El sol tremendo de Bayamo (+ video)

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Por Osviel Castro Medel | 7 noviembre, 2017 |
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FOTO/ Rafael Martínez Arias

Han pasado 504 años. Y ella está ahí, camino a otro aniversario “cerrado” con todas sus parábolas. Tal vez no deberíamos hacer mucho hincapié en la fecha que recuerda la sombra colonizadora, pero es que Bayamo ha triplicado con su historia cualquier marca del calendario.  

No ha dejado, en todo este tiempo, de emanar sus fuegos; no solo los de la quema gloriosa y asombrosa que la redujo a vigas llameantes e hizo decir a los españoles: ¡están locos!, también los de la primera canción trovadoresca y romántica, los del primer Himno, los del primer Gobierno Revolucionario, los de la primera Plaza de la Revolución, los de la primera ciudad libre…

Estatuas vivientes en Bayamo

La compañía Renacimiento, que surgió como iniciativa de la Oficina del Historiador de la Ciudad de Matanzas y tiene como base las estatuas en movimiento, regaló a la villa San Salvador de Bayamo por su aniversario 504 la obra Sublevación.

Publicado por La Demajagua en Lunes, 6 de noviembre de 2017

No ha dejado desde entonces de recitar en alta voz los poemas de Zenea, fusilado y nunca bien estudiado; o los versos de Palma, reclutador de Máximo Gómez en El Dátil.

Ahora, cuando la ciudad va en su ruta a otro 5 de noviembre, sale a relucir el piano de Perucho, incinerado por él mismo en ese incendio de enero. Sale a relucir toda la grandeza de aquella generación, que dejó los espacios señoriales dejó los espacios señoriales para irse a vivir debajo de las palmas y a cocinar entre sonidos de grillos y sinsontes por aspirar a la libertad.

En este momento, mientras evoco a

Maceo Osorio, Aguilera, Rosa La Bayamesa, Adriana del Castillo, Luz Vázquez… el mismísimo Carlos Manuel, padre, patricio y primogénito, reafirmo que la Ciudad Cuna no es pretérito; es también campanada actual para otros sitios que quedaron dormidos en olvidos; es imperfección de calles en Manopla, «Jabaquito» o «Cajiga», que acentúa lo mucho que le falta todavía por crecer; es el paseo de General García abarrotado o en calma, y la cera hecha vida y personaje en un museo único en Cuba.

Bayamo es el ajedrez en los corredores, un parque museo antes cuartel, el helado cremoso aunque con inconstancias, la rosquita y el casabe ocasional, el piano bar…

Es la nacionalidad verdadera, un altar, un coro que se ufana de su profesión; cuna de juglares; el coche con su típico sonido, una plaza que tiene nombre de nación, es el símbolo que se lleva en la garganta, la mujer más bella de esta tierra con sus vaivenes; es la gente hecha orgullo sano, humildad, palabra, ternura y Sol.

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