Francisco Vicente Aguilera, los últimos momentos del bravo patriota

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Por Diana Iglesias Aguilar | 24 febrero, 2020 |
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FOTO/ Luis Carlos Palacios

Camina por la habitación que siente inmensa. Se agota fácilmente, busca el aire que ya no llega con presión y frescura a sus alveolos. Tampoco cae alimento para deglutir en su boca, un corrosivo  cáncer de garganta es la gran  barrera biológica al oxígeno y los elementos esenciales para mantener la vida.

Es el 22 de febrero de 1877 en Nueva York, donde agoniza Francisco Vicente Aguilera, uno de los iniciadores de la conspiración independentista de Cuba que estallara en 1868.

Del elegante porte del señor que está por cumplir  en junio de 1877 sus 56 años, queda el espíritu irredento y el ejemplo de honradez entre otras muchas virtudes. La barba rala y plateada estremece, los ojos son dos pequeños luceros azules apagándose en el fondo de las cuencas. La enfermedad se lleva poco a poco el cuerpo, pero no el alma y sus principios.

Uno de los hijos, Eladio, sale presuroso y agobiado de dolor  a buscar un doctor en medio de la noche. El enfermo sabe que el galeno no vendrá. No hay dinero para pagar el servicio y el capitalismo en los Estados Unidos de Norteamérica enseña las garras a los desposeídos, y les tira en cara las diferencias económicas, los deja a merced de la suerte que rima con la muerte.

El enfermo mira a las hijas, angustiadas y llorosas. Quizá la impotencia les alcance en el pensar, o quizá un lamento de haber perdido todo su padre en una lucha que no termina y parece irse a pique en la isla del Caribe donde han nacido y a la que aprendieron a amar entrañablemente.

Las llama ¨pobres hijas mías¨ y no es la pobreza de dineros y comodidades lo que preocupa al padre que exánime asiste con decoro a sus últimos momentos de vida. Es el temor lejano de que puedan resistir lo que vendrá.

Así cuenta uno de los descendientes de Francisco Vicente Aguilera, los últimos momentos del bravo patriota. Micrófono en mano, conmovido por el momento donde se presenta la biografía de su ilustre familiar en el texto Francisco Vicente Aguilera. Proyectos Modernizadores en el Valle del Cauto, del Máster en Ciencias Ludín Bernardo Fonseca García  por Ediciones Boloña durante la Feria Internacional de La Habana.

El Ingeniero Sergio González Aguilera viene a Cuba en busca de sus raíces. Desciende de Amado Oliva (tatarabuelo de Sergio), una de las  tres líneas de descendientes del abogado y padre de la nación. Es chozno de Aguilera y debe su segundo apellido a que su bisabuela puso a su hijo el apellido bayamés en primer plano, por tanto el abuelo (bisnieto de Aguilera) y la madre de Sergio lo llevan.

De Francisco Vicente se sabe por los jóvenes que le rodearon en la emigración, el agramontino Manuel Sanguily: “muchas veces el día que llevaba a su pobre habitación de una casa de huéspedes, las manos llenas de oro, no tuvo ni un solo pan para comer y cubanos y americanos le vieron a menudo recurriendo las calles de Nueva York, entre la nieve, con los zapatos rotos. Fue así un millonario que mendigaba por la libertad y la independencia.”

Y añade un juicio esclarecedor de las circunstancias que rodearonla existencia del bayamés tan lejos de su Patria amada: “No sé que haya una vida superior a la suya ni hombre alguno que haya depositado en los cimientos de su país y en su nación mayor suma de energía moral, más privaciones de su familia adorada, ni tormentos del alma.”

Hombre de extraordinaria fuerza de pensamientos, de moral alta, imprimió a su epistolario familiar, a pesar de lo íntimo, un sentido patriótico inigualable. A sus hijas desde  Nueva York, les escribe el 14 de septiembre de 1871 y dice: ¨ bien aceptamos pues este sacrificio no con resignación, sino con orgullo, porque cuando se trata de la Patria, todos los sacrificios son pequeños, Uds. Tienen que llevar una gran misión entre los emigrados cubanos.¨

Confesándoles luego, en esa misma fecha en carta a su esposa Ana Kindelán, que Cuba para él, es una idolatría, siendo adoración el único sinónimo que cabe de quién llevara a Cuba en el alma.

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