El otro Benítez

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Por Leonardo Leyva Paneque | 15 junio, 2020 |
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FOTO Omar Moreno Suárez

Bastaría con referirse a las series 56 y 57, para que Carlos Benítez Pérez se remonte a los mejores momentos que ha vivido en el béisbol, “no los tuve yo solo, también mis compañeros y la provincia”, afirma.

Su reacción resulta más que entendible, porque aún retumban el par de campeonatos que ganó, junto a los Alazanes y bajo el mando de Carlos Martí Santos, luego de muchos años de espera.

Con oportunos batazos y acertados fildeos alrededor del segundo cojín, el yarense se erigió entre los principales protagonistas en una causa, que parecía perdida.

De hecho, considera que su destacado desempeño en la obtención de esos dos títulos, lo ayudó a hacer el equipo Cuba, “si los granmenses no clasifican, no los ven por televisión, eso también influye”, agrega.

Sin embargo, después de integrar varias selecciones nacionales, resultó excluido de la convocatoria que se alistaría rumbo al torneo preolímpico de las Américas: “Fue un golpe muy duro, llevaba varios años con buenos resultados”, comenta, de lo que ni quisiera acordarse.

-¿Qué pasaba por tu mente?

-Muchas cosas. Le había dicho a mi esposa que, cuando dejara de ser integrante del equipo nacional, mi carrera como deportista llegaría a su final, que no jugaría más pelota.

“Al pasar el tiempo, me fui relajando, se me acercó mucha gente, sugiriendo que debía seguir y demostrar que todavía tengo calidad para formar parte de las preselecciones.

“También Carlos Martí habló conmigo, que los muchachos me miraban y era un ejemplo para ellos, por mi experiencia como jugador”.

Incluso, considera que esa decisión incidió en su rendimiento como refuerzo de Las Tunas, durante la segunda fase de la 59 Serie nacional, “avanzamos a los play off, una etapa diferente, y fui el mejor bateador de los Leñadores y, cuando terminaron, pensé que me iban a tener en cuenta, pero tampoco fui incluido”, expone el camarero del Todos estrellas en la Serie del Caribe, de Culiacán (México 2017), que signó su debut internacional.

-¿Cuánto queda de aquel joven, que llegó a series nacionales con una parsimonia extrema?

-De ese Carlos no queda nada, he cambiado mucho, la forma de pensar, de jugar y las ambiciones; si quería llegar al equipo nacional, tenía que ser otro; además, comencé a exigirme mucho más.

-¿Crees en la posibilidad de una tercera corona para los Alazanes?

-Podemos volver a discutir un título y ganarlo. Aunque las contrataciones debilitan a los conjuntos y Granma es uno de los más golpeados, pero tengo la esperanza.

“La generación de nosotros se irá al mismo tiempo, vienen muchachos con talento y, aunque les falta, nos pueden ayudar, para darle otro alegrón a la provincia”.

En su memoria aún están frescos los inicios en la pelota, bajo la guía de unos entrenadores de Veguitas, “pero también me gustaba el fútbol”, aclara.

Era tanta la pasión que sentía por el deporte de las multitudes, que antes de matricular en La Eide tuvo que decidir, “me llegaron dos boletas, mi mamá influyó mucho y dijo que si no era en béisbol no me iba. Así comencé mi carrera como pelotero”.

-Los entrenadores

-Tuve muy buenos en la Eide, como Alfredo Montero, y en la Espa a Ángel Ortega, que aún me aconseja mucho.

-¿Y Carlos Martí?

-Con él tengo muy buena amistad, entre nosotros no habido ni un sí ni un no, él me respeta como atleta y yo como entrenador.

Benítez suele ir con frecuencia a Yara, donde comenzó a entender la vida y, de paso, a descubrir los misterios de un deporte, al que le debe casi todo, alegrías y tristezas, triunfos y derrotas.

En cada encuentro con su terruño no olvida a los amigos de la infancia, con los que desde pequeño jugaba fútbol y todavía recuerda el regaño, “oye te vas a partir un pie”.

FOTO Luis Carlos Palacios Leyva

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