Entrega de tierras: Tantas reservas como impacto social

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Por Sara Sariol Sosa | 29 julio, 2017 |
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El hecho de que, de los más de 32 mil usufructuarios de tierras, registrados hoy en la suroriental provincia de Granma, el 53 por ciento logró vincularse laboralmente por esta vía, corrobora el impacto social de esta política cubana.

Así se valoró en reciente análisis gubernamental, en el cual trascendió que, el territorio ha declarado alrededor de 59 mil hectáreas ociosas, y de estas se ha entregado el 87.4 por ciento, con solo unas seis mil 865 disponibles.

En sentido general, la provincia tiene 48 mil 248 tenentes, y 32 mil 668 son usufructuarios, a partir de varios decretos y resoluciones aprobados al respecto.

Las solicitudes hechas, amparadas en el Decreto Ley 300, exceden las nueve mil; ocho mil 95 expedientes fueron aprobados (92,1 por ciento) y 553 denegados, con independencia de los problemas presentados en la tramitación por algunas comisiones agrarias municipales.

En este último aspecto, es conveniente señalar que, aunque el proceso de evaluación y entrega se enmarca en 114 días, hay 313 expedientes fuera de término, 117 superficies por medir y 209 solicitudes en trámite de aprobación, lo cual denota persistentes problemas organizativos y falta de un correcto seguimiento por  las oficinas registradoras.

EL OTRO LADO NEGATIVO

El otro lado negativo en la implementación de esta política está en las reservas productivas de las hectáreas entregadas.

La mayor cantidad de áreas se encuentran vinculadas a la ganadería y cultivos varios, con el 38 y 21 por ciento, respectivamente. A la producción de leche y carne se dedican, gracias al usufructo, cientos de hectáreas que durante años estuvieron cubiertas de marabú.

Mas, los volúmenes productivos de esos dos renglones en la provincia son insuficientes, y las contrataciones no son siempre objetivas.

Visitas hechas a usufructuarios de esta rama por la Comisión agroalimentaria de la Asamblea provincial del Poder Popular dan cuenta que no pocos de estos, a más de dos años de haber recibido las tierras, tienen menos de la mitad en explotación y pocas cabezas de ganado, y de febrero a abril, incumplían el aporte de leche por no haber asegurado la alimentación de los animales para el período de sequía.

Es poco notable, también, la aplicación de la inseminación artificial, lo cual explica los altos índices de vacas vacías.

Subjetividades rondan, además, la producción de cultivos varios, pues amén de profundos análisis realizados en el país sobre el particular, y de un ascenso en la contratación, los usufructuarios en varios municipios entregan a Acopio solo entre el 25 y 30 por ciento de lo que producen.

El impacto del usufructo en el café, por citar otro ejemplo, igual amerita un cambio, si a pesar de haberse transformado más de siete mil hectáreas, no se han apreciado resultados productivos relevantes en las últimas cosechas.

La transformación de esos comportamientos debe partir  de un mejor accionar de las juntas y direcciones de las bases productivas, que no contratan, no evalúan de manera particular las producciones de los usufructuarios, y no exigen porque estos cumplan con el renglón para el cual recibieron las tierras, porque con otros obtienen más ganancias.

Y por supuesto, es incuestionable la responsabilidad de los tenedores, quienes han accedido a un empleo que les proporciona significativos ingresos, y en correspondencia deben proponerse ascender cualitativa y cuantitativamente en ese aporte que la economía y el pueblo requieren de ellos.

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