Gracias maestros

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Por Angélica Maria López Vega | 22 diciembre, 2020 |
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FOTO/ Angélica María López Vega

Cuando pienso y digo maestro siempre recuerdo a los míos, cómo no hacerlo si tuve la dicha de contar con ejemplos sublimes, de esos que calan hasta los huesos, que van más allá de números y letras, que tocan corazones.

La seño Teresa abrió el mundo a mis ojos enseñándome a leer, despertando ese “bichito” que te arrastra a los libros como las abejas al panal, también con ella aprendí a plasmar mis ideas en papel, y si hoy escribo estas líneas es en gran parte gracias a su dedicación.

Del amor inmenso que puede profesarte un educador, fui testigo la mayor parte de mi enseñanza primaria, Moralinda nos dedicaba sus mejores sonrisas y afecto maternal, la ternura parecía haberse personificado en aquella mujer.

Sin embargo, con Mariano descubrí que la disciplina, la rectitud y la exigencia son fundamentales para lograr tus metas, premisa aplicable no solo a la vida estudiantil, sino a todos los aspectos de tu existencia.

En la secundaria, Viviana continuó con esa lección que me ha servido tanto, agregándole la perseverancia, el sacrificio y el hambre insaciable de conseguir lo que te propones y más, de hacer valer tu criterio y dejar tu marca en el mundo.

El inglés pudiera resultarte tedioso si no te interesa, pero con la teacher Santa, al frente del aula, divertida y ocurrente hasta la médula, sus historias de Juan Torena sacaron la sonrisa de aquellos que, como yo, también disfrutaron de su presencia.

Creo que todos tuvimos alguna vez un educador de clase arrolladora, palabra contundente y argumentos tajantes, en mi caso, su nombre era Anita; llevaba la historia en la sangre y en la piel, recuerdo como se erizaba con tan solo pronunciar una frase de Martí o Fidel.

Tere, era una historia diferente, señora mayor, más dulce que la caña de azúcar, pero sabía molerte cual central cuando hacías algo incorrecto; estuvo ahí los años más convulsos de mi adolescencia y cuando decidí que sería periodista, más que mi profesora, yo la consideraba mi amiga.

En la universidad conocí a Ivonne, con ella aprendí que la autocrítica, la autoexigencia y la competencia sana sacan lo mejor de ti como profesional y que a veces cuando un maestro es duro contigo lo hace para empujarte a que seas la mejor versión de ti mismo.

Por otra parte, estuvieron Adrián y Jean Carlos que me introdujeron en el mundo de los colores, las formas, las tipografías y los programas informáticos, era tanta la pasión que entregaban, que lograron contagiarme ese espíritu y terminé amando el diseño.

Sería una lista casi infinita si mencionara a todos los educadores que marcaron mi vida de una forma u otra, a ellos les debo en quien me convertí.

Debido a sus enseñanzas hoy sé lo que quiero, lo que es correcto e incorrecto, tengo valores que cuestan más que millones de pesos. Ellos me formaron, me moldearon, entregaron todo, por eso y por mucho más, les digo hoy, en una extensión a todos los maestros de quienes conmigo comparten una experiencia similar: Gracias.

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