Evitable terremoto

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Por Sara Sariol Sosa | 25 mayo, 2016 |
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La noticia del fuerte terremoto que sacudió a Ecuador a mediados de abril pasado, con su lamentable saldo de más de 600 víctimas mortales, aún nos estremece, y ha dejado en muchos de nosotros esa sensación de impotencia, que suelen provocar sucesos que el hombre no puede detener.

Un dato como ese lacera el alma, pero más lo hace el hecho de saber que en Cuba, solo en el 2015, por accidentes del tránsito y actitudes irresponsables, superamos ese número de muertes (788).

Granma no escapó a esa problemática, y peor aún, mostró en el primer trimestre de este año un incremento de la accidentalidad (en un centenar) con respecto a igual período precedente, con víctimas comprendidas entre los 20 y los 54 años de edad.

Las causas continúan siendo las mismas: no respetar el derecho de via, desatención al control y dirección del vehículo, adelantamiento indebido, exceso de velocidad y desperfectos técnicos.

Así lo confirmó un análisis sobre el tema en la última sesión de la Asamblea del Poder Popular en Granma, espacio de debate en el cual se criticó que, en la etapa evaluada, no se logró  el necesario y estable funcionamiento de las subcomisiones de trabajo de la Comisión provincial de Seguridad Vial, y tampoco fue sistemático el seguimiento el a las acciones  planificadas para revertir los anteriores comportamientos.

Ello no significa que no se emprendieran acciones educativas, de hecho, en el trimestre citado, se aplicaron más de mil notificaciones, el mayor número de ellas por adelantamiento indebeido,

Pero eso no ha bastado, y el asunto, sin dudas, requiere de un enfrentamiento más contundente, en el que no solo influyan los funcionarios directamente responsabilizados con la seguridad vial, sino  toda la población.

No es posible que en un país, que a pesar de  conocidas limitaciones económicas, derrocha  recursos por elevar cada vez más la esperanza de vida de los ciudadanos, personas irresponsables nublen ese esfuerzo.

El enfrentamiento y el llamado debe alcanzar a cada chofer, y también a los peatones, y a los conductores de ciclos, que el pasado año estuvieron involucrados en 54 accidentes.

Nadie tiene derecho a poner en riesgo la vida de un ser humano, por ninguna razón, y menos por el deseo de abultar ingresos personales, tal es el caso de no pocos transportistas privados, que han convertido el viaje en sus vehículos en viaje de terror.

No pocas personas hoy se resisten a vivir esa amarga experiencia, y prefieren permanecer un tiempo más en las terminales o puntos de transportación, hasta la llegada de un transporte estatal que ofrezca mayor seguridad.

Es esa, innegablemente, una reacción que contribuye a esa batalla, que deberá ascender, porque la vida es el más preciado tesoro, y no debemos permitir que nos la arrebaten evitables terremotos.

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