Un hombre que no conoce el ocio

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Por Yelandi Milanés Guardia | 13 junio, 2020 |
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FOTO Rafael Martínez Arias

Hay hombres que no conciben la vida llena de ocio y tranquilidad en que los puede sumergir la jubilación. Y de esa estirpe es el guisero Alicio Mustelier Nápoles, quien luego de cumplir sus años de servicio en las Fuerzas Armadas Revolucionarias, hoy emplea su tiempo en la actividad avícola.

Sorprende ver como en 80 metros cuadrados él ha logrado mantener alrededor de 200 gallinas de ceba, la mayor parte Broulien pc-2 y el resto campero de ceba. A estas se unen mil codornices que le garantizan alrededor de 400 huevos diarios que los comercializa a 70 centavos.

El objetivo de la creación de su patio nombrado El Moreno, es producir huevos de codorniz y encubar los de las aves de ceba, para vender luego los pollitos a 15 pesos, los cuales si son bien alimentados pueden consumirse a partir de los 35 días.

Para garantizarles la comida compra y procesa el maíz, la caña, el palmiche, la yuca y el pescado, este último lo convierte en una especie de harina que le sirve como pienso.

Pero como sus sueños con conocen fronteras, hoy cuenta con un área de cuatro hectáreas de tierra que las emplea en cultivos varios y en sembrar los alimentos que demandan sus animales.

Es un bello panorama ver el patio de su casa convertido en una miniempresa avícola, donde impresiona ver la enorme cantidad de codornices y el peso de las gallinas, que pueden alcanzar hasta 10 libras.

Otro elemento llamativo es la encubadora creada por él, la cual garantiza el nacimiento de más del 70 por ciento de los huevos incubados.

Pero estos resultados que exhibe Mustelier Nápoles no son fruto del azar, pues además de su consagración ha tenido que investigar mucho en libros relacionados con las aves y asesorarse con personas de amplios conocimientos.

No obstante, está dotado de un instinto peculiar que lo ha lanzado a la experimentación, y aunque no siempre la suerte ha estado de su lado, han sido más los aciertos que los fracasos en la innovación.

Ahora pretende incrementar las producciones y para ello ha creado en el área asignada, una laguna donde ya tiene 80 patos.

Lo que más lo afecta en estos días es la producción de piensos, pues se le dificulta mucho la obtención de las proteínas, vitaminas y minerales que demanda su elaboración, pero a pesar de eso nunca han faltado las alternativas para seguir manteniendo e incrementando su crianza.

Aunque sabe que es una labor compleja y consagrada, admite que varias personas con un pequeño espacio en su patio, pueden garantizar con esta actividad parte del sustento alimenticio del hogar.

Con tres años en el ámbito avícola, no caben dudas que sus resultados son impresionantes y que gracias a su dedicación y anhelos de crecer, muchas personas pueden beneficiarse del sabor inigualable de un pollo criollo, y de las bondades nutritivas del huevo de codorniz.

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