Evocación de los granmenses a las víctimas de Barbados

En la Eide Pedro Batista Fonseca, como en otros sitios del archipiélago, rindieron homenaje a las víctimas del horrendo crimen.
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Por Leonardo Leyva Paneque | 6 octubre, 2015 |
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Crimen
Foto Luis Carlos Palacios Leyva

Cuántas esperanzas quedaron mutiladas aquel 6 de octubre de 1976, qué dolor multiplicado en millones de cubanos; cómo es posible que sigan impune los asesinos de aquel horrendo crimen en las costas de Barbados.

A la vuelta de 39 años de la voladura de un avión de Cubana, en la que perdieron la vida 73 personas, aún se exige justicia. Así quedó patentizado, esta mañana, en la Eide Pedro Batista Fonseca, de Bayamo, en la suroriental provincia de Granma.

Desde ese sitio, como en tantos otros del archipiélago, profesores, estudiantes-atletas y trabajadores rindieron homenaje a las víctimas del suceso, entre ellos los 24 integrantes del equipo nacional de esgrima, que regresaban de Caracas (Venezuela), después de ganar el Campeonato Centroamericano y del Caribe de la especialidad.

Fue una mañana diferente en el centro donde se forman más de 800 atletas del territorio. Allí, una de las esgrimistas granmenses evocó las palabras pronunciadas por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en la despedida del duelo: “¡Nuestros atletas sacrificados en la flor de su vida y de sus facultades serán campeones eternos en nuestros corazones!”.

Barbados-1Desde entonces, ni el más confeso de los terroristas, ni el más espantoso de los crímenes, opacaron el ejemplo que ellos dejaron en las jóvenes generaciones de deportistas cubanos, quienes en muchos años han llenado de gloria al movimiento atlético aquí.

Uno de ellos estaba allí, el exvelocista Andrés Simón Gómez, monarca en 60 metros durante el Campeonato mundial bajo techo de 1989, con sede en Budapest (Hungría), y miembro del relevo corto cubano, que se agenciara las medallas de bronce en los Juegos Olímpicos de Barcelona ’92, entre otras actuaciones destacadas.

Él fue uno de los miles de atletas cubanos que vivió aquellas jornadas de sufrimiento y dolor, horas de desespero e impotencia ante un hecho tan brutal. Aún así, creció y se fraguó en una Cuba que le dio la posibilidad de triunfar en diversos escenarios del mundo.

Aquel 6 de octubre la injusticia volvió a temblar, mientras un pueblo enérgico y viril lloraba a sus campeones.

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