Estilistas de mulos

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Por Orlando Fombellida Claro y Yasel Toledo Garnache | 2 noviembre, 2015 |
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El joven Juan Alberto León es el aprendiz de Orlando Enamorado.
El joven Juan Alberto León es el aprendiz de Orlando Enamorado./Foto de Lino Valerino.

Orlando Enamorado Hernández, de 65 años de edad y residente en Buey Arriba, es un estilista singular. Cuenta que ha pelado personas, pero prefiere contribuir a la elegancia de los mulos: “Ellos también merecen estar presentables”, dice sonriente.

“Aprendí de mi padre, que también era arriero, y lo hago desde pequeño. En 1985, empecé a cobrar: Al principio, tres pesos; luego, cinco…; ahora, 20. Además de obtener dinero, me gusta y es una costumbre sin la que sería difícil seguir.

“Aquí atendemos a cuatro o cinco cada día, como promedio, aunque a veces traen hasta diez. Los propietarios se van alegres, porque los animales salen más bonitos. En este municipio, siempre se ha hecho esto”.

Enamorado Hernández habla un poco rápido y, en ocasiones, va a uno y otro lugar. Hace un chiste y sonríe. Su corazón palpita al ritmo de un marcapaso, pero asegura: “Seguiré trabajando hasta que pueda”.

Cerca de nosotros un muchacho, llamado Juan Alberto León, corta pelos. Orlando lo mira y hace una indicación.

Explica que constituye una labor riesgosa y lo fundamental es la práctica: “La bestia debe estar seca y limpia. Uno debe comenzar de atrás hacia delante, de forma pareja, como lo hace él. Algunas son peligrosas, hay que amarrarlas a lo cortico y agarrarlas hasta dominarlas”.

Señala la máquina que utilizan y explica “era de manigueta, pero entendí que con un motor no sería necesario tanto esfuerzo y se lo adapté, ahora es más rápido. De esto y de mulos sé todo¨, expresa y culmina con una carcajada.

Juan Alberto, técnico medio en Veterinaria, seguía en su quehacer. Paró un instante y enunció: “Me gusta esto y también confeccionamos sogas, bastos, jáquimas, bozales, pecheras para caballos de coches aparejos, que son importantes para las cargas grandes¨.

Onel Rodríguez Guerrero, propietario de la cliente, una mula hermosa que se mantenía bastante tranquila, empleada para cargar café y como medio de transporte, observaba con detenimiento y dijo: “Hay que pelarla, porque, en tiempo de frío, el pelo le crece y, en verano, se sofoca y suda. Desde hace mucho, traigo mis bestias aquí y la atención es excelente”.

Luego, tomamos un poco de café. Orlando Enamorado nos enseñó una collera y otros objetos, confeccionados por él. Nos despidió con amabilidad, y siguió en su rutina.

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