Elogio a los príncipes

Share Button
Por Osviel Castro Medel | 15 julio, 2018 |
0
FOTO/ Rafael Martínez Arias

Cuando la travesura se desboca por un camino de risas, allí están ellos para mostrarnos que sin sus diabluras el mundo sería demasiado monótono o aburrido, una verdadera pesadilla.

Cuando hace falta encontrar la verdad sobre asuntos que sonrojan a los adultos, preguntémosles a esos duendes, amantes de la sinceridad más grande, descubridores de los yerros que a veces llevamos a la vida cotidiana.

Cuando la ternura quiere buscarse un pedestal sin artificios busca las líneas que surcan las palmas de sus manos, que en ellas existen afectos hondos, ríos de delicadeza e inocencias colosales, imposibles de describir en estos párrafos.

Cuando haya que ponerle alas a la imaginación, desembarquemos en sus juegos diarios y nos sorprenderán con escenas en las cuales el mar puede doblar por la cocina, un arcoíris se ha de llevar en un bolsillo y un león es capaz de traer una montura. Nadie ha podido nunca pintar completa el alma de los niños, porque son los príncipes del asombro, que no caben en una oda a la alegría ni en la fiesta preparada para el tercer domingo de julio, muchos menos en homenajes con pompa o protocolo.

Ellos sobrepasan todo; están por encima del verso y las lecciones, de la montaña y los papeles, de los cuentos y las melodías.

Los niños son quienes más cantan a la felicidad, los únicos que consiguen saltar y atrapar estrellas, los más flechados por el pez y el chocolate; los locos más cuerdos de este planeta, los que logran hacernos reír con palabras disparatadas, los primeros en demostrarnos cuánta fuerza y maravilla habitan dentro del amor.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *