Encuentro cercano a Fidel

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Por Yelandi Milanés Guardia | 13 agosto, 2015 |
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Fidel junto a bayamesas
De izquierda a derecha María Cedeño Rojas, primer teniente Idalmis Reyes Beltrán y María Midalis González Verdecia

Para María Midalis González Verdecia, Idalmis Reyes Beltrán y María Cedeño Rojas las fechas del 25 y 26 de julio del 2006 marcan eternamente uno de los momentos más trascendentales de sus vidas.

La visita a Granma en esos días del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, penúltima antes de enfermarse, constituyó el motivo ideal para que ellas conocieran de cerca e intercambiaran con el líder histórico de la Revolución cubana.

Su pertenencia al grupo de actividades especiales del Ministerio del Interior (Minint) les permitió vivir esa experiencia inigualable, la cual dejó en ellas una profunda huella, quizás matizada por la admiración y turbación que Fidel provoca en quienes tienen el raro privilegio de conocerlo personalmente.

“A pesar de no estar seguras de atenderlo, porque podía ir para otro lugar, nosotras no perdimos la fe. Sobretodo yo porque ya había materializado dos de mis tres grandes sueños: trabajar y militar en el Partido Comunista de Cuba. Solo me restaba conocerlo”, refiere María Cedeño Rojas, cocinera de la Casa Principal del Minint.

“Llegó el día 25 de julio cuando caía la tarde y desde ese momento estuve nerviosa la mayoría del tiempo, porque de él impresiona todo: Su gran tamaño, las grandes y delicadas manos, el color de su uniforme verdeolivo”, rememora María Midalis González Verdecia, gastronómica del grupo de actividades especiales.

“Su voz es impresionante, porque es suave y vigorosa a la vez. Al escucharlo te sientes cómoda, pero a veces no puedes evitar temblar”.

“Como llegó casi de noche nos correspondió prepararle la comida, en la cual le ofertamos carnero, salsa de pez perro y un arroz blanco. La comida para él fue exquisita por ello al otro día nos preguntó cómo la elaboramos y nos pidió la receta. Luego estuvo hasta tarde preparando el discurso del acto del día 26 de julio”, evoca Idalmis Reyes Beltrán, jefa de la unidad de atención a casas de visita.

Estas privilegiadas mujeres coinciden en que Fidel Castro es un hombre muy activo y de poco descanso, pues se acostó bien avanzada la madrugada del 26 de julio y despertó temprano, después de dormir escasas horas.

“El poco tiempo de sueño y el ajetreo del acto por el 26 de julio parecen haberlo cansado mucho, expresa Reyes Beltrán. Por eso después del almuerzo se quedó dormido y se acostó un momento hasta aproximadamente las tres de la tarde, cuando comenzó a redactar el discurso de Holguín, último lugar donde estaría antes de enfermarse”.

María Midalis González Verdecia recuerda: “Descansó alrededor de una hora y media y sin embargo creyó haber descansado dos horas y media. Sus acompañantes refirieron que hacía tiempo no descansaba como en esos dos días”.

Por eso María Cedeño Rojas explica: “Al quedarse dormido nos orientaron no hacer ruido. Casi ni respirábamos para no interrumpirle el sueño”.

“Al despertarse y concluir el discurso dialogó un rato con nosotras”, rememora Reyes Beltrán. “Conversamos con él sobre el menú ofrecido y hablamos sobre el cambio de equipos electrodomésticos y los beneficios de la revolución energética. Nos preguntó si eran buenos los equipos y si percibíamos menos consumo”.

Por su parte María Midalis González Verdecia refiere:

“Es un hombre muy curioso y por eso hace infinidad de interrogantes. También nos preguntó sobre la casa de visita, de la cual dijo había disfrutado su concepción natural y el confort. Le encantó la tranquilidad, el silencio y la paz allí reinantes”.

“Otro de los atractivos, según declaraciones de María Cedeño Rojas, fue el hermoso paisaje de la Sierra Maestra, el cual divisó el 26 de julio en la mañana desde la casa de visita. Al observarlo rememoró los años de lucha y combate en la Sierra Maestra”.

Antes de la despedida hubo espacio para las fotos y para la firma del libro de visitantes, en el cual la frase: ¡Maravilloso todo! Tenía que ser en Granma, resumía su gratitud y complacencia con todas las atenciones dispensadas en este heroico e histórico pueblo, donde se inició la guerra final y consolidó la fuerza rebelde.

La promesa de volver hecha por Fidel fue una inequívoca muestra de su grata estadía en suelo granmense y del buen trato dispensado por estas mujeres. Lamentablemente en su visita a la provincia de Holguín fue víctima de una repentina enfermedad que lo alejó de la presidencia y de los cargos ostentados como máxima figura política de Cuba.

Por ello al conocer la noticia ellas no pudieron evitar conmoverse y angustiarse, pero como bien dice María Cedeño Rojas: “Lo importante es que esta vivo. Todos pedimos porque siga bien de salud y nos dure mucho, sobretodo ahora, en su cercano 89 cumpleaños”.

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