Hechos significativos en la conquista de San Salvador de Bayamo

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Por Geidis Arias Peña | 6 noviembre, 2018 |
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FOTO/ Luis Carlos Palacios

De esa etapa primitiva, de conquista y colonización españolas en la Isla de Cuba, no suele contarse sobre héroes y hazañas; mas el siglo XVI atesora hechos tan memorables como los acaecidos años después.

Bayamo –es decir San Salvador de Bayamo-, desde entonces, era un suelo irreverente y glorioso,  que se alzaba para hacer historia y se encumbraba en lo más alto de esas páginas vírgenes.

Rebelión contra Narváez

Datos recopilados por el historiador local José Maceo Verdecia (1891-1939) referencian como la primera muestra de confrontación el enfrentamiento entre los indios y Pánfilo de Narváez, primer español en adentrarse en la comuna aborigen, por orden de Diego Velázquez.

El incidente, consecuencia de la persecución de Hatuey, no se revela en detalle dentro de la historiografía, pero se presume que los enviados de la Corona fueron tomados por sorpresas y no relucieron en gloria.

Las notas bibliográficas apuntan “repuestos los españoles reconocieron el pueblo”, uno de los más poblados de la Isla, con cerca de unos mil indios, similar cantidad a la censada en la época de la generación del 68, la cual inició la independencia en el país.

El héroe Hatuey

Como resultado del fracaso de múltiples intentos por retirar a los españoles del actual Santo Domingo, Hatuey llegó a Cuba en una embarcación con otros rebeldes huyendo de los opresores.

Justo, por Baracoa, Guantánamo, entró al territorio cubano, y se movió en busca de respaldo a otras comarcas para continuar la lucha, pero él y sus hombres fueron vencidos por la  superioridad armamentista de los españoles.

Velázquez lo capturó en el poblado de Yara, en la zona del Guacanayabo. Allí lo mandó a atar a una hoguera, por “rebelde y hereje”, para quemarlo vivo.

Imagen representativa del suplicio de Hatuey

Antes de consumarse el hecho, devenido incentivo de posteriores sublevaciones aborígenes y generaciones, se dice que el cacique se negó ir al paraíso.

Fray Bartolomé de las Casas anotó que el líder taíno preguntó si los españoles iban al cielo. Ante la respuesta afirmativa, el quisqueyano dijo que no quería ir allí para no tener que volver a ver a gente tan cruel.

Luis Victoriano Betancourt, en su texto Luz de Yara publica: Hatuey se arrojó intrépido a las llamas devoradoras; los españoles lanzaron aullidos feroces de alegría, y Bartolomé de las Casas cayó de rodillas elevando al cielo una oración fúnebre, mientras el ángel de la libertad recogía en sus alas el último suspiro del primer mártir de la independencia de Cuba.

La luz de Yara: una leyenda con historia

Tras el fuego voraz que se tragaba al rebelde de América, nacía la más antigua de las leyendas cubanas: La Luz de Yara.

Cuentan que de aquella llamarada el espíritu del indio salió desafiante en forma de luz y se elevó hasta las nubes.

Testimonios, al respecto, coinciden que desde aquella lejana fecha, en determinada época del año –no existe exactitud- aquella luz suele visibilizarse e hipnotizar con facilidad, haciendo caminar distancias considerables, y que también se ve un rostro humano.

Ludín Bernardo Fonseca García, historiador de la ciudad de Bayamo, cuenta que después de producirse el suplicio, los aborígenes de Bayamo llegaron hasta el lugar, recogieron los restos del cacique, lo trajeron para la urbe y aquí le dieron sepultura.

“Años después, en el siglo XIX, Francisco Maceo Osorio, toma la historia para ofrecerla como una de las justificaciones para el inicio del conflicto independentista, alegando que ellos se inspiraban en las ruinas calcinadas de Hatuey y que su ejemplo perduraba en esa región”, argumenta Fonseca García.

Durante la Guerra del 68 se generalizó un cantar relacionado con la leyenda que se divulgó por el Ejército Libertador, según se lee en un artículo de Ecured:

¡Oh, villareños! La Luz de Yara
Viene anunciando la Libertad,
En las llanuras de Santa Clara
Y en las colinas de Trinidad.

 

 

La transculturación

Después de este acontecimiento los españoles se establecen en Bayamo, aquí quedan más de 75 hombres protegiendo el lugar, dice Fonseca García.

Durante ese año y medio que transcurrió para oficializar la villa, se comenzó a repartir tierras y aborígenes de manera ilegal.

Al llegar la orden de fundar el cacicazgo por orden de Fernando V, Diego Velázquez no solo comprobó esto sino que posiblemente encontró los primeros descendientes de la mezcla entre aborígenes y españoles.

“Comenzaba así el proceso de descendencia y el surgimiento del criollo, un proceso que en esta región se adelanta con respecto al resto del país”, asegura el historiador.

Inicio de la conquista en Cuba

Tras las indicaciones del monarca llegadas a Velázquez en la villa bayamesa, inicia el proceso de colonización del archipiélago desde esta región.

Expone Ludín que Diego Velázquez recibe las provisiones del Rey para repartir parcelas y hatos, comienza entonces en el país la colonización, que antes no se ejecutó por situaciones legales que no le permitían a los enviados de la corona obtener tierras y aborígenes.

Por tanto la fundación de la villa fue trascendental en la historia de la nación cubana porque a partir de ese momento, comienza el proceso de colonización de Cuba, concluye el especialista.

Bayamo, a 505 años de aquellos hechos, se eleva luminosa como uno de los hitos más sagrados de la historia de la nación.

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