Falleció Pedro García Lupiáñez, primer presidente del órgano del Poder Popular en Granma

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Por Sara Sariol Sosa | 2 septiembre, 2020 |
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FOTO/ Luis Carlos Palacios

El destacado combatiente revolucionario Pedro García Lupiáñez, quien fue primer presidente del Gobierno en Granma, falleció hoy a en Santiago de Cuba.

Con este trabajo, que incluye la reproducción actualizada de la última entrevista que le hiciera este medio de prensa, La Demajagua rinde homenaje a Pedro García Lupiáñez, primer Presidente del Poder Popular en Granma, y quien falleciera en las primeras horas de la madrugada de este miércoles en Santiago de Cuba, su ciudad natal.

Pedro García Lupiáñez ha partido a la eternidad. Lo ha hecho dejándonos a todos ese autógrafo digno, que solo pueden dejarlo, al decir de José Martí, los hombres que lo escriben con sus obras, los que han sellado su vida con una alteza de ideas, merecedoras de respeto común.
Porque hubo dos cosas que a Pedro García Lupiáñez lo acompañaron hasta el último suspiro, una, el elevado sentido del deber con el proceso revolucionario cubano, que lo llevó a entregarse en cuerpo y alma a cuanta encomienda le fue dada, y, luego, con unos cuantos años más a cuestas, a cuanta actividad le encuentró utilidad.
La otra fue la pasión desbordada con la cual defendió sus juicios, sus razonamientos, esa efusión con la que muchos granmenses lo recuerdan, en ocasiones de pie, como si con ello diera más fuerza a sus palabras, dirigiéndose a los delegados a la Asamblea provincial del Poder Popular en Granma, de la cual fue, en 1976, su primer presidente.
García Lupiáñez, hombre de estatura elevada, tanto como su voz, dejó, sin dudas, por responsabilidad y por ímpetu, una huella en ese órgano de Gobierno y en esta provincia, aunque, a decir verdad, comenzó mucho antes a trazar su historia de vida.
¿Cuándo le nació a este santiaguero de cuna -y asentado nuevamente allí en la última etapa de su vida-, esa deuda con la Patria?
Con esa interrogante lo hicimos remover sus memorias algunos meses atrás, durante uno de sus incontables regresos a Bayamo, en esa ocasión, invitado por la Dirección de Deportes, para hablar sobre béisbol, otro de sus grandes entusiasmos.
-No fui un alumno ejemplar en la Escuela Normal de Oriente, pero llevaba tanto de mi madre, Carmelina Lupiáñez (quien fungió durante muchos años como presidenta de la FMC en aquel territorio), que siempre fue una luchadora, muy dinámica, no soportaba lo mal hecho, ella me formó el carácter, a ella le debo el revolucionario que siempre he sido, y también mis arranques.
“Por eso estuve al lado de compañeros que tenían ideas de lucha contra Batista, de Frank País, Tony Alomás, Otto Parellada, Pepito Tey, con ellos, en el grupo de este último, participé en el levantamiento del 30 de noviembre de 1956, que tenía como propósito principal apoyar el desembarco de los expedicionarios del yate Granma.
“Sentí el dolor inmenso por ver morir a varios de los compañeros de lucha y, al ser perseguido, salí a México, donde cumplí prisión”.
– ¿Cómo llegó a Granma?
-Después del triunfo de la Revolución, el 1 de enero de 1959, trabajé en Santiago de Cuba, allí estuve al frente del Ministerio de la Construcción por 10 años, y llegué a Bayamo para trabajar en ese sector.
“Luego me desempeñé como segundo secretario del Partido en esta región de la antigua provincia de Oriente, y cuando el país decide multiplicarla, y crear los Órganos Locales del Poder Popular, me dieron la tarea de formar parte de la organización de ese proceso.
“Se creó la comisión organizadora de la nueva provincia, la cual encabezamos Daniel Rodríguez Verdecía (ya fallecido), un gran compañero y yo. El 7 de noviembre de 1976 fui elegido como presidente del gobierno en la provincia de Granma”.
– ¿Qué fue el Gobierno para Lupiáñez?
-Los más de 10 años que estuve en ese órgano me hicieron más revolucionario, mejor ser humano, y de mayor compromiso; resultó una etapa de bastante trabajo junto a valiosas personas, como Roberto Damián Alfonso (entonces primer secretario del Partido, y también fallecido recientemente), Rubén Moreno (Benchi), Eduardo Arias, Reymon Tito y otros tantos.
“Sí…, me quedó una cosa pendiente: la construcción del estadio de béisbol de Bayamo, tal vez por ser disciplinado y creer que de hacerlo podrían vincularlo a mi defensa y pasión por ese deporte. El pueblo nunca me perdonó eso y yo, tampoco. “Me gusta tanto el béisbol, que yo solo soy una peña¨.
HUELLAS IMBORRABLES
El 26 de Julio de 1982, en el acto central nacional por el 26 de Julio, en Bayamo, el Comandante en Jefe Fidel Castro expresó:
“Esta provincia ha experimentado un significativo desarrollo a partir del triunfo de la Revolución, cuestión esta que se pone de manifiesto con el incremento anual que ha venido experimentando el volumen de producción que se genera en este territorio, teniendo incidencia en esto, entre otras cosas, el volumen de inversiones que ha destinado la Revolución a esta provincia en los últimos años, ya sean inversiones para el desarrollo económico como para el desarrollo social y el aumento del bienestar y seguridad del pueblo.
“El crecimiento de la actividad económica en Granma se puede observar, por ejemplo, en estos últimos años transcurridos, a partir del inicio de la aplicación de la nueva división político-administrativa”, destacó nuestro máximo líder.
En ese empuje renovador estaban el pensamiento, el esfuerzo y los desvelos de García Lupiáñez, ese hombre de sonrisa exagerada, voz (cual extraña fusión) gruesa y al mismo tiempo atrapadora; estaba sobre todo ese elevado sentido del compromiso y la responsabilidad, sin importar cuán grande fuera la empresa a acometer.
En los años siguientes a su elección como máximo dirigente gubernamental, una etapa a dura prueba, le nacieron a Granma, como bien destacó Fidel, cientos y cientos de obras.
Entre 1977 y 1984, por enmarcar una etapa, se ejecutaron en la provincia inversiones por más de mil millones de pesos, con un ritmo de crecimiento anual del 6,2 por ciento.
De aquel período, destacan las fábricas de tubo de riego por aspersión, de acumuladores, de quesos, de helados, de torula y de tubos de barro; el Central Grito de Yara, la terminal de azúcar a granel, el molino de piedra El Cacao y el Hospital manzanillero Celia Sánchez Manduley, entre otras que permitieron crecimientos considerables en la producción material, los servicios y el empleo.
A la apertura del mandato de 1976, se sucedieron cambios radicales en las comunicaciones (en el período de marras el número de líneas telefónicas se incrementó en más de seis mil), se crearon instalaciones turísticas, más centros educacionales, viales y viviendas, más de 40 consultorios del médico de la familia, mejoras integrales en zonas del Plan Turquino, y otras incontables obras sociales en la que quedará ineludiblemente la huella conductora de Lupiáñez.
“La del Poder Popular fue para mí la etapa más hermosa después del triunfo revolucionario -nos dijo entonces- y creo que lo más importante de esa labor es la ligazón con las masas, el esfuerzo constante, ser digno, no perder nunca la humildad, y saber que siempre te debes al pueblo”.
Rubén Moreno (Benchi) al recordar esa etapa de arduo bregar, nos aseguró como homenaje a su compañero de batallas:
“Hasta hoy, he llevado siempre a Lupiáñez en el pensamiento y en las acciones, él fue para mí más que el jefe, un familiar muy allegado.
“Así lo siento, por la forma en que nos compenetramos, en función de importantes tareas, en las que fue muy exigente, pero siempre con la forma y los métodos adecuados, con los cuales convencía a cualquiera. Cuando dejó de ser el Presidente del Gobierno, mantuvimos un estrecho y mutuo vínculo, como verdadera familia, como hermano”, resaltó Benchi.
Coincidentemente, José Antonio Leyva García, quien años después ocupó igual responsabilidad que él en el gobierno granmense, insiste en ponderar la exigencia y ejemplo moral que siempre caracterizaron a Pedro García Lupiáñez.
“Lo conocía desde antes, en 1970, como dirigente partidista que atendía aquí el sector de la Construcción, en el cual me desempeñaba como jefe del contingente hidráulico Celia Sánchez Manduley.
“Fue siempre recto y exigente, dedicado enteramente al trabajo, con elevada expresión de buena conducta; así nos educó, nos enseñó, y aprendimos mucho de él en el trabajo.
LUPIÁÑEZ, EN EL CORAZÓN DE GRANMA
A propósito de la entrevista de marras, le preguntamos a Lupiáñez:
– ¿Quién fue Lupiáñez para su barrio (el bayamés Antonio Guiteras)?
-Mirtha, mi esposa, era una masa de pan, cariñosa, a ella la querían, y dicen que a mí también, porque me vieron más como vecino que como presidente, los saludaba siempre, y porque he sido fresco y escandaloso; tengo 81 años y me moriré así, me meto hasta en lo que no me importa.
Sí, lo querían, porque, como asegura Anolan Luis Cancio, fue uno de los mejores vecinos, preocupado por todo y por todos, austero, familiar, servicial, con un hogar muy modesto, donde estaban prohibidos los privilegios.
“La primera definición que puede darse de Lupiánez es como una persona extraordinaria”, concuerda su también vecina bayamesa Martha Matamoros Rodríguez.
“Se convirtió para todos como un familiar, pues cuando entraba al barrio no parecía la figura pública que era, sino uno más de nosotros, por su sencillez, pero predicando inviolablemente con el ejemplo.”
– ¿Qué sentimientos le inspira Granma? Le preguntamos en esa última ocasión a Pedro.
-Siento un cariño especial por la gente de la Sierra Maestra, de Bayamo, de Manzanillo, de todos los municipios. Lo que siento por Granma es la vida misma.
… Los granmenses hoy, Pedro García Lupiáñez, quieren reafirmarle que el amor es recíproco, que usted se quedará por siempre en la memoria de esta provincia, porque lo verdadero es lo que no termina y queda palpitando perpetuamente en los corazones.

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