Historias que salvan

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Por Leslie Anlly Estrada Guilarte | 28 octubre, 2015 |
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FOTO / Rafael Martínez Arias
FOTO / Rafael Martínez Arias

Los habitantes de San Pablo de Yao, comunidad rural del municipio de Buey Arriba, le abrieron los brazos y el corazón. Durante el tiempo en que el médico Jesús Rafael Martínez Vázquez preste servicio en el consultorio de esa localidad, solo quiere salvar vidas humanas, sin importar los tropiezos que puedan encontrar en el camino.
Él tiene 26 años y transmite, desde el primer minuto de conversación, pasión por la medicina. Reside en el Entronque de Bueycito, se graduó en julio de 2014 y desde octubre de ese mismo año desanda las lomas boyarribenses.

“Luego de 20 días de estancia en el cuerpo de guardia del policlínico de la cabecera municipal, me trasladaron con la misión de apoyar al médico aquí y relevar a los demás cuando estuvieran de vacaciones o pase, en cualquier región de la montaña de esta zona.

“Trabajé en Banco Arriba, Las Yagüitas, Ramírez, entre otros lugares muy intrincados”, expresó el joven.

Alrededor de mil 150 moradores tiene San Pablo de Yao, y el galeno refirió que la población les brinda un apoyo incondicional, y también demandan atención médica a cualquier hora, ya sea en tiempo de consulta o no.

No solo acuden allí enfermos de esa comunidad, también pueden llegar desde otros sitios de difícil acceso, en busca de atención y traslado más fácil hacia Buey Arriba.

“Las urgencias pueden ser múltiples, lo mismo un paciente con politraumas, que con una apendicitis, obstrucción intestinal, crisis de hipoglucemia, entre otros padecimientos, y todos necesitan de uno, sin importar cómo estés ni qué hora sea”.

Aunque lleva solo poco más de un año ejerciendo la profesión, ya ha luchado por sanar a sus pacientes sin importar las adversidades.

“Cuando trabajé en Banco Arriba, en un fin de semana que no hubo servicio eléctrico, un hombre que iba a caballo a las 12 de la noche se accidentó, al caerse y enredarse con alambres se hizo muchas heridas, a esa hora con un candil, y su esposa como asistente de enfermería lo suturé, curé…

“Otro día, aquí, una señora arreglando unos zapatos en su casa se enterró la aguja en una mano, debí hacerle una microcirugía para extraérsela, ya que no podía halarse pues se corría el riesgo de provocar un desgarro en la musculatura”, cuenta Martínez Vázquez.

Jesús debe quedarse en San Pablo de Yao un año más. Recientemente le otorgaron la especialidad de Médico General integral (MGI) y recibirá las clases en el policlínico de Buey Arriba.

“Cuando es una población grande, aprendes, te enfrentas a muchos casos y eso te obliga a superarte, estudiar, analizar.

“El que quiera aprender, que venga a trabajar a la montaña. Aquí no solo eres el médico, también, te conviertes en el amigo, el consejero, el confidente de todas estas personas muy humanitarias y sinceras”.

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