Estados Unidos: Trump, la derrota o el fraude

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Por Prensa Latina (PL) | 23 junio, 2020 |
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FOTO/ Autor desconocido

La Habana – Mucho se habla ahora sobre cómo avanza el proceso electoral en Estados Unidos, cuando el presidente Donald Trump puede reelegirse o ceder la Casa Blanca al aspirante demócrata Joseph Biden.
Algunos analistas estiman que el gobernante en sus últimos tuits dio señales que se prepara para lo peor, perder la Casa Blanca y esquivar varios asuntos pendientes, los cuales, incluso, lo pudieran vestir de naranja (color del uniforme de los presos) en el futuro.

Nada escapa a la mirada de los medios estadounidenses; fue noticia la increíble baja participación en el mitin electoral del presidente en Tulsa, Oklahoma, y hasta los más leídos diarios como The New York Times y The Washington Post aseguran que Trump parece tomar medidas para deslegitimar preventivamente las elecciones de noviembre.

Trump atacó el voto por correo durante meses pero sus tuits posteriores a Tulsa aceleran la teoría de la conspiración, de que los demócratas y las potencias extranjeras van a robar la elección por correo.
El ocupante de la Cas

a Blanca parece sentar las bases para cuestionar su probable derrota en noviembre, aunque algunos opinen que aún pudiera vencer si recupera posiciones con la economía, algo probable pero también dudoso.

En esa dirección, el fiscal general William Barr apoya a Trump en sus falsas predicciones de ilegitimidad, al decir a Fox News recientemente que la votación por correo “abre absolutamente las puertas al fraude”.

La realidad muestra que el voto por correo (en el que a cada votante registrado se le envía una boleta) y el voto en ausencia (en el que un votante registrado puede solicitar una boleta por correo) son sistemas realmente seguros con salvaguardas intactas para garantizar que se mantengan así.

A los opositores les gusta señalar que el voto por correo es el sistema de votación con mayor cantidad de fraude, lo cual es técnicamente cierto, pero aún así sólo resulta en un número infinitesimal de boletas fraudulentas, algo así como un pírrico  0,00006 por ciento, según estudios.

Trump sabe eso pero insiste en el mensaje y confía en sus métodos de desinformación, supresión de votantes y repetición de una mentira hasta que se mantenga y sea tomada como algo cierto.

Sobre estos comicios por llegar, Joshua Sandman, profesor de ciencias políticas en la Universidad de New Haven, que siguió el tema durante cinco décadas, es de los que piensan que Trump aún puede ganar en noviembre.

En un artículo de opinión publicado en el diario The Hill, Sandman indica que las encuestas actuales muestran que Trump va muy por detrás del exvicepresidente Joseph Biden en la carrera presidencial de 2020, “pero los sondeos actuales no son un indicador confiable para predecir el resultado de las elecciones de noviembre”.

Sadman argumenta que Trump es un populista, quien llega a los ciudadanos comunes que creen que sus intereses y preocupaciones no fueron atendidos por las instituciones gubernamentales, económicas y sociales establecidas.

Trump prometió ser la voz del hombre y la mujer olvidados, agrega. Sin embargo el populismo de Trump es un gran fraude pues nada pudiera señalarse como un logro o beneficio para los menos favorecidos.

Los mensajes y acciones populistas de Trump en el cargo se dirigen a su base leal y solidaria: los “olvidados”, la clase educada no universitaria y la clase trabajadora (especialmente en los pueblos pequeños y las zonas rurales), los cristianos evangélicos y los conservadores sociales y culturales, así como los republicanos conservadores, señala el analista pero, nada en concreto traducido en acciones de beneficio.

Asimismo, Trump trata de sembrar en la mente de sus compatriotas la existencia de fraude en todo aquello donde la decisión popular le es adversa. Ya lo dijo en 2016, cuando fue superado por Hillary Clinton en el voto popular durante la carrera por la Casa Blanca.

Recientemente, cuando en un sondeo divulgado por la cadena CNN fue vapuleado por el demócrata Joseph Biden, también consideró que eso era falso.

Desde hace más de un siglo los republicanos buscan vías para escamotear votos, recuerden los “Códigos Negros” para evitar que los negros llegaran al poder en Florida, al suprimir el derecho al voto si incurrían en pequeñas faltas judiciales, entre otras.

Ahora Trump retoma el tema y anticipa un posible fraude electoral en las elecciones 2020, aparentemente esconde intenciones que, según el Nobel de Economía Paul Krugman, pudieran llevar hasta un golpe de Estado con la colaboración de los militares. Algunos se preguntan hoy qué se oculta detrás de las palabras del gobernante de la Casa Blanca.

Desde hace meses, y ahora más con la pandemia de la Covid-19, el presidente afirma que el voto por correo acarrea riesgo de fraude, en contra de la opinión de los expertos.

Expertos dan fe de que esos procesos permiten mayor transparencia y evitan que quienes sufragan se expongan al contagio con la Covid-19.

Desde hace meses analistas políticos y medios de prensa alertan sobre el peligro que se cierne sobre lo que es presentado al mundo como un ejemplo de democracia pese a sus defectos y errores como la elección de George W. Bush al estilo de las llamadas Repúblicas bananeras. Ciertamente puede llegar la debacle el 3 de noviembre si el republicano no reconoce su derrota, la cual algunos ya anticipan.

“Estados Unidos no puede tener todas las votaciones por correo. Será la Elección Amañada más grande de la historia”, tuiteó el mandatario en mayo, olvidando que en ocasiones él usó ese sistema a la distancia en el pasado.

Trump rara vez aumentó su nivel de apoyo público y es poco probable que lo expanda, de ahí que pueda insistir en los próximos meses en la idea del dolo y cree una crisis constitucional.

Si el voto en noviembre es ajustado como puede pasar o si Trump pierde con gran margen, es casi seguro que no aceptará irse a la calle sin antes formar una tormenta, predicen expertos políticos y académicos.

Al respecto, Steven Levitsky, un politólogo de la Universidad de Harvard y coautor del libro “Cómo mueren las democracias”, declaró que “entre la posibilidad de un empate y de una crisis de salud pública, dado el nivel de polarización extrema y un presidente poco dispuesto a aceptar la derrota, estamos ante un posible choque de trenes”.

Contrario a lo que se pueda pensar, en Estados Unidos no existen mecanismos como una comisión nacional electoral independiente u otros dispositivos institucionales efectivos para resolver disputas por votaciones como en otros países, a no ser el Tribunal Supremo que ya cuando el enfrentamiento de Bush con el demócrata Al Gore en 2000 y su decisión a favor del primero, dejó un sabor amargo y puso el fraude en el tapete en el decisivo estado de Florida.

Luego de semanas de forcejeos legales, la Corte Suprema de Justicia rechazó, en un fallo dividido y polémico, los reclamos de un recuento del resultado en Florida, y el entonces vicepresidente Gore concedió la victoria a Bush por un puñado de votos. En esa época la supuesta democracia estadounidense dejó un olor fétido en el país y en el mundo.

En noviembre, lo que dirán las urnas y el voto por correo en uno o varios estados clave del país puede ser impugnado o desafiado por el aspirante a la reelección, de ahí los avisos y temores existentes sobre alguien que en su conjunto es un fraude como presidente por su demostrada incompetencia al enfrentar crisis, estiman analistas políticos.

Esto es resumido por Lawrence Douglas, un profesor de derecho en Amherst College que acaba de publicar un libro titulado Will He Go? Trump and the Looming Election Meltdown in 2020 (“¿Se irá? Trump y la amenaza de un desastre electoral en 2020”).

Citado por BBC Mundo, Douglas señaló que el sufragio por correo facilita las dudas que siembra hoy la Casa Blanca pues su recuento final siempre será demorado en relación a las boletas emitidas en las mesas de algunos estados.

Según Douglas no es inconcebible que Trump pueda parecer ganador en ciertos estados decisivos por un margen muy estrecho el 3 de noviembre. Y luego, a medida que se cuentan millones de votos por correo, su victoria podría desaparecer en los días siguientes. “Creo, alerto, que lo que está haciendo es tratar de plantear por adelantado el escenario para disputar la validez de esos votos por correo”.

En resumen, a falta de una sólida economía, con un alto índice de desempleo, lastrado por innumerables escándalos y perseguido por la incompetencia, a Trump le quedan pocas cartas por jugar, entre ellas, cantar fraude antes de que la población decida quién será el próximo presidente.

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