Hallan obra de desconocida escritora bayamesa

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Por Diana Iglesias Aguilar | 15 mayo, 2019 |
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poetisa Lucía Muñoz Maceo en el proyecto cultural de promoción de la lectura Acento en Bayamo

Por años la poetisa Lucía Muñoz Maceo buscó insistentemente una novela, de la que  escuchó hablar. Al  encontrarla, como por casualidad, otros meses de agónico investigar le esperaban. Su ánimo: la reinvindicación de una escritora bayamesa del siglo XX, tras  develar la identidad olvidada.

Francisca Licea Borges, vecina del reparto Camilo Cienfuegos,  preguntó un día a la Novia de Bayamo si había leído La mancha, obra literaria escrita en la ciudad antorcha  en las primeras décadas del siglo XX, ubicada entre las novelas rosa por describir los avatares de amores complicados.

No- fue la respuesta visceral de Lucía, sorprendida por la pregunta inesperada y que ella misma había hecho a decenas de personas por agotadores años, después de buscarla en archivos, bibliotecas, coleccionistas privados en todo el archipiélago y constatar que solo un ejemplar, prácticamente inaccesible al público se guarda de la única edición de La mancha en 1945, realizada en una imprenta poco conocida en La Habana.

Agustina Pons de González es el nombre de la ignorada narradora bayamesa, quien merece por su escritura firme y osadía al tratar temas peliagudos para la época, inscribirse en el diccionario de la literatura cubana. Deseo justo de Lucía, al que encamina no pocos esfuerzos personales en los que se involucra además su esposo, el poeta Luis Carlos Suárez, hijos, amigos, vecinos y cómplices del proyecto literario Acento.

La mancha habla de amor, pero critica con dureza  los matrimonios arreglados por la ambición de bienes materiales, así como la influencia eclesiástica en asuntos que nada de divinos ni religiosos tienen. Entre otros lunares de la sociedad en que vive, donde prolifera la doble vida para los hombres y la mujer es un objeto sexual útil para la reproducción del género humano.

Una novela que conjuga la crítica social y los desvaríos amorosos de jóvenes e impetuosos amantes es blanco de búsqueda de lectores de todas las edades. En su época,  fue una obra popular en Latinoamérica, así lo asegura el prologuista de la edición y no es de dudar, el género rosa tuvo en la medianía del siglo XX sus décadas de oro.

La investigación de Lucía por encontrar a Agustina tiene visos de serie policial televisiva. Indagó en diccionarios, registros telefónicos, logias y tocó las puertas de las familias más arraigadas en Bayamo, donde  los descendientes guardan esos recuerdos como tesoros.

Después de múltiples llamadas telefónicas a La Habana, primero, y luego a Santiago de Cuba,  logró ubicar referentes hasta encontrar  descendientes indirectos, sobrinos nietos de Agustina, pues ella no tuvo hijos.

Por descubrir quedan aún muchos datos, la bayamesa Pons de González perteneció a una fraternidad en su natal urbe, allí están las fotos y los documentos que firmó; esclarecer las fechas de nacimiento y  muerte, esta última presumiblemente en la década de 1970, son aún deudas pendientes con la osada escritora que despierta, aún desconocida, la preocupación de Lucía.

Hacerle justicia a la escritura, a los posibles desempeños como alter ego femenino local, ubicarla con justeza en el diccionario de la literatura cubana, quizá impulsar la reedición de La mancha en cualquiera de los formatos que permita disfrutar de esta obra literaria, son acciones que quedan por hacer y dependen de muchas manos y voluntades.

 

 

 

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