Empresa Agropecuaria de Jiguaní: Resurgir desde el carbón

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Por Sara Sariol Sosa | 1 noviembre, 2017 |
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FOTO/ Luis Carlos Palacios

Algunos años atrás, la actual Empresa agropecuaria de Jiguaní, era una pequeña cultivadora de cítricos (monocultivo en 400 hectáreas), a la cual se integraban solo una Unidad Básica de Producción Cooperativa (UBPC) y dos Cooperativas de Créditos y Servicios (CCS), y no lograba llegar siquiera al millón de pesos anuales de ingresos, aunque con cierta eficiencia.

Con tales dimensiones, cuando llegó el reordenamiento de la agricultura en el año 2000, tuvo que fusionarse -como salida para no desaparecer-, a una entidad grande, la Cauto La Yaya, que contrario a ella, estaba considerada una organización de deficiente gestión económica.

En esa última razón, al inicio de ser compactada, vivió una des suerte de hecatombe, no tenía dinero siquiera para pagar el salario de los trabajadores (poco más de 60), para lo cual a duras penas conseguía dos mil pesos mediante un sencillo punto de venta situado a orillas de la carretera que enlaza al municipio de Jiguaní, con el vecino Baire, de la provincia de Santiago de Cuba.

LA MAGIA DE LA ALTERNATIVA

La alternativa, esa mágica y probada fórmula a la cual muchos con atino se apegan, mientras otros la desaprovechan, fue la salvadora, o más bien, la conversión del maligno marabú en algo útil: carbón vegetal.

El ascenso paulatino de esta última producción (de 120 a tres mil 200 toneladas anuales) posibilitó la búsqueda de cierta suma de divisas, empleadas en transformar poco a poco la empresa, mejorar su infraestructura, y desarrollar una mini industria para asegurar nuevos y mayores ingresos.

Sobre la anterior cuenta Diosmedes Guevara Pérez, director de la agropecuaria, al principio solo eran tres piedras y un caldero para elaborar mermelada, tarea manual a la cual se dedicaban unos tres obreros.

RÍO DORADO

Al colectivo de la entidad le hubiera gustado que su pequeña e incipiente industria, se honrara con el nombre de Río de Oro, como llamaron los indígenas a la localidad jiguanisera.

Pero por similitudes con otras marcas, tuvieron que obtener la patente con otro mote, y para que fuera en algo parecido, escogieron el de Río Dorado.

Lo más importante es que, actualmente su mini industria ha conseguido alto vuelo, y con un plan de ingresos mensuales de 700 mil pesos y más de 30 elaboraciones, no solo aporta al progreso de la organización, sino a la alimentación de la población local y de Bayamo, capital del territorio.

No pocos buscan con ansias en los mercados, los dulces en conserva, refrescos, néctar, siropes, encurtidos, aliños y otros productos fabricados allí, por ser de alta calidad y precios módicos.

VIANDAS CON CARBÓN Y DULCES

A cuenta de las dos anteriores alternativas, la entidad pudo emprender el desarrollo de los cultivos varios, en definitiva, su objetivo primordial. La diversificación de cultivos conseguida, le permitió, en cinco años, elevar sus ingresos hasta más de 18 millones de pesos, según plan del 2017.

Con tal fortaleza incrementó en 300 el número de trabajadores y ascendió a un volumen productivo de 30 mil toneladas de viandas, hortalizas, granos, frutas y cítricos, a cargo de tres UBPC y 11 CCS. Entrega, además, cerca de un millón de litros de leche a la industria y a la población.

Su progresivo desenvolvimiento general facilitó, asimismo, la habilitación y aprovechamiento de las ocho máquinas de riego que en la etapa de fusión heredó esta productora, considerada ya uno de los más importantes polos productivos de la provincia.

EL QUE A BUEN ÁRBOL SE ARRIMA…

La constante búsqueda de soluciones, le ha aportado como premio a la entidad, el ser incluida en un programa nacional de cítricos, donde están cifrados nuevos anhelos de progreso.

“Nos preparamos para desarrollar un proyecto amplio en esa dirección, que incluye sembrar en siete años unas mil hectáreas de cítricos, para que rindan a los 12 años unas 30 mil toneladas”, asegura Guevara Reyes.

Con todo lo ya logrado, más este nuevo propósito, la agropecuaria Jiguaní aspira llegar al 2030 con unas cien mil toneladas de productos diversos.

A muchos ese le parecerá mucho tiempo, pero no a los integrantes de aquel colectivo, quienes han vencido momentos duros sudando fuerte las solapas de sus camisas, períodos en los cuales ganaban solo 300 pesos, cuando podían cobrarlos.

Este año, sus ingresos personales promedio, podrán estar en el orden de los 800 pesos, insuficientes aún para gratificar su tesón (por lo destinado a inversiones), pero tienen esperanzas de seguir mejorando, sustentadas no en golpes de suerte, sino en una estrategia perspectiva, a pasos, pero bien diseñada y segura.

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