Fidel y su emblemática foto para sala de historia  de La Demajagua

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Por Anaisis Hidalgo Rodríguez | 10 octubre, 2017 |
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De derecha a izquierda, el segundo, Juan Farrel Villa
De derecha a izquierda, el segundo, Juan Farrel Villa

“Hay pocas personas en el siglo XX que tuvieran un impacto más profundo en un país que Fidel Castro en Cuba”, dijo Robert Pastor, un exasesor de Seguridad Nacional durante el gobierno de Jimmy Carter, en la década de los años 70 del siglo pasado.

Y aunque no erraba, como decimos en el argot popular, se quedaba corto, pues Fidel es un hombre que arrastra multitudes, que constituye  motivo de legítimo orgullo. Por eso, quienes tuvieron la oportunidad de conocerle, se niegan a hacer culto al silencio, y echan al aire sus remembranzas,  para de una forma u otra, que sus lectores o interlocutores, las hagamos nuestras, que es hacerlas de Cuba, y del mundo.

El periodista Juan Farrel  Villa, quien incursionó en el periodismo por azahares de la vida, narra con motivo del aniversario 40 de la fundación del periódico provincial La Demajagua, aquel encuentro con el Comandante en diciembre de 1986, en el nuevo local de la calle Amado Estévez, esquina 10, en Bayamo.

PRIMEROS PASOS EN EL PERIODISMO

Juan Farrel Villa cursaba el segundo año de Estomatología, en la Universidad de Oriente, en Santiago de cuba, pero necesitado de trabajar ante el nacimiento de su primera hija, decidió dejar los estudios y buscar empleo para mantener a su familia, a pesar del desacuerdo de sus padres.

Atrás, quedó la cómoda vida del estudiante  que era sustentado por sus padres y enfrentó los desafíos de asumir las riendas de su hogar y las respectivas responsabilidades que ello implica.

“En la Dirección de Trabajo me prepusieron  laborar como peón de albañil y en la zafra, escogí la primera, pero la persona que me atendió al ver las referencias estudiantiles, me dijo, pero cómo un estudiante universitario va a trabajar en la construcción, mira, dirígete al Partido regional y localiza a Raúl Rivero.

“Recuerdo que nos montamos en su motorcito y nos dirigimos al Centro de Información, donde no solo se redactaba el periódico regional La Demajagua, también fluía todo tipo de información a los órganos nacionales como Granma,  Juventud Rebelde y Sierra Maestra, además noticieros de la televisión y la radio”.

Su gusto por la lectura,  por la televisión y los programas informativos, entre ellos, los asociados al acontecer nacional e internacional, le sirvieron de base para enfrentar entonces su trabajo en el periódico regional La Demajagua, que entonces por el año de 1972 radicaba en Manzanillo.

Lo que sabe de periodismo, asegura Farrell, lo prendió allí con colegas como, Raúl Rivero, Gilfredo Ortiz, Ramón Sánchez Parra y Amado de la Rosa. A su formación, contribuyeron además cursos de capacitación y su posterior licenciatura en Periodismo.

“Yo, que fui por una necesidad económica, me pasé ocho meses sin cobrar un centavo, porque entonces era muy engorroso este tipo de trámites que debían procesar en Santiago de Cuba y luego en La Habana.

“Sobreviví gracias a la ayuda de mis compañeros, que a pesar de sus bajos salarios, me ayudaban con 10  y 20 pesos, hasta reunir incluso 60 pesos para el mes.”.

Al crearse en 1974 la Agencia de Información Nacional, fue designado corresponsal profesional, por un período de seis años y, en 1980, forma parte del periódico La Demajagua provincial.

Aquí, confiesa, vivió jornadas intensas de trabajo esperando durante las frías madrugadas el cierre del periódico. Su colectivo, recuerda, vivió momentos difíciles durante el llamado  período especial, pues los frecuentes  cortes del fluido eléctrico obligaban a pasar más tiempo en el local, a la espera de su salida.

LA FOTO

“Lo más significativo para mí, fue  el año 1986, exactamente, aquel 20 de diciembre cuando Fidel Castro visita oficialmente el periódico La Demajagua, para entonces, en su edificación actual, cita en Amado Estévez”, rememora Farrell Villa.

“Fidel llegó temprano en la mañana y se fue al mediodía. Recorrió la parte alta del edifico, donde siempre radicó la redacción y luego la parte de la poligrafía. Visitó el  teletipo, donde se recibía la información de las agencias y nos comunicábamos con los corresponsales. En el salón conversó con algunos compañeros más, con otros, menos, pero siempre interesándose por todos los detalles.

“Hacía muchas preguntas. Se interesó por los formatos, el trabajo con los linotipos, el plomo, los clichés y todo el proceso productivo.

“Fidel estaba atento a todo,  incluso  quería conocer  hasta el nivel de revoluciones que tenia la máquina. Nunca hizo por tomar el periódico en sus manos, entonces le solicité, Comandante, usted pudiera tomar un ejemplar, es que quisiéramos conservar una foto suya con este en las manos.” ¡Ah, sí, cómo no!” Y en la poligrafía, rodeado por un ruido ensordecedor y delante de la inmensa rotativa, tomó una de las extensas sábanas del periódico para leer.

“Lo hizo con mucha sencillez. Al manosearlo, le pregunto qué le parece, y alega: ‘Muy bien, mira, muestran el acontecer de anoche’, expresa refiriéndose a su alocución desde el balcón de la casa natal de Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, ante miles de personas, suceso que La Demajagua eternizó con una foto del Comandante en Jefe en primera plana, y una versión de sus palabras.

“Esta visita marcó un momento trascedente, por lo que significa y seguirá significando Fidel para todos los cubanos. En lo personal me impactó. Fidel fue muy jovial y abierto.

“Fue una mezcla de muchos sentimiento. Desde que supimos de su visita, se engalanó el local cita en Amado Estévez. Los pisos todavía tenían restos de la reciente construcción del edificio y sin embargo, las losetas adquirieron un brillo inusual,  uno caminaba y se reflejaba en ellas”.

Farrell, quien ha dedicado 45 años de su vida al periodismo, de ellos 37 en La Demajagua, alega que este medio ha constituido una escuela que le ha permitido no solo asumir la cobertura de otras visitas del líder de la Revolución a Granma, como  las inauguraciones de la fábrica de tubos José Luis Tassende y el hospital Celia Sánchez, ambos en Manzanillo; sino también, reflejar el quehacer de colaboradores cubanos en Haití, en 2001.

“Fidel, asegura el consagrado periodista, es un hombre cuyo talento y humanidad no olvidaremos jamás. Cuya ética acompañó cada paso de su vida y cuya ejemplaridad, constituye motivo de orgullo para todos los cubanos, por eso y muchas otras razones, es tan emotiva su presencia en La Demajagua. Fue un gran hombre, en todos los sentidos”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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