Eterno amor a un símbolo arquitectónico

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Por Roberto Mesa Matos | 19 octubre, 2018 |
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La Glorieta corona el centro de la ciudad de Manzanillo desde el 24 de junio de 1924 FOTO/ Roberto Mesa Matos.

Manzanillo. – Hechiza, emociona, seduce de solo observar su hermosura y elegancia palpitante en pleno corazón de esta ciudad amada por muchos.

De pequeño me impresionó su esbeltez y la singularidad de la construcción y colores que atrapaban la atención de cientos de niños de mi edad que curiosos y juguetones correteaban por sus alrededores o dentro de ella.

La idea del proyecto inicial fue generada para homenajear al alcalde Manuel Ramírez León, quien declinó la oferta y sugirió que el dinero fuese empleado en una obra perdurable que embelleciera y diera brillo a la ciudad del Golfo de Guacanayabo, y a 94 años de edificada, la Glorieta es mucho más que eso: es orgullo, pasión, identidad multiplicada.

Definida por estilo ecléctico y un excelente arte morisco, la obra la compone una planta hexagonal que se erige a más de un metro del suelo, con un zócalo exterior enchapado con lozas cerámicas vidriadas y dibujos entrelazados, todo policromado con genial sencillez.

Sobresalen 18 arcos de medio punto, peraltadados y polilobulados, soportados, a su vez, por 24 enjutas columnas pareadas que descansan sobre pequeñas bastas con fustes delgados y anillados.

FOTO: Yander Serra

Como ornamento significativo se aprecian, sobre los elementos cúbicos, las iniciales de Manuel Ramírez León, alcalde de la ciudad en aquel momento.

Fruto de las rehabilitaciones, los matices de las decoraciones actuales no se corresponden a la policromía original de la Glorieta, inaugurada el 24 de junio de 1924, fecha desde la cual acogía en su interior retretas de la banda municipal de conciertos, actividad limitada hoy para protegerla.

Ha inspirado a músicos, artistas, poetas, fotógrafos y cientos de quinceañeras la inmortalizaron en sus instantáneas celebrando la edad de los sueños y la primavera.

Hace unos años, una Paloma convertida en ciclón amenazó con borrarla de un aletazo, se estremecieron pechos y corazones, pero el destino reservó la felicidad de continuar disfrutando del símbolo arquitectónico que ella significa para Manzanillo y sus habitantes.

Desde el pasado junio, un moderno sistema de luces, compuesto por siete colores, le brinda más brillantez en las noches. Hoy, a la Glorieta de Manzanillo se le colocará la placa que la identifica como Monumento Nacional y en ese gesto palpitará para siempre el amor de toda Cuba, convertido en suave caricia, pasión y un beso.

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  1. Felicidades a las autoridades, los historiadores, el Centro de Patrimonio y Sitios Históricos, y a los Manzanilleros todos, hace rato esta bella obra de la arquitectura merecía esta condición de Monumento Nacional. Me place y satisface…Un Manzanillero ausente.