Gases agotadores del ozono en cuenta regresiva

Granma, en consonancia con el Protocolo de Montreal, potencia la reconversión de refrigerantes que contienen gases agotadores de la capa de ozono, por otros más amigables con el entorno.
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Por Anaisis Hidalgo Rodríguez | 16 septiembre, 2015 |
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La Filial de Ciencias Médicas Dr. Efraín Benítez Popa, de Bayamo, reconvirtió el R-22 por el r-404, un gas refrigerante más amigable con el ozono. / FOTO. Anaisis Hidalgo Rodríguez
La Filial de Ciencias Médicas Dr. Efraín Benítez Popa, de Bayamo, reconvirtió el R-22 por el r-404, un gas refrigerante más amigable con el ozono. / FOTO. Anaisis Hidalgo Rodríguez

Los CFC (clorofluorocarburos) tienen una capacidad de supervivencia de entre 50 y 100 años. Fueron inventados en los años veinte del siglo pasado y fueron utilizados ampliamente en aerosoles y refrigeración.

Una sola molécula de CFC puede destruir 100 mil moléculas de ozono en los dos años que dura su actividad.

A partir de la creación de la Oficina Técnica de Ozono, en 1995, un año después de creado el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma), Cuba potenció la sustitución de los CFC.

Dicha oficina, que este año celebra sus 20 años de creada, coordinó, dirigió, evaluó y controló lo concerniente a las sustancias agotadoras de la capa de ozono.

POR GASES DE MENOR EFECTO INVERNADERO

Este cronograma de acciones implicó la representatividad de las delegaciones territoriales del Citma en cada provincia.

“La sur oriental provincia cubana de Granma ha trabajado en la eliminación de compuestos hidrogenados presentes en los extintores de incendio que contenían sustancias agotadoras del ozono”, explica Yanet Sam Pascual, funcionaria de la Unidad de medio ambiente del Citma en Granma.

“Hemos tenido dos procesos estratégicos: la eliminación de gases refrigerantes compuestos por Clorofluorocarbonos (CFC) entre ellos el Freon-12 o R-12; y la erradicación de los HCFC (hidroclorofluorocarbonos), como el refrigerante R-22, y otras mezclas.”

La Filial de Ciencias Médicas Dr. Efraín Benítez Popa, de Bayamo, es una de las entidades que ya tiene reconvertido su sistema de refrigeración como parte de este proceso liderado por el Citma en aras de eliminar sustancias agotadoras del ozono.

“Antes el sistema de refrigeración empleaba R-22; su reconversión permitió dotar la cámara de refrigeración de una nueva unidad condensadora que emplea el gas refrigerante R-404, más viable y partidaria del entorno; también recibió otros aditamentos relacionados con el funcionamiento integral de la cámara que la hacen incluso, más eficiente”, asevera la administradora Noelia Pozo Ruiz.

Según Yanet Sam Pascual, gradualmente se irán cambiando tecnologías.

“Ahora trabajamos con Incobay, en la pesca y en entidades de la agricultura. Se ha trabajado mucho en el Ministerio del turismo, la empresa eléctrica y las comunicaciones. También potenciamos la reconversión de equipos de refrigeración y clima del Ministerio del Interior, instituciones de salud, la industria alimentaria y entidades de comercio.

“A raíz de la revolución energética se recuperó alrededor de cuatro toneladas de R-12, que estaban presente en los refrigeradores domésticos, lo cual contribuyó a la eliminación de este refrigerante”, destacó la especialista.

Granma también promueve cursos de buenas prácticas de refrigeración para los técnicos, para ello, cuenta con un aula especializada en la Escuela Técnica General Luis Milanés, de Bayamo.

Otra de las acciones que ha tenido un impacto social, es el programa de divulgación y educación sobre estas nuevas sustancias que lleva a cabo el sector educacional a través de movimientos culturales y círculos de interés.

LA CAPA DE OZONO HOY

Los científicos de la NASA y la Administración Oceánica y Atmosférica Nacional (NOAA) han comparado el agujero de ozono con el tamaño de América del Norte. Según expertos, el agujero alcanzó su tamaño máximo anual el pasado 11 de septiembre de 2014; llegando a los 24,1 millones de kilómetros cuadrados.

La capa de ozono, que se encuentra a unos treinta kilómetros por encima de la superficie de la tierra, tiene una labor crucial a la hora de filtrar los rayos ultravioletas, que pueden causar cáncer en las personas y problemas de reproducción en los animales.

No fue hasta 1985 que científicos del British Antartic Survey, en la ciudad inglesa de Cambridge, descubrieron un “agujero” en la capa de ozono de la Antártida, lo que motivó que 1987 se restringieran -con la firma del Protocolo de Montreal- las sustancias que lo producían.

 

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