El cierre victorioso de un heroico sacrificio

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Por Agencia Cubana de Noticias (ACN) | 21 diciembre, 2016 |
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En 1988 se sintetizaron años de dura y porfiada lucha en el terreno
militar, y también diplomático, para preservar la independencia de Angola desde su proclamación a fines de 1975 por el Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA).
Miles de internacionalistas cubanos desempeñaron un rol decisivo en toda esa larga etapa en apoyo a las fuerzas populares (FAPLA), para enfrentar a bandas internas que pretendían propiciar un nuevo colonialismo, sostenidas por Estados Unidos, Sudáfrica, Israel y mercenarios occidentales, fundamentalmente.

Pero cuantas gestiones diplomáticas se pusieron sobre el tapete en las
década de los ’80, del pasado siglo,  para terminar el conflicto chocaba
con los intereses estadounidenses y de los racistas sudafricanos, quienes pretendían ignorar la posición de Cuba en las gestiones y devolver a Angola a un status oprobioso.

La situación, puede decirse, llegó a su clímax a fines de 1987, cuando
las tropas angolanas fracasaron en su intento de liquidar al proccidental
movimiento UNITA y Sudáfrica se dispuso a asestar un golpe fulminante.

El revés de los sudafricanos infligido por las fuerzas combinadas de
Angola, Cuba y los independentistas de Namibia en marzo de 1988 resultó el punto final de los duros y complejos años de lucha desde 1975.

“El contingente de tropas que concentró Fidel Castro, líder la de
Revolución Cubana, en la dirección principal del conflicto, sur-oeste de
Angola, rumbo a Namibia, fue lo que selló a favor de los africanos los
llamados Acuerdos Tripartitos”, dijo a la ACN el periodista e investigador
del conflicto Milton Díaz Cánter.

Así fue. El 22 de diciembre de 1988, en la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York, las tres partes principales involucradas en la guerra en el
terreno militar, firmaron el cierre definitivo de las operaciones, que
conllevó seguidamente la independencia de Namibia y la desaparición del oprobioso sistema de apartheid (segregación racial) en Sudáfrica.

El desaparecido dirigente revolucionacio Jorge Risquet, quien encabezó la delegación cubana a aquella rúbrica, expresó en una ocasión:
“La presencia cubana en esta ceremonia de Nueva York, como signataria de los Acuerdos y miembro de derecho pleno, junto a los hermanos angolanos, en las negociaciones que transcurrieron durante todo el año 1988, mostraba el reflejo de los éxitos militares que las tropas de Cuba, Angola y la SWAPO (Organización del Pueblo de África del Sudoccidental, la resistencia namibia) habían logrado en el campo de batalla y de la posición firme de nuestro país, que compartía el Gobierno de Luanda, rechazando la pretensión norteamericana de que fuéramos excluidos de unas discusiones donde uno de los temas debatidos se refería a las tropas internacionalistas cubanas.”

Para el colega Díaz Cánter lo que aquel día se firmó en Nueva York era,
después de la derrota del fascismo, “el otro gran acontecimiento de la
Humanidad, en el Siglo XX, y fue el desmontaje del apartheid, como sistema de ‘organización’ social. La población negra de Sudáfrica logró la dignidad humana.”

Con el cierre en mayo de 1991 de la Operación Carlota, nombre dado a la misión militar cubana en el país africano, con la retirada del último
grupo militar, y la repatriación antes, en 1989, de los restos mortales de
más de dos mil internacionalistas cubanos, la nación antillana culminó
una de las páginas más hermosa, sacrificada y heroica llevada adelante por todo un pueblo.

Cuando el General de Ejército Raúl Castro, entonces Ministro de las
Fuerzas Armadas Revolucionarias, anunció la terminación de la Operación Carlota, ratificó: “La gloria y el mérito supremo pertenecen al pueblo cubano, protagonista verdadero de esa epopeya que corresponderá a la historia aquilatar en su más profunda y perdurable trascendencia.”

Son hechos que no se pueden olvidar. (Por Lucilo Tejera Díaz, ACN)

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