Fidel: el padre que nos enseñó a andar

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Por Anaisis Hidalgo Rodríguez | 25 noviembre, 2021 |
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FOTO/Luis Carlos Palacios Leyva

Un cielo cerrado y gris comparte nuestra tristeza. Es 25 de noviembre y Fidel no está, al menos, físicamente. Los cubanos repetimos aquel dolor de hace cinco años, en que la noticia se hizo nudo en la garganta hasta convertirse en lágrimas: el padre que nos enseñó a andar, nos soltaba de la mano.

Hay lágrimas que se repiten y dolores que no por haberse negado en llanto son menos hondos y menos sentidos.

A los pies de otro padre, Carlos Manuel de Céspedes, en la primera Plaza de la Revolución de Cuba, en Bayamo, un mar de banderas ondea esperanzas, devoción, tributo, agradecimiento.

Miembros de la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba, como aquellos que agrupara en la Asociación de Jóvenes Rebeldes, irrumpen el lugar con insignias nacionales y de sus organizaciones estudiantiles, la FEEM, la FEU, la Universidad de Granma, agradecidos todos de su obra.

FOTO/Luis Carlos Palacios Leyva

Suena la marcha militar. Hacen entrada nuestra insignia nacional y la bandera que enarbolara Céspedes en La Demajagua. A ambas, se ciñó Fidel con uñas y dientes, hasta limpiarla del ultraje enemigo.

A los acordes de una patriótica marcha, se realizó el homenaje que encabezaran los miembros del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC), Federico Hernández Hernández; Francisco Escribano Cruz y Yanetsy Terry Gutiérez, Gobernador y Vicegobernadora en Granma.

Frente a los monumentos que perpetúan la presencia de Céspedes y del también prócer independentista Perucho Figueredo, la estrella que ilumina se empina en lo más alto del asta y el pueblo, enardecido en el corazón, entona solemne las notas del Himno.

Un círculo extenso como su pensamiento, pero esta vez integrado por las máximas figuras del Partido y el Gobierno en este territorio, las organizaciones políticas y de masas que gestara con su pensamiento y los jóvenes, a quienes abriera tantas oportunidades, se acoplan en armonioso símbolo de unidad.

FOTO/Luis Carlos Palacios Leyva

Al centro, un afiche evoca la unidad en torno a su pensamiento, la continuidad de sus ideas, primero a través de Raúl, su hermano de lucha y de sangre, después en Miguel Díaz-Canel Bermúdez.

Una ensenada de palomas blancas surca el cielo y evoca la paz que hace  65 años salieran a conquistar los expedicionarios del Granma. Cómo olvidar su paso por esta provincia, su estela de escuelas, hospitales y hogares de ancianos. Cómo no agradecer a quien con un manojo de oportunidades y reivindicaciones de derechos, convidó a que le creyéramos cuando dijo futuro.

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