Historia de combate y amor

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Por Orlando Fombellida Claro | 16 abril, 2020 |
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Roberto Serguera Riverí, combatiente en la lucha contra bandidos y en Playa Girón FOTO/Rafael Martínez Arias

El combatiente de Playa Girón Roberto Serguera Riverí es Palmero (de Palma Soriano) de nacimiento y bayamés por amor.

Sin quitarse el nasobuco protector de posible entrada a su boca del coronavirus Sars-CoV-2, Serguera Riverí cuenta que al producirse el desembarco de la Brigada 2506 -armada, entrenada y transportada por Estados Unidos- por Bahía de Cochinos, en la noche del 17 de abril de 1961, él se encontraba en la Octava Estación de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), en El Vedado habanero.

“De inmediato, añade, salimos para allá y entramos a la Ciénaga de Zapata por Jovellanos, de madrugada, y en Playa Larga nos encontramos una guagua ardiendo, un miliciano muerto y otro haciendo guardia.

“Caminamos por la parte derecha de la carretera y detrás de nosotros entraron las ametralladoras antiaéreas cuatro bocas y los tanques, que luego se posicionaron delante de nosotros.

“Por la mañana comenzó aquello. Yo nunca había visto tumbar un avión, excepto en películas, y allí lo vi, cayó al mar. Lo derribaron muchachos de 14 y 15 años de la base Granma, que se portaron como verdaderos héroes, a quienes dejamos ahí y nosotros seguimos.

“Al llegar a una curva ahí estaban los mercenarios, había uno acostado encima de un tanque de agua y por radio guiaba a los operadores de morteros, que nos hicieron mucho daño, nos causaron bajas, hasta que un avión derribó al encaramado en aquel mirador”.

Serguera Riverí recuerda que en ese escenario estaba el entonces capitán José Ramón Fernández y que al rendirse los invasores, uno de ellos preguntó si entre los combatientes cubanos había algún extranjero, respondiéndosele que no.

Para los mercenarios, remarca, “aquello tuvo un final que no esperaban, los derrotamos en 66 horas y a los que no tenían causas anteriores pendientes, los cambiaron por compotas”.

Entre los invasores, quienes una vez vencidos no levantaban la vista del suelo, vio a un conocido, no pudo contenerse y le preguntó -¿y tú qué haces aquí, parece mentira que hayas venido con esta gente que mataron a tu papá, que no había hecho nada, era inocente?

Serguera Riverí, quien antes de Girón participó en la lucha contra bandidos, en El Escambray, permaneció en la PNR hasta 1962 y al licenciarse comenzó a trabajar en Comercio en Santiago de Cuba.

Durante una visita a Bayamo, en 1966, paseaba por la Plaza de la Revolución, vio a una típica bayamesa de piel trigueña y le dijo al amigo que lo acompañaba: “Me voy a casar con esa muchacha”.

Roberto Serguera Riverí y Adria Luz Muñoz Maceo, quienes se quitaron el nasobuco solo para que Rafael le hiciera esta foto, desde dos metros de distancia. FOTO/Rafael Martínez Arias

La joven era Adria Luz Muñoz Maceo, cuya dirección averiguó y fue a pedirle su mano al padre, quien le preguntó si ella era novia de él y al responderle que no, quedó perplejo.

Mi papá, dice Adria, era un hombre muy serio, por lo que insistió -¿y cómo es que este joven dice que es novio tuyo? –porque está loco, ¿usted no lo ve? le contesté.

“¿Y saben ustedes cuál fue la reacción de él, decirle a papá “pues mire señor, yo me caso con ella cuando termine la zafra, porque ahora me van a movilizar a cortar caña, pero cuando concluya de que me caso, me caso”, yo me eché a reír y me dijo: -con los comunistas no se juega.

“En lo adelante venía (Serguera Riverí) todos los fines de semana, de Santiago de Cuba a Bayamo, me conquistó y  a los 40 días me llevó a sus casa, con mi mamá y mi papá. Su propia familia decía que él estaba desquiciado, pues había estado casándose dos veces y había dejado a las novias embarcada.

“Cuando me estaba casando, el 18 de junio de 1967, todavía no me lo creía, es más, todavía no me creo”.

De su “loco” amor nació una pareja de hijos y él echó raíces en Bayamo hasta hoy, que tiene 84 años cumplidos.

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