El héroe y la Guerra del 68´ (+ video)

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Por Aldo Daniel Naranjo (Historiador) | 17 febrero, 2018 |
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Cuadro de Perucho Figueredo, ubicado en la Casa de la Nacionalidad, de Bayamo.

El 6 de noviembre de 1868, Perucho Figueredo publicó en el periódico El Cubano Libre un artículo, en el cual se calificaba de conspirador privado y público contra el colonialismo español.

Pronto el conde Valmaseda reunió dos mil soldados, y se dirigió a reconquistar Bayamo. Los rebeldes, menos y peor armados, decidieron abandonar la ciudad, que fue incendiada por sus habitantes para que no cayera en manos españolas, el 12 de enero de 1869.

Inician las actividades por el bicentenario de Perucho Figueredo

Bicentenario de Perucho Figueredo, hoy en la Mesa Redonda

Bicentenario de Perucho Figueredo, hoy en la Mesa Redonda

Publicado por La Demajagua en viernes, 16 de febrero de 2018

Perucho Figueredo  dio el ejemplo personal. Metió todos sus papeles en sus dos pianos, los rodeó de sus muebles, les echó arriba la ropa de su familia, y le prendió fuego a todo. El dinero y otros papeles de propiedades que no pudo llevar consigo, los escondió en un lugar secreto junto a su mujer y un esclavo de confianza.

Los bayameses se dispersaron por las lomas de la Sierra Maestra, la familia de Perucho se refugió durante 18 meses en las propiedades de Luis Figueredo, un primo de Perucho, por los bosques de Jobabo, en Las Tunas.

Los días 10 y 11 de abril sesionó en el poblado de Guáimaro un Congreso Constituyente, produciéndose la división de los poderes clásicos.  El 12 se aprobó la elección del poder Ejecutivo, recayendo la presidencia en Carlos Manuel de Céspedes. Este primer gabinete lo integraron Francisco Vicente Aguilera, como secretario de la Guerra, y Perucho Figueredo, subsecretario de este ramo.

En febrero de 1870 al renunciar Aguilera a su puesto, Figueredo pasó a ser el secretario interno de la Guerra.

Muerte

El 18 de junio de 1870, españoles atacaron el campamento de Luis Figueredo en El Mijial, donde estaba escondida la familia de Perucho, que se fugó al bosque. Le mandaron un aviso a Luis Tamayo.

Después marcharon a la finca de Santa Rosa, en la zona de Cabaiguán, en el sur tunero. Pero Perucho recibió el aviso tarde y no sabía dónde estaba su familia. Logran reunirse de nuevo solo el 3 de agosto y su mujer Isabel se horroriza al verlo. Perucho estaba enfermo de fiebre tifoidea y sus pies destrozados con úlceras.

El 10 de agosto Perucho empeoró, y su mujer Isabel, desesperada, le pidió ayuda al viejo soldado Luis Tamayo, quien anteriormente había servido bajo el mando de Perucho. Pero este fue capturado por una patrulla española y llevado al teniente coronel  español Francisco Cañizal. En el interrogatorio Tamayo traiciona, y le cuenta a los españoles dónde está el patriota, y se ofrece de guía.

El 12 de agosto de 1870 los españoles, guiados por Tamayo, rodean y entran a Santa Rosa, que no tenía defensas, y hacen prisionero a su mujer Isabel  y a sus hijos Eulalia, Blanca, Elisa, Isabel, Piedad, Pedrito, y María Esther.

Perucho ordena al resto que escape y  que lo dejen solo, pero su hijo Gustavo, junto a Carlos Manuel y Ricardo de Céspedes (hijos de Carlos Manuel de Céspedes) lo cargan y esconden en el bosque, al cuidado de su hija Candelaria y el sirviente Severino.

En un momento en que Candelaria y Severino se habían apartado, los españoles aparecieron e intentaron capturarlo. Este se defendió con su revólver, y agotada las municiones intentó suicidarse con su espada. Pero estaba muy débil, no lo logró, y los enemigos lo redujeron. Amarrado, fue enviado en un caballo a Jobabo, donde estaba su familia capturada.

De ahí fue enviado a la cañonera Alerta, en Manzanillo, y luego traspasado al a Astuto, que lo traslada a Santiago de Cuba. Aquí, Perucho fue acusado por un tribunal militar de “traición”, pidiéndole la condena de muerte.

El patricio bayamés se enfrentó valientemente al tribunal, dispuesto a morir por la patria. Al día siguiente lo despertaron y exigieron que caminara al lugar de la ejecución, un matadero de animales. Perucho protestó, porque muy enfermo, débil y con llagas, no podía caminar, y pidió algún sostén. Los españoles se burlaron diciendo que con gusto ofrecerían al líder independentista un asno. Perucho aceptó diciendo: “No es el primer redentor que cabalga sobre un asno”.

Así, el 17 de agosto de 1870, Perucho Figueredo fue fusilado, junto a otros dos patriotas, Rodrigo Tamayo y su hijo Ignacio, en Santiago de Cuba. Enfrentó la muerte como un digno revolucionario, y sus últimas palabras fueron: “Morir por la Patria es Vivir”. Fue enterrado en una fosa común, en lugar desconocido.

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