El “dominosero” cubano

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Por Luis Carlos Frómeta Agüero | 15 octubre, 2020 |
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Eran las dos de la madrugada y el barrio mostraba aparente silencio. Unos sentados y otros de pie testificaban el desarrollo del juego, cuando el doble seis rechinó sobre el tablero:

-¡Capicúa por las dos cabezas!- gritó el vencedor a toda voz.

Caricatura Laizán

Las crónicas de entonces refieren que algo similar le sucedió a la anciana Juana Marín, la noche del 12 marzo de 1925, cuando en el momento crucial, “pasó con ficha” y murió sujetando en la mano el doble tres.

Cuentan que a petición de sus familiares, la referida pieza devino lápida de mármol blanco y negro, conocida en el cementerio de Colón como la tumba del dominó, homenaje póstumo a la referida canaria, radicada en La Habana

A ciencia cierta, nadie conoce cómo y por donde le entró el agua al coco, digo, llegó el dominó a Cuba, pero casi todos sabemos que el referido juego de mesa, integra la ciencia del entretenimiento, constituye “el segundo deporte nacional”, junto a las colas del agro, y sin lugar a dudas, es tremendo vacilón.

Unos dicen que desde épocas remotas fue muy conocido en las culturas china, árabe, egipcia, hebrea, griega…y aunque el nombre del juego es de origen francés, fueron los conquistadores españoles quienes lo trajeron hasta la tierra más hermosa que ojos humanos vieron.

Otros aseveran que el juego fue Inventado por un estadista chino en el año 1120 (a.n.e), mientras algunos estudiosos de la materia afirman: “el verdadero padre de esta idea era mudo”, tal vez por esa razón y en su honor, ahora está disponible a través de Dominó Cubano online de Playspace.

Me parece muy interesante esta variante lógica porque… ¿a quién mandarías a callar en medio de un partido en el que cada “dominosero” exalta su personalidad, como mejor le parezca?

Ellos prefieren las esquinas para plantar la mesita o el cartón, gustan de sonar la ficha, discutir de pelota, empinar el codo de vez en vez, multiplicar el chisme del momento, sugerir cómo llegar a fin de mes, cuando las variantes alimentarías y económicas se agotaron semanas antes y hasta para lanzar sus indirectas personales:

-Oye Pancho,¿ te regañó mucho tu mujer anoche por quedarte a jugar la partida de dominó?

-¡No…!,¡que va!,de todas formas los cinco dientes me los tenia que sacar.

Esta gran pasión del pueblo cubano es fiel exponente de nuestra cultura popular, deviene entretenimiento referencial en el barrio, en los campamentos cañeros, en la escuela al campo… siempre con fisonomía y fraseología propias de nuestra idiosincrasia.

Resulta normal escuchar entonces expresiones definitorias del gracejo cubano: Blanquizal de Jaruco (doble blanco), ¡Trío Matamoros! o Tribilín (el tres), sin comer no se puede vivir o la monja; (el cinco), la caja e’ muerto (doble seis) Ochún, Ochoa, Octavio (el ocho)…

Deporte para unos, entretenimiento para otros, el dominó constituye la práctica nacional de la lógica más generalizada entre los cubanos, cuyos aportes, al léxico hogareño, también proliferan como una constante tras lanzar la ficha sobre la mesa en plena madrugada:

-¡Por favor, caballeros!, son las dos de la mañana y ahorita hay que trabajar…

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