“El deporte no admite jubilación”

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Por Leonardo Leyva Paneque | 7 junio, 2016 |
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Pedro Hernán Pérez Escalona / Foto Luis Carlos Palacios Leyva
Pedro Hernán Pérez Escalona / Foto Luis Carlos Palacios Leyva

Quizás fue la influencia de su padre, por demás jugador de fútbol, la que despertó esa pasión infinita por el deporte en Pedro Hernán Escalona Pérez. Desde muy joven, allá por 1959, decidió vincularse al movimiento atlético en su natal Niquero, del que aún no ha podido separarse.

Por supuesto, lo hizo como activista del balompié y del primer equipo que hubo en el territorio cuando la disciplina apenas tenía arraigo, “aunque había otro de béisbol”, comenta.

En ese ajetreo constante, el 23 de febrero de 1961, surge el Inder (Instituto Nacional de Deporte, Educación Física y Recreación), del cual fue uno de sus fundadores: “Resultó ser una etapa muy hermosa. En cualquier evento estaba Fidel, en la primera reunión que hizo en La Habana dijo que el deporte tenía que llegar a todos los rincones, de Este a Oeste y de Norte a Sur”, rememora.

En medio de tantas vivencias que lo obligan a remontarse al pasado, Pérez Escalona no olvida aquel viaje que hizo a la capital del país, donde fue escogido para realizar el perfeccionamiento en la antigua Alemania socilaista, “y regresé como entrenador a San Juan y Martínez (Pinar del Río), donde estuve tres años”.

Pero su terruño lo aclamaba, sabía que era allí donde iba a estar más cómodo y se sentiría más útil; “además era el primer entrenador de Niquero”, añade, sin poder ocultar el enorme orgullo que lo invade, como también el combinado deportivo que lleva su nombre en la cabecera municipal.

“Comencé a trabajar con los niños que se iniciaban en la práctica del fútbol, en 1964, ya de una manera profesional, antes lo hacía voluntario. También laboré en Jiguaní, Manzanillo, Bayamo, Pilón y en Media Luna, y con en el equipo de fútbol de Granma por mucho tiempo”, expone.

De la misma manera, Pedro Hernán ayudó a forjar generaciones enteras de profesionales. Por eso, le resulta imposible disimular el privilegio que siente: “Al cabo de mis 73 años, que lindo recibir el saludo de quienes fueron mis alumnos, hoy son dirigentes o entrenadores”, apunta.

“Esta época también tiene su encanto, los entrenamientos son más sofisticados”, acota, antes de reconocer que “el deporte entusiasma y entretiene, da bríos, da fuerza, da deseos de vivir…”.

Para nada pretende este niquereño alejarse de sus funciones, aunque ya no sea igual que hace un tiempo atrás, sobre todo, porque “asumí un compromiso con el pueblo, si me mandaron a estudiar fuera de Cuba, fue por él. Nunca va a tener resultados el hombre que no vea que está trabajando para el pueblo”, asegura.

Por eso, afirma con total seguridad que ama al deporte, “y si vuelvo a nacer, también lo amaría. Nunca me voy a jubilar. El deporte no admite jubilación”, concluye.

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