El aula me completa

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Por Orlando Fombellida Claro | 22 diciembre, 2015 |
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Idalmis Bárzaga Rosales. Foto/Orlando Fombellida
Idalmis Bárzaga Rosales / FOTO Orlando Fombellida

En julio del año venidero Idalmis Bárzaga Rosales discutirá su tesis en opción del título de Doctora en Ciencias Pedagógicas. Si consigue el grado científico, como espera ocurra, pocos días después trepará lomas y cruzará los 13 pasos de río existentes en la ruta a hacia el Oro de Guisa.

Será una expedición a sus orígenes, porque en ese barrio vino al mundo el mismo día en que se cumplió un siglo del alzamiento de Carlos Manuel de Céspedes en La Demajagua, y también allí, a 700 pies de altura sobre el nivel del mar, rodeada por montañas de la Sierra Maestra, le nació el interés por el magisterio.

Con nitidez, admiración y cariño, recuerda a sus maestros de la Enseñanza  Primaria, quienes le despertaron esa vocación: Antonio Soler Hernández, Faustino Chacón Cabrera, Modesto Espinosa Reyes y Ramón Zaldívar; los dos primeros, en  la escuela Otto Parella, y los otros en la Pastor Fajardo.

Ellos, con su creatividad, sabiduría, cariño y respeto a los serios y disciplinados niños y niñas que a sus escuelas iban, motivaron a la hija de obrero de la Empresa Agropecuaria local y planchadora de tabaco, a soñar con ejercer la profesión más hermosa del mundo.

Vencidos los estudios de formación de Maestra Primaria, primero, y de Licenciatura en Física-Astronomía, después, inicia un transitar como maestra por una escuela en Calabazar, intramontano barrio guisero, y profesora en secundarias básicas y preuniversitarios de Jiguaní y Guisa, y las direcciones de Educación, en el último municipio mencionado, y la provincia.

INOLVIDABLE EXPERIENCIA

Jigüe es duende enano del folclore popular campesino que suele aparecer en los cursos de agua. También, el nombre de un barrio asentado monte adentro, en Guisa.

Allí fue construido en 1965 el seminternado José Freyre Bim, para que los  estudiantes de Punta de Lanza, Los Horneros, Guamá, La Plata, El Oro, Manacal y otras zonas  intrincadas del territorio guisero, cursaran el quinto y sexto grados. Años después, es convertido en Escuela Secundaria Básica en el Campo (Esbec), para educandos de los sitios mencionados.

En 1993, Idalmis Bárzaga Rosales acepta sin reparos ir a laborar en la institución. Deberá permanecer junto a los pupilos 25 días con sus noches, para disfrutar cinco de pase.

El campo socialista de Europa del Este con el cual Cuba realizaba cerca del 85 por ciento de su comercio exterior, se fue a bolina y la Mayor de las Antillas está en Período Especial.

La  profesora durante el curso escolar  1993-94, y directora del plantel en el siguiente, califica de “recia de verdad” la situación entonces.

Por la falta de combustible, la planta eléctrica de la Esbec no funciona ni un segundo al día, el luz brillante disponible es tan poco, que solo se pueden encender dos candiles, cuyo espeso humo tizna paredes, techos y fosas nasales, uno se sitúa en el fondo de la escuela, donde hay animales de corral, y el otro se emplea en los recorridos por los dormitorios.

Si la luna es llena, ayuda, pero si semeja un platanito maduro y tarda en asomar, la negrura es densa, opresiva, y sobrecogedores los agudos silbidos, toques secos, cantos de lechuza y otras manifestaciones nocturnas de la fauna local.

“Durante casi un año, el desayuno fue agua con azúcar y un fongo hervido, y el almuerzo y la comida, religiosamente, congrí y sopa blanca, sin una gota de grasa. Para cambiarle el color, al pasar por unos canteros grandes que había dentro de la escuela, arrancábamos hojas de ajo porro y se la echábamos picaditas”, rememora Idalmis.

No obstante esas adversidades, “había muy buena organización escolar, disciplina y resultados docente-educativos, un ejemplo es que en uno de esos años, 11 niños de la escuela ingresaron al Preuniversitario  de Ciencias Exactas”.

Fueron, subraya,  momentos terribles, pero “quienes estuvimos allá nos convertimos en  una gran familia que aún nos buscamos. Triunfó la unidad, la solidaridad,  la amistad”.

DISPUESTA A VOLVER

Federico Hernández, primer secretario del Partido Comunista de Cuba en Granma, impone la Medalla José Tey a Idalmis Bárzaga. Foto/Rafael Martínez Arias
Federico Hernández, primer secretario del Partido Comunista de Cuba en Granma, impone la Medalla José Tey a Idalmis Bárzaga. Foto/Rafael Martínez Arias

Varios son los reconocimientos otorgados a  Idalmis, por ejemplo, mejor trabajadora, trabajadora ejemplar, distinción por la Educación Cubana y la Medalla José Tey, otorgada por el Consejo  de Estado de la República de Cuba, que lefue impuesta la víspera en el acto central en Granma por el Día del educador, hoy 22 de diciembre.

La Máster en Ciencias de la Educación hace siete años, y  desde 2005 metodóloga de Cuadros de la Dirección provincial de Educación en Granma, asegura que si se le planteara  volver a estar frente a alumnos, lo haría “con todo el deseo del mundo.

“En más de una ocasión he pensado que en algún momento quiero volver. Porque el aula me llena, me completa, me hace grande… me hace a mi misma”.

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