Guatemala: Brigada Médica Cubana en el corazón del pueblo

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Por Prensa Latina (PL) | 12 noviembre, 2019 |
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Guatemala. – Siete galenos cubanos, luego de tres años de misión en Guatemala, la consideraron una experiencia de vida y aprendizaje con su pueblo más humilde que los hizo crecer como profesionales y personas, sobre lo cual realizaron estas declaraciones al despedirse.

En total, más de 400 integran la Brigada Médica Cubana en este país Guatemala, donde cubren 16 de los 22 departamentos en los lugares más pobres y olvidados de la geografía. De su andar por la tierra del Quetzal y desvelos para este pueblo, son las anécdotas que atesoran al regresar a casa.

Sayaxché, Joyabac, Fray Bartolomé, Huehuetenango, Zacapa, Petén, Escuintla y San Marcos son algunos de los parajes que conocen sus pasos, pero no en las cabeceras de departamentos, sino en recónditas aldeas y comunidades.

Allí se enfrentaron a una geografía hostil, a enfermedades superadas en la Isla o nunca vistas, y a las marcas de la pobreza extrema en los niños, donde más duele para un cubano.

Este año, la Brigada Médica renovará a la mitad de sus integrantes, y cada despedida se convierte en un sencillo homenaje a quienes no tuvieron el reconocimiento oficial y público del Gobierno, pero regresan cargados de vivencias que le acompañarán para siempre.

De esa labor anónima, también para los grandes medios de prensa de este país, habló orgullosa a Prensa Latina la doctora Ibis Riquelme Abreu, quien estuvo tres años en el municipio Canillá, con una extensión territorial de 123 kilómetros cuadrados, en el extenso departamento del Quiché.

‘Regresamos cargados de anécdotas no solo profesionales, sino humanas; de ver cómo esa población se siente agradecida, porque nadie llega ahí, solamente nosotros, y eso es muy bonito.

‘Nos sentimos muy contentos de poder ayudar porque ese es nuestro principio, ser humanos y solidarios, y como dijo nuestro Comandante en Jefe, Fidel Castro, nosotros somos el Ejército de Batas Blancas que él formó y llegamos a todos los confines del mundo donde nos necesiten’.

A una altura de mil 500 metros sobre el nivel del mar, Canillá fue todo un desafío para esta MGI que antes cumplió cinco años de misión en la República Bolivariana de Venezuela (2003-2008).

‘Cubrimos una población grande, con 32 aldeas, todas de montaña, con gran incidencia de embarazos en la adolescencia, pero no tuvimos en los tres años una muerte materna a pesar de las complicaciones de los partos y eso nos llena de satisfacción’, recordó.

Riquelme asegura que tuvieron que fajarse -como se dice en buen cubano- con la flora y la fauna del lugar, y también adaptarse a costumbres y lenguas diferentes, pues vivían allí y era la única forma de ganarse la confianza.

Momentos impactantes también vivió en Joyabac (Quiché) la Licenciada en Enfermería Anaisis Méndez Gálvez, quien cree que será imposible olvidar esta, su primera misión.

‘Un día a las 2:00 de la tarde ?rememoró- nos llama el líder religioso de la comunidad para decirnos que una mujer había dado a luz, pero estaba muy mal porque el bebé seguía adherido a la placenta. Yo estaba sola en el puesto de salud porque las enfermeras habían salido a sus comunidades, pero busqué a una para que me auxiliara y nos montamos en una moto,

‘De más está decir que ahí no hay urgencia, no hay nada, solo ganas de salvar la vida y no estamos acostumbrados a que se nos muera ningún paciente, así que cuando llegamos la señora estaba en shock porque la comadrona, cuando se vio con ella así, se fue.

‘Rápidamente, pinzamos, cortamos el cordón, empleamos los primeros auxilios para revivir al bebé y nos dedicamos a la mamá. Tuvimos que reanimarla, hacer casi un milagro, hasta que llegara la ambulancia y poderla trasladar al hospital.

‘Hoy la niña se llama Anaisis como yo, y eso le llena a uno de regocijo? que la población te admire, te quiera, es una gran satisfacción que te queda como persona para toda la vida’.

Ese mismo sentimiento le deja al anestesiólogo Luis Carlos García tres años de convivencia con las familias más pobres del departamento de Alta Verapaz, primero en el hospital de La Tinta, y después, en Fray Bartolomé de Las Casas.

‘En abril de 2016, arribé a La Tinta, un lugar emblemático para la Brigada Médica Cubana, porque fue donde primero llegaron nuestros médicos cuando el desastre del huracán Mitch, y siempre hemos tratado de tenerlo en lo más alto de nuestro trabajo, explicó.

‘Entonces, el hospital se estaba reconstruyendo ?más bien construyendo- y aun así en ningún momento detuvimos los servicios, y en dos años y medio no tuvimos ninguna muerte, no solo materna, sino de ningún otro tipo, a pesar de enfrentarnos a condiciones muy difíciles en los salones.

‘Más tarde, pasamos a Fray Bartolomé de Las Casas, donde fueron muchas las noches de desvelo, de trabajo incansable diario, pero logramos allí que se hicieran operaciones de envergadura que antes no se practicaban, por ejemplo, a niños de dos, tres y 10 años, y nos hemos ganado el respeto’, aseguró.

‘Alta Verapaz es en Guatemala uno de los lugares de mayor pobreza, desnutrición y, por tanto, con más enfermedades de todo tipo. Nos hemos tenido que enfrentar a pacientes que nos llegaban graves, sin embargo, en ningún momento pensamos en las condiciones que teníamos allí, sin unidad de cuidados intensivos, sino en que pudieran salir del peligro y salvarles la vida.’

Un episodio único le tocó vivir al MGI Leonel Díaz González, quien integró la brigada de 30 cooperantes que enfrentó el desastre humano en Escuintla, uno de los departamentos más golpeados por la erupción del volcán de Fuego, en junio de 2018.

Albergues atestados de personas afectadas no solo por las quemaduras, sino también sicológicamente, encontraron en los galenos de la Isla un aliciente para curar heridas físicas y mentales.

‘Guatemala fue mi primera misión y me llevo recuerdos impactantes de esa etapa en Escuintla, donde montamos guardias de 24 horas en varios albergues para atender a una población de niños, jóvenes, adultos y ancianos que lo perdieron todo y estaban en condiciones muy peligrosas para su salud por el hacinamiento y la mala higiene, no obstante, logramos que no se declarara una epidemia’.

Con cuatro misiones anteriores, la doctora Leydis María Correa Báez no duda en afirmar que su estancia en San Andrés, en el departamento de Petén, le dejó muchas satisfacciones.

‘Cuando llegué las embarazadas no asistían con regularidad a la consulta, había muertes maternas y los niños fallecían fácil porque ellas iban ya casi a término, y en poco tiempo logré que confiaran en nosotros y se acercaran al puesto médico, a pesar de que por lo general tenían que salir de sus aldeas un día antes.

‘Yo me voy, pero le dejo a mi relevo esa organización de un día específico para verlas, algo que parecía imposible’, aseguró.

Para Raúl Martínez Pérez, especialista en MGI, esta era su tercera misión (Ecuador y Venezuela) e implicó un desafío convivir en una zona donde ocurrió el conflicto armado que dejó grandes secuelas sicológicas en esa población.

‘Primero trabajé en un puesto de salud reforzado, las 24 horas del día, e hicimos excelente compenetración con el equipo guatemalteco. Después pasé a San Marcos, en condiciones climatológicas adversas por el intenso frío y una población marcada por la desnutrición; no obstante, nunca dejamos de dar una consulta.

‘Es un gran honor haber servido aquí; conocer de cerca la realidad de desnutrición y muerte materna de Guatemala nos hace valorar más todo lo que tenemos en Cuba en función de la salud de nuestro pueblo’, aseveró.

UNA BRIGADA, UNA FAMILIA

Tres años fuera de la Patria y de la casa también marca a los colaboradores cubanos, por eso cada brigada se convierte en la nueva familia.

Bien lo comprende Jenisley Naranjo, quien tuvo sobre sus hombros la coordinación de la brigada de Sayaxché, en el Petén, donde principios como compañerismo, amistad y lealtad se entrelazan con lealtad, responsabilidad y compromiso con la misión diaria, pues otro compañero seguirá el camino que ella abrió.

Temperamento, personalidad y capacidad para dirigir hicieron que esta mujer, delgada, bajita, y aparentemente frágil, lograra ganarse no solo el respeto de sus compañeros, sino también ‘el de la contraparte’, los directivos y personal del Área de Salud del municipio.

‘Estuve un año como médico comunitario a mi llegada a Sayaxché en 2015 y me tuve que enfrentar a enfermedades que nunca vimos en Cuba, pero me demostré a mí misma que la preparación que nos dan nuestro país, nuestros profesores, es de lujo.

‘Tuve experiencias tristes, sobre todo con niños desnutridos, que por la situación precaria de la familia fallecían y uno tenía que dar la espalda, dejarlo simplemente atrás, con mucho dolor, porque no estamos preparados para eso? siempre luchamos para salvar vidas, no para perderlas’, narró.

Luego de lidiar con enfermedades raras, mordeduras de serpientes -a las que también están expuestos- y lugares de muy difícil acceso, la coordinación de la BMC pidió a Jenny asumir la dirección de la brigada.

‘En esos tres años me di cuenta que es difícil cambiar muchos hábitos y costumbres, pero no imposible, porque la mayoría de las muertes neonatales, maternas o por desnutrición se pueden prevenir, lo que hay es que hacer un buen trabajo comunitario e involucrar a las autoridades de salud, ya que es un sistema con muchos déficits.

‘Sin embargo, nos cabe el orgullo que gracias al trabajo de la brigada esos indicadores han ido disminuyendo y es la herencia que dejamos a los nuevos médicos que llegan.

‘Realmente esta misión fue una escuela, otra universidad?Regreso muy satisfecha, como médico y como persona ha sido una experiencia inolvidable y nos damos cuenta de que Guatemala si puede ser una mejor Guatemala en un futuro.

‘Desde hace 20 años, la BMC ha estado junto a los más desposeídos de este país y siempre tendrán nuestro apoyo. Para eso estamos, para servir al pueblo.

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