Héroes que nos enseñaron una estrella

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Por Osviel Castro Medel | 26 julio, 2020 |
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FOTO Rafael Martínez Arias

No interesa demasiado a esta hora definir exactamente si aquel intercambio de disparos, en el cuartel añejo y robusto de Bayamo, duró 15 o 30 minutos porque, en definitiva, lo que trascendió hasta hoy fue el  deseo convertido en gloria, el heroísmo hecho sangre verdadera.

Esos  pocos muchachos,  sin otra coraza que sus voluntades, podían haber desistido del ataque en la madrugada pues el hombre que debía conducirlos los abandonó a su suerte y cabía la inmensa posibilidad de una delación o una encerrona.

Sin embargo, quisieron cumplir con Cuba, con la palabra que empeñaron la noche anterior cuando Fidel pasó por la ciudad y se reunió con los jefes y les habló del riesgo verdadero, pero también de la sacudida que provocaría la acción del 26.

Desde ese día marcado de julio de 1953 los famosos gallos del Oriente entonaron otra clarinada para volver a despertar a la nación y anunciar que la Generación del Centenario traía a Martí en las pupilas y en el pecho, vivo siempre. Para anunciar el surgimiento de una marcha de guerra y evocación,  que todavía nos estremece.

Desde ese día Bayamo cambió porque le nació otro hito que debemos aprovechar para ponerle más corazón a la historia de esta tierra.

Diez de los 25 jóvenes del comando fueron asesinados con la máxima crueldad, sin preguntarles motivos ni edades, sin un mínimo proceso judicial. El menor de los mártires tenía apenas 17 años, el mayor 40.

Si no cayeron otros fue porque varias familias, jugándose el pellejo, los cobijaron y ayudaron como si los conocieran de antaño.

Ellos, al igual que los valientes de Santiago, nos enseñan un camino, un modo virtuoso, una estrella que debemos seguir aun en las ventiscas y con ella alumbrarnos el tiempo y la esperanza.

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