Habla el Coronavirus

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Por Luis Morales Blanco | 23 enero, 2021 |
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“Soy una de las pandemias más letales en la historia; dejé enanas a plagas como la peste, la viruela, el cólera; a enfermedades como mi parienta la tuberculosis.

“Igualmente, me adelanté a ese grupo numeroso de enfermedades conocidas genéricamente como cáncer, al Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH  que causa el Sida) y soy aún peor, pues a aquel las relaciones  sexuales protegidas lo evitan…

“Me nutro de la irresponsabilidad, de ese tomar la vida a la ligera, no es exclusivo de los más jóvenes, sino también de quienes los educan, tutorean y dirigen, en esa primera instancia, la familia.

“Me regocijo cuando alguien viene del extranjero y enseguida los incautos y ´pegadores de gorra´van a intercambiar besos, abrazos, apretones de manos…  ver qué pacotilla comprar o si se les pegan unas cervezas o tragos más fuertes, pero siempre en pos de gratuidades o ventajas.

“También, cuando otros  hacen caso omiso de las autoridades sanitarias, de los medios masivos de comunicación, de la fecunda propaganda gráfica que  ni miran y “se estornudan” en los esfuerzos del país, creyendo que burlan su autoridad, cuando realmente se ridiculizan ellos mismos.

“Asimismo, alardeo cuando aprecio que un país pequeño y bloqueado destina cuantiosos recursos para combatirme, mientras algunos insensatos tiran eso por la borda y, sobre todo, me ufano cuando aparecen casos sospechosos o confirmados, decretan cuarentena y son cerradas manzanas o barrios.

“Entonces, sonrío maliciosamente al ver cómo un puñado de  irresponsables tratan de burlar las barreras de salubridad y de orden interior y les importa un bledo que allí, durante horas, médicos, enfermeras, policías, trabajadores sociales, mensajeros, y hasta voluntarios, dediquen horas de trabajo o descanso para mantenerme a raya en desafío al frío, la lluvia, el calor.

“Qué me van a interesar las tensiones a las que se somete quien resulta contacto de caso confirmado o  contacto de este, o aquel emergente como sospechoso.

“Y mucho menos los nerviosismos de sus allegados, o de quienes tienen familiares relacionados con esos irresponsables, sobre todo cuando son maestros, compañeros de trabajo, vecinos cercanos, convivientes, o cualquier otra forma de relación cercana.

“Me desentiendo del dinero gastado para mantener en cuarentena un área, y del impacto en los centros escolares que deben cerrar y el atraso de los chicos por unos días.

“Pero, en mi afán de querer seguir haciendo daño, me irrita mucho que acto seguido las autoridades  educacionales busquen alternativas que invaden mi andar de manera increíblemente vertiginosa, como las clases por televisión que llegan a todos. O ver a las autoridades tomar decisiones acertadas, modificando las fases o etapas en que se encuentran provincias o municipios, debido a la situación que yo provoco, aprovechándome de los ingenuos o insensatos.

“También me pone verde ver a los  juiciosos evitar todo contacto físico y, para mí en el peor de los casos, saludar desde el corazón y la distancia.

¿Las vacunas?, son mi coco, les temo como el diablo a la cruz, todavía me regocijaba bastante cuando algunos países avanzados prometían darla a quienes pudieran pagarla, hasta que Rusia optó por la vacunación masiva en el vasto país y ayudar a otros.

“¿Cuba? ¡Es mi dolor de cabeza! En ese país, no contentos con hacerme la vida imposible, sus científicos se enfrascaron  de inmediato en buscar la cura contra mis efectos y allá van estudios, candidatos,  más candidatos y ¡vacunas!

“Ahora sí que me voy del aire: Cuba producirá durante el presente año 100 millones de dosis de su vacuna contra ´mi persona´ denominada Soberana 02, esa salida a gran escala para vacunación masiva en la Isla, ¡la compartirán con interesados en su adquisición  como India, Vietnam, Irán y Venezuela!

“Miren qué injusticia: ¿es que no quieren que siga mutando a hacia cepas más contagiosas? ese  Instituto Finlay no se conformó con desarrollar Soberana 02 y Soberana 01, sino que otros centros biotecnológicos cubanos crearon dos candidatos vacunales más, llamados Abdala y Mambisa.

“Lo dicho; así   me voy del aire, a menos que la gente se confíe y me deje brecha por donde atacar”.

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