horas del mediodía del 25 de julio de 1953, eran fusiles calibre 22, escopetas calibre 12 y 16 y algunas pistolas y revólveres. Después de una leve demora, son llevadas al hospe­daje Gran Casino, lugar seleccionado para concen­trar a los asaltantes.

En horas de la noche, Fidel Castro analiza en detalle la acción con el jefe, Raúl Martínez Ararás, y otros hombres. Los relojes se sincronizan, la acción es simultánea a la de Santiago de Cuba.

Después de las 11:00 p.m. los asaltantes están acuartelados, se reparten las armas y los uniformes la inesperada intervención del gracioso de color amarillo, el mismo que usan los soldados, y estudian el plano y las fotografías del cuartel.

Inicia la tropa su desplazamiento desde el Hospe­daje, en la madrugada del 26 de julio. A las 5:15 a.m., según convinieron Fidel y Martínez Ararás, 20 jóve­nes penetran en la instalación por la parte trasera, están entre dos cercas cuando el soldado Navarro regresa a su puesto de guardia, después de consumir café en la cocina, observa el desplazamiento, da el alto y tira al aire.

Indalecio Estrada es el cabo de guardia, escucha el proyectil y se dirige al lugar, ve a varios hombres, da el alto según establece el reglamento, y echa rodilla en tierra. Recibe una descarga y dispara con su ametralladora Thompson desde la cabeza del establo, protegido por tablones de dos pulgadas. Se despiertan ocho soldados y lo imitan desde las ven­tanas.

Detienen el desplazamiento los grupos de asaltan­tes, se parapetan detrás de una pila de leña y tiran incesantemente, se pierde el factor sorpresa y des­pués de 10 o 15 minutos el jefe ordena retirada, que protege Mario Martínez Ararás.

En la acción son heridos el soldado Navarro, en un brazo, y en un muslo, el atacante Gerardo Pérez Puelles.

Otras acciones no se ejecutan: la toma de la Esta­ción de Policía y el Centro de Correos y Telégrafos, tampoco trajeron a los mineros de Charco Redondo ni volaron los puentes sobre el río Cauto.

Inician las tropas batistianas de inmediato la perse­cución, 10 jóvenes fueron capturados y masacrados, igual cantidad sobrevive por la protección de los bayameses a costa de sus vidas.

El 26 de julio de 1953 fue una derrota militar, pero marca el inicio de una nueva etapa en la lucha por alcanzar la independencia nacional. Surgen líderes que rompen con el criterio reinante de que en Cuba un movimiento triunfa si tiene al ejército como aliado o neutral, nunca en contra.

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