El trío que lo dio todo por Granma

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Por Leonardo Leyva Paneque | 28 marzo, 2017 |
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De izquierda de derecha, Santiago Valerio, Pablo y Víctor / Foto Luis Carlos Palacios Leyva

Que suerte la del 4 de marzo último para quienes -como yo- no habían coincidido con los Bejerano, a quienes todavía se les recuerda por el aporte y el realce que dieron al mayor pasatiempo de los cubanos en esta región del archipiélago.

Después de varios años alejados del deporte activo, Víctor, Pablo y Santiago Valerio convinieron en un terreno de béisbol. Allí, en el estadio Pablito Ríos Rincón, de Bartolomé Masó, sede del Juego de las estrellas de la 41 Serie provincial, fueron reconocidos por hacer más rica la historia de la pelota en Granma.

Ellos formaron parte -junto a otras luminarias- de aquella generación que inició el camino. Por eso el homenaje, fueron iniciadores de una obra coronada el 22 de enero pasado cuando los Alazanes alcanzaron el impensado título de nuestros clásicos nacionales.

“El triunfo fue un acontecimiento y me alegro de que aquí no se haya perdido la fe de ganar un campeonato”, refiere Santiago Valerio, quien no puede evitar remontarse a aquellas temporadas que, junto a la afición y sus compañeros, soñó con el anhelado éxito.

“Estamos contentos con que Carlos Martí lo lograra, porque los 16 años que jugué no conocí a otro entrenador”, relata Pablo, y recuerda que “lo dimos todo por Granma y quisimos hacerlo mejor, pero no lo conseguimos.

“Nos exigíamos bastante, pero solo llegamos a un meritorio tercer lugar”, rememora sobre lo que transcendió como la mejor actuación histórica de selecciones granmenses, que databa de 1989 (en la serie 28).

Sin pretender menospreciar la actuación de sus coterráneos en la 56 Serie nacional, Santiago Valerio reconoce la diferencia de las dos épocas: “Los play off de antes tenían más calidad”.

Inevitablemente y por algunos minutos, las batallas contra Santiago de Cuba centraron la conversación. “No creo que haya sido la piedra atravesada en el camino, nunca nos convencimos de que podíamos ganar”, expone Víctor.

“Teníamos equipo para eso, independientemente del nivel de aquellos conjuntos santiagueros, al igual que Industriales, Pinar del Río o Villa Clara”, agrega como afirmando que fue una deuda que no pudieron saldar.

Aún así lo intentó una y otra vez. Porque después de retirado retornó con el único propósito de coronarse. “Por eso regresé, luego de haberme ido. Siempre quise ser campeón con Granma”.

Sin embargo, Víctor está consciente de lo que representa el título para la pelota granmense: “Todavía lo disfruto, se buscó por muchos años. Es el resultado de una ardua labor que se comenzó hace tiempo”, acota, aunque advierte que “lo más importante viene ahora, hay que esforzarse más, siempre quedan detalles por pulir”.

Ellos se sienten parte del éxito de la pelota aquí. A ese bien llamado Trío de la preocupación siempre habrá que recordarlo: “Como lo que fuimos y lo que somos, como gente sencilla y que sigue aportando al desarrollo del béisbol”, revela Pablo.

Y a Santiago Valerio, “como un muchacho que salió del barrio jugando con pelotica de trapo, aquel Yeyo humilde y tranquilo que, al convertirse en pelotero, lo dio todo por esta camiseta”.

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  1. Mi saludos a ese trío de hombres que lo dieron todo por amor al béisbol, sin dudas de lo mejor que ha tenido Granma entre sus filas en las series nacionales, mis saludos y felicitaciones!!!!

  2. Los fanáticos Campechueleros, le decían cariñosamente, la tanda negra, sus turnos al bate eran uno detrás del otro, metían miedo, Pablo y Victor son hermanos y ellos y Valerio, son primos, este último tiene un hermano llamado Mario que también era una estrella, pero se fue para la liga azucarera porque tenía mejores opciones económicas y no tenía base en el equipo Campechula, ocupada por sus parientes.

  3. Buen comentario,honor a quien honor merecen,fueron tres estrellas de la pelota cubana,temibles como al leopardo,buenos peloteros pero tambien buenas personas con caracter afables,respetuosos sin perder la osadía del cubano.Ejemplo de atletas y entraga a su terruño.
    Seguro estoy muchos seguiran sus ejemplo dentro y fuera del terreno.