Fallece combatiente de la Revolución cubana en Bayamo

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Por Ernesto Parra Muñoz | 20 mayo, 2020 |
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FOTO/ Rafael Martínez Arias

El combatiente de Playa Girón y la Lucha contra Bandidos y fundador de la Policía Nacional Revolucionaria Roberto Serguera Riverí, fue sepultado este martes en la necrópolis de la ciudad de Bayamo.

Al despedir el duelo su cuñado el escritor Luis Carlos Suárez Reyes señaló: Hoy 19 de mayo del año 2020, en circunstancias muy complejas para el país, por las agresiones de una pandemia que ha puesto al mundo en el vórtice de su destrucción, despedimos a Roberto Serguera Riverí.

Historia de combate y amor

Un ser humano, hombre o mujer al morir deja un camino y en ese camino viven los recuerdos, los testimonios de su transcurrir por la vida. En ese camino abandonamos, como ya viejos equipajes perfecciones e imperfecciones, virtudes y errores. Esas son las huellas de que un día vivimos, de que estábamos vivos, respirando nuestros sueños y nostalgias sobre el mundo.

Roberto junto a Adria, no importan las circunstancias, la agonía, la felicidad, fundaron una familia con dos hijos profesionales, inteligentes, preocupados por ser padre y cinco nietos. Roberto compartió con su esposa el ideal revolucionario y estuvo integrado a las filas de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana.

Guiado por el ideal revolucionario asumió los retos que le entregó su tiempo y combatió en las arenas gloriosas de Playa Girón, hazaña de la que nunca se vanaglorió y de la que apenas hablaba, sólo cuando era convocado por alguna escuela.

Tuve la experiencia de verlo dialogar con estudiantes y ese día descubrí una faceta de su vida que admiré.

Inspirado en él su cuñada Lucía Muñoz, escribió un viejo poema que la autora creo siendo muy joven y que está incluido en uno de sus libros.

El Héroe
Uno no se imagina que este hombre delgado, que llega cada día a la casa con las manos oliéndole a madera recién cortada o sucias de grasa; sudoroso, ese hombre que ayuda a hacer la vida poco a poco, una vida mejor.
Uno no se imagina que ese hombre que se extasía al ver volar las garzas por la llanura enorme de la tierra, de su tierra
ha sido capaz de levantar el brazo, de ofrecer el pecho a toda bala, sin importarle nada que no sea hacer realidad la orden de avanzar hasta vencer al enemigo, de avanzar hasta vencer las esteras y las botas sean mojadas por el agua de la playa.
Y ese mismo hombre que avanza entre los muertos, entre el humo de las bombas, el que ahora camina llevando de la mano la sonrisa de la niña nacida mucho después del triunfo.
Uno no se imagina que este hombre delgado, que este hombre de pueblo, haya sido capaz de tanta valentía, hasta que le ve llegar sonriente llevando al pecho una medalla de Victoria.

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