Francisco Vicente Aguilera: amor incondicional a la patria

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Por Gislania Tamayo Cedeño | 22 febrero, 2020 |
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FOTO/ Luis Carlos Palacios

Un día como hoy 22 de febrero de 1877  fallecía en Nueva York, víctima de un cáncer en la laringe uno de los tantos cubanos que anhelaban la independencia de Cuba del yugo colonial español: Francisco Vicente Aguilera, un hombre poderosamente rico, dueño de varias fincas dedicadas a la ganadería, producción de caña, ingenios azucareros, tiendas  y almacenes en la  zona de Jiguaní, Manzanillo, Bayamo y Las Tunas, con una dotación de alrededor de quinientos esclavos.

Había nacido en Bayamo, el 23 de junio de 1821. Inicio sus estudios en Santiago de Cuba, que luego lo continuo en el colegio Carraguao en La Habana  graduándose de bachiller. Fue uno de los promotores de la conspiración que desembocó en la Revolución de 1868 en La Demajagua, sitio a pocas leguas de Manzanillo, región de la suroriental provincia cubana de Granma.

Desde fecha muy temprana se enrola en la conspiración de Joaquín Agüero, en el Camagüey, protagonista del primer movimiento anticolonialista en Cuba. No lo secundó porque su madre se hallaba en un estado muy delicado de salud y no tuvo el valor de abandonarla.

Era un hombre de poco hablar, bondadoso, pero muy firme en sus decisiones. Cualidades que hicieron posible fuera querido en su demarcación y los alrededores.

Encabezó el primer Comité Revolucionario Cubano, fundado en Bayamo con la participación de Pedro Figueredo y Francisco Maceo Osorio, quienes promovieron entre muchos cubanos de la región y de otros departamentos de la Isla, la idea de iniciar los preparativos de una guerra con España. Además presidió la Junta Revolucionaria de Oriente.

“Nada tengo mientras no tenga Patria”, fue el pensamiento que lo impulsó a secundar el movimiento revolucionario que encabezaba Carlos Manuel de Céspedes en 1868 para retar el colonialismo español. Muchas fueron las jornadas de gloria y sacrificio que vivió el patricio bayamés para dar muestras de su desinteresada abnegación por la patria agredida. Con fervor patrio llamó a los que convocaban a la desunión… “Acatemos a Céspedes si queremos que la Revolución no fracase”.

Manuel Sanguily, otro prócer destacado de las primeras campañas por la independencia, escribió sobre él: “No sé qué haya una vida superior a la suya, ni hombre alguno que haya depositado en los cimientos de su país más energía moral, más sustancia propia, más privaciones a su familia adorada, ni más afanes ni tormentos del alma”.

Céspedes lo nombra General y luego fue lugarteniente del Estado de Oriente y Secretario de la Guerra. Después la Cámara de Representantes lo nombró Vicepresidente de la República.

En 1871 fue nombrado por Céspedes Agente General en los Estados Unidos, en un esfuerzo por neutralizar a quesadistas y aldamistas que se combatían en la emigración, quienes con la disputa no aportaban recursos a la guerra. El intento fracasó. Los dos bandos abandonaron al insigne bayamés.

En enero de 1872 Céspedes le escribe a Aguilera pidiéndole regrese a Cuba, en vistas de que no llegaba ningún armamento a la Isla y teniendo en cuenta que en su condición de Vicepresidente de la República, no es conveniente una estancia prolongada en el exterior.  Aguilera no regresa a Cuba. Quiere volver con una gran expedición cargada de armamentos y en tal sentido agota todas las posibilidades. Se marcha a Europa con la esperanza de encontrar otra reacción entre los cubanos residentes allá.

De su frustrada idea dijo “(…) los ricos cubanos que se hallan en Europa, fueron educados por el gobierno español para esclavos, disipan sus rentas en los placeres de París; pero, no ayudan a la Revolución.”

En 1873 está de nuevo en New York. Al poco tiempo la Cámara depone al presidente Carlos Manuel de Céspedes. Como Aguilera es el vicepresidente, el presidente de la Cámara, Salvador Cisneros Betancourt, que se desempeña como interino la Presidencia de la República en Armas, escribe a Francisco Vicente Aguilera: (…) grandes ventajas reportará al país que vuelva a él un hombre que no ha escatimado sacrificios por su libertad (…) Ud. está en mejor situación para administrar la República, venga y salvaremos la Revolución.

También en 1873 escribía Salvador Cisneros desde Nueva York.

“Estoy dispuesto hoy como antes a derramar mi sangre por la Patria y a ir allí tan pronto como sea necesario me detengo aquí ahora porque creo que así conviene a Cuba”.

A partir de 1874 no descansará en su gestión de regresar a Cuba al mando de una gran expedición. Viaja de un lugar a otro uniendo blancos y negros; pero su deseo es un fracaso. Entonces escribe a   Miguel Aldama: (…) mis deseos de ir a Cuba no son para ocupar la Presidencia, (…) es para cumplir un deber sagrado; fui un iniciador de la Revolución (…) he lanzado a ella muchos hombres (…) voy a compartir con el Ejército los sinsabores de la guerra o a morir.

Duras pruebas vivió Aguilera, primero en la contienda y luego en la emigración. En medio de evidente pobreza, solo y decepcionado con el anhelo de ver su Patria libre murió hace 143 años aquel hombre al que José Martí calificó  como “el millonario heroico, el caballero intachable, el padre de la República”.

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