El nuevo frente de combate de un héroe de Cangamba (+ fotos y audios)

Share Button
Por Orlando Fombellida Claro | 26 mayo, 2020 |
1
Fidencio González Peraza FOTO/Luis C., Palacios Leyva

Desde muy cerca de la estatua de José Martí situada en la rotonda que se encuentra en el reparto Antonio Guiteras, en Bayamo, salieron el 4 de abril de este año 2020 veinticinco profesionales granmenses de la Salud, para incorporarse a una brigada del contingente Henry Reeve que días más tarde marchó a combatir la Covid-19 en la República Popular de Angola.

Conocer esa noticia le recordó, una vez más, al coronel (r) Fidencio Eugenio González Peraza, su estancia en dicha nación africana, en la que vivió una experiencia que lo marcó de manera significativa para el resto de su vida, aunque en los momentos en que ocurrió la vio, asegura, como algo normal.

Los médicos, enfermeros, estudiantes de medicina y todos los que combaten la pandemia causada por el nuevo coronavirus Sars-coV-2 “son un ejército tan importante como las Fuerzas Armadas”, asegura González Peraza.

Un diálogo de periodistas granmenses con él, a propuesta de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana en Granma, deriva de manera inevitable hacia la batalla en la cual fue uno de los protagonistas.

Al cabo de dos meses de sostenido hostigamiento, fuerzas de la Unión Nacional para Independencia Total de Angola (UNITA) inician a principios de agosto de 1983 una ofensiva contra la aldea de Cangamba, en Angola, con el propósito de tomar esa posición que les facilitaría la posterior ocupación de la ciudad de Luena, en la cual Jonas Sabimbi tenía previsto proclamar su República Negra.

FOTO/Rafael Martínez Arias

“El plan de ellos es tomar aquello, hacer prisioneros a los ochenta y dos cubanos que hay allí y llevárselos para hacer el intento de obligar a Cuba a negociar directamente con la UNITA, sin la participación del gobierno angolano”,  señaló  el actual General de Cuerpo de Ejército y ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, Leopoldo Cintra Frías.

Según documentos consultados el lugar era defendido por una agrupación formada por alrededor de 818 efectivos de las Fuerzas Armadas Populares de Liberación de Angola (FAPLA) y 82 asesores cubanos, que no poseían armas antiaéreas ni artillería pesada, por tratarse de una fuerza ligera de lucha contra bandidos, sobre la cual cayó un arsenal de fuego compuesto por 16 batallones irregulares, seis baterías de artillería, morteros de 60, 81 y 120 milímetros y cohetes tierra-aire.

La arremetida duró diez días y llegó un momento en que los sitiados quedaron concentrados en el reducido espacio de 150 metros de largo por 50 de ancho. Al frente de la tropa se encontraba el oficial de las FAR Fidencio González Peraza, quien ya había cumplido la misión militar en el país africano y se preparaba para regresar a su patria.

“Yo había entregado el mando –cuenta Peraza- hacía un mes, pero cuando la situación se pone tensa lo reasumí. El reglamento dice que en esas circunstancias asume el que más responsabilidad tiene.”

La actitud de aquel grupo de hombres, entre ellos 18 jóvenes del Servicio Militar, fue heroica. Resistieron la embestida de fuerzas superiores en número y armas, la escasez de agua y comida hasta la llegada de refuerzos que provocó un giro en la situación.

VEÍA DOBLE

Cuenta Peraza –así le dicen los conocidos- que nació hace 81 años en el barrio San Esteban, en Bayamo, en casa toda de guano y piso de tierra, su mamá era ama de casa y su padre trabajador agrícola.  Es, precisa, uno de los menores entre ocho hermanos.

“Éramos pobres de andar descalzos. No es que yo lo diga, todo el barrio sabe que dentro de todas las familias pobres de San Esteban, la nuestra era de las que vivía en la mayor miseria.

“Muchas veces por la tarde en la casa no se comía. Recuerdo que mi abuela era especialista en elaborar verdolaga. La hervía, luego, si había huevo le echaba y la pasaba por manteca. El hambre hacía que me gustara aquello”.

Durante la batalla de Cangamba volvió a sentir hambre al punto de ver doble los objetos. “Realizábamos una sola comida al día, que a veces era una cucharada de arroz y otra de azúcar, añadiéndole una mandarina de dos matas que había allí cargadas de frutas pero ningún combatiente iba a coger por su cuenta, había mucha disciplina consciente”.

Añade que el agua era distribuida a razón de la contenida en una tapa de cantimplora, dándole prioridad a los heridos y enfermos.

“Cerca de donde estábamos había una ciénaga llorona, lo que tenía era fango, por las noches combatientes angolanos iban y traían (lodo) en sacos, lo filtrábamos a través de tela de gasa y el poquito de agua que salía la tomábamos. También había unas matas de plátano y a un compañero se le ocurrió cortarlas en trozos y distribuirlos para saciar la sed”.

JUNTO A LOS MUERTOS

Peraza rememora que en una ocasión, al regresar de una reunión del mando y la dirección del Núcleo del Partido Comunista de Cuba, es sorprendido por un violento ataque enemigo, por lo que entra al refugio donde estaban los cadáveres de los caídos en combate, acostándose a su lado. “Al mirarlos me dio por pensar que sus familiares y los míos no se imaginaban aquella escena”.

“Un día me puse a recordar a los muchachos míos que han caído, cubanos y no cubanos, y comencé a llorar, solito en mi casa”.

EL PEOR MOMENTO

Alguien pregunta a Peraza si recuerda algún otro acontecimiento en que sintió cercana la posibilidad de perder la vida.

“Un día –narra- íbamos en un AN-26 a cuatro mil pies de altura y el enemigo nos disparó un cohete antiaéreo que impactó la nave y dañó el motor. Hubo siete heridos dentro del avión, el cual estuvo ardiendo 10 minutos en el aire.

“Llevábamos como nueve enfermos, la mayoría heridos por minas, entre ellos una muchacha angolana que la había desgarrado un león de esos que aparecen en películas. Volaron una o dos ventanas del avión, que tendía a bajar, no tenía potencia para trepar y nos quedaban 20 minutos de vuelo.

“Al llegar al aeropuerto de Luena el piloto trató de sacar el tren de aterrizaje y no salió. Dio una, dos, tres vueltas y nada; aquello era terrible, la decisión ya era tirarse de panza cuando por medios mecánicos lograron sacar las ruedas. Esa situación es tan difícil que usted se queda como está, como si fuera una momia.

“Cuando el avión deja de arder todo el personal quería venir para la cabina, entonces me atravieso en el pasillo y llamo al orden, como conozco un poco el portugués ordené que fueran a su lugar, Los enfermos se bajaron más rápido que los sanos.”

PLOMO EN EL CUERPO

Peraza lleva en su cuerpo un proyectil, alojado entre la columna vertebral y un riñón, pero no lo recibió en Cangamba, sino en Baracoa mientras combatía a alzados contra la Revolución Cubana. Nunca ha querido que se lo remuevan, lo lleva como trofeo.


Fidel condecora a Fidencio González Peraza con el título de Héroe de la República de Cuba FOTO/Autor desconocido
HÉROE

Convocado por el jefe del Ejército Oriental en ese momento, Ramón Espinosa, Peraza se presenta, acompañado por su esposa Belkis Pérez Barrero, en Santiago de Cuba el 1 de enero de 1989, con un viejo uniforme, sin saber que era para condecorarlo con el título honorífico de Héroe de la República de Cuba, problema solucionado mediante el intercambio de chaqueta y gorra con un integrante de la Banda de Música presente en la ceremonia.

También llegué allá –dice- pelú y despeina`o, pedí un peine y cuando terminé de peinarme me llevaron asi mismo para donde estaba el Comandante en Jefe, quien al pararse frente a mí me pone una mano en un hombro y dice:-¿Te acuerdas de los días aquellos de Cangamba, que no dormíamos? -Sí Comandante me recuerdo –le contesté –entonces añade: – Ahora tú eres el hombre más feliz del mundo –y me abrazó.

Fidencio González Peraza ahora es campesino FOTO/Dilbert Reyes
EL NUEVO FRENTE

Tras pasar a retiro y desempeñar responsabilidades en la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, Fidencio González Peraza se dedica a la crianza de cerdos y cultivo de caña de azúcar, convencido de que la producción de alimentos es su frente de combate actual, pero está listo para empuñar el fusil si es necesario.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *