Helado corazón

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Por Anaisis Hidalgo Rodríguez | 8 abril, 2019 |
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El estruendo hizo mirar a todos. Inmediatamente acudió gente de todas partes a socorrer al anciano, que perturbado, se incorporaba del “bombazo” del yipi mientras el chofer examinaba con rigor abolladuras o raspones en su coche.

Quienes asistieron al desafortunado hecho y los que por voz de otros supimos luego del incidente, quedamos perplejos ante la insensibilidad del chofer por aquel ser humano.

Tal falta de piedad, es el epicentro de historias en la que muchos otros conductores de bici, autos, coches…se han convertido en ecos del desamparo, a sabiendas en ocasiones, de su responsabilidad.

Quien me relata el suceso desconoce el nombre del señor, mas no olvida su manojo de nervios, en lo cual no debe haber reparado el insensible chofer porque no estuvo de primera instancia para tenderle la mano e interesarse por su bienestar.

Todavía me cuestiono si pudo conciliar feliz su sueño o si la conciencia le ripostó su falta de humanismo, doctrina que se basa en la integración de los valores y que se traduce en muestras de afecto ante alguien que sufre o padece una situación lastimosa.

Unas personas, dirá usted, son más sensibles que otras, y en eso tiene que ver mucho la educación familiar, escolar y social, que nos preparan para decodificar realidades extremas o vulnerables  y solidarizarnos con alguien.

Sentir piedad y compasión no es sinónimo de blandenguería, sino de humanismo, un valor que se hará cada vez más carente si desde la cuna no corregimos posturas y actitudes deformes.

¿Qué enseñanza habrían recibido Enrique y los demás niños de su clase (en el libro Corazón, de Edmundo de Amicis) si Garoffi  no hubiera reconocido que fue su bola de nieve la que por poco deja ciego a un anciano, y en cambio, hubiera corrido como una flecha para salvar su responsabilidad?

¿Sería tan cobarde de permitir que le cargasen la culpa a otro, o admitiría su error y pediría disculpas? Incluso para circunstancias como estas tenemos que preparar a nuestros hijos, dialogar con ellos sobre lo correcto o no.

Interroguémosles si en un caso análogo, habrían tenido el valor de cumplir con su deber y pedir perdón. Según su respuesta trabajemos en ello, evitemos  que crezcan con un helado corazón.

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