Fidel, líder natural

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Por Yasel Toledo Garnache | 13 agosto, 2015 |
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Fidel  en el hospital municipal  Fernando  Echenique, de Río Cauto, durante una visita a Granma en 1986.
Fidel en el hospital municipal Fernando Echenique, de Río Cauto, durante una visita a Granma en 1986.

Desde hace algún tiempo, aparece en público solo de forma esporádica. Las pantallas de los televisores muestran un brillo especial y todos en casa observan con alegría.

Este 13 de agosto, ese hombre de figura larga y mente infinita llega a los 89 años de edad.

Atrás quedan 638 intentos de asesinatos, auspiciados por la Cia, la Casa Blanca, la mafia… y puede que hasta por algún villano escapado de la ficción, porque Fidel y sus ideas le quitan el sueño a miles con el símbolo del dólar en la cabeza. Contra él no pudieron fusiles, bazucas, pistolas escondidas en cámaras, venenos, un vecino gigante…

Alrededor de su figura, se levantan historias con forma de mitos. Un video confirma que una paloma blanca se posó en su hombro, en enero de 1959. Dicen que pronunciaba una de las partes más emocionantes de su discurso. Hubo un silencio profundo y, según algunos, el rumor de su santidad recorrió la muchedumbre y varios hasta se persignaron y contemplaron el suceso con la boca abierta. Y no era para menos.

El hombre, barbudo y vestido con ropa verdeolivo, había sobrevivido al Moncada, la expedición del Granma, el combate de Alegría de Pío y tres años de guerra en la Sierra Maestra. Hacía muy poco había llegado en una caravana, nombrada de la libertad, desde Santiago de Cuba, bajo un manto de expectación. Cuentan que por donde pasaba la gente salía a verlo. Además, hablaba de sueños con una fuerza que aceleraba corazones y despertaba aplausos sinceros.

Hasta en el mismísimo Estados Unidos, durante su visita a ese país en abril de 1959, muchos fueron a conocerlo. En 1979, volvió, como presidente del Movimiento de Países No Alineados, y en el vuelo alguien le preguntó si llevaba chaleco antibalas. El Gran David de América Latina se desabrochó parte de la camisa, para mostrar su pecho desnudo, y aclaró que solo usaba el de la dignidad.

Los granmenses tenemos el orgullo que haya escogido a Bayamo para un asalto glorioso aquel julio de 1953, desembarcado por Las Coloradas, establecido su comandancia en La Plata, y fundado en las lomas de esta tierra de tanta historia. Volvió en varias ocasiones, después de 1959, siempre con más sueños.

Jamás olvidaré las historias de mis abuelos, de cuando escuchaban sobre el joven rebelde en las montañas, de su fuerza cuando la limpia del Escambray, el enfrentamiento a los invasores en Playa Girón, la Crisis de los Misiles, el ciclón Flora…, el Período especial y otros desafíos.

Lo veo caminar junto a miles y millones, estar al frente en tribunas abiertas, hablar y luchar por el regreso del pequeño Elián, impulsar proyectos para la libertad de otras naciones y para ayudar en la salud, la educación, el deporte…, decir ¡Volverán!

En mi mente, persisten imágenes de él con pioneros en brazos, el beso a una señora, el abrazo a un anciano, la sonrisa franca…, porque Fidel ha estado y persistirá en el centro del pueblo, por eso, cada vez que aparezca en la pantalla, todos correremos a verlo y percibiremos más brillo.

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