Homenaje perpetuo a la negra esclava de América

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Por Sara Sariol Sosa | 26 septiembre, 2019 |
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Las federadas granmenses renovaron este miércoles su tributo a Rosa Castellanos Castellanos, Rosa La Bayamesa, con motivo de conmemorarse este 25 de septiembre el centenario de su muerte.

El tributo, en el monumento erigido en su memoria a la entrada de Bayamo, capital provincial, devendrá expresión de gratitud de tantas mujeres que embebieron del legado de aquella excepcional cubana, considerada uno de los pocos seres humanos que saltaron dela condición de esclavo a la personalidad histórica.

ÚNICA CAPITANA MAMBISA

Se estima que Rosa Castellanos, nacida en 1834 en un barracón en los alrededores de Bayamo, fue liberada de la esclavitud tras los decretos y acciones iniciales de la Guerra Grande (1968-1978).

Luego del incendio de la ciudad sigue a sus antiguos amos en el peregrinaje hacia la Sierra Maestra y comienza a cumplir importantes misiones dentro las fuerzas mambisas, como cocinera, mensajera y en el cuidado de los heridos en campaña.

Fue precisamente su habilidad como enfermera la que más la distinguió, y también el don de fabricar medicamentos a partir de plantas naturales, con las cuales curaba enfermedades comunes de la manigua.

En 1871 al marchar a Camagüey obligada por la persecución de las tropas españolas, construyó un hospital en  Sierra de Najasa, en una cueva de la Loma del Polvorín, en el cual salvó innumerables vidas de mambises heridos gravemente en combate.

El General Máximo Gómez al visitarla en el rústico hospital, en 1873, le dijo: “He venido a conocerte, de nombre ya no hay quien no te conozca por tus nobles acciones y los grandes servicios puestos a la patria”, a  lo que ella  respondió: “Yo cumplo con mi deber y de ahí no me saca nadie porque lo que se defiende se defiende y yo aquí no quiero ningún majá y el que se cura se va de nuevo a la batalla…”

Al estallar la Guerra del 1895, el propio Mayor General Máximo Gómez le pidió a Rosa que organizará y dirigiera un hospital en Santa Rosa, en Najasa, el cual jamás pudo ser asaltado por las fuerzas enemigas, dadas las férreas medidas de protección y vigilancia.

Cuando sus enfermos le dejaban algunos ratos libres, Rosa cubría turnos en las filas de combate, cargaba armas, disparaba fusiles y manejaba el machete con destreza.

En mayo de 1896, en el sitio conocido por Providencia de Najasa, Máximo Gómez le otorga los grados de capitán del Ejército Libertador de Cuba, así se convirtió en la única mujer que llegó a ostentarlos en toda la epopeya.

El ascenso alegaba: “Esta mujer abnegada prestó servicios excelentes en la guerra de los diez años, y en la revolución actual, desde sus comienzos ha permanecido al frente de un hospital, en el cual cumple sus deberes de cubana con ejemplar patriotismo”.

El 25 de septiembre de 1907 falleció en Camagüey a los 95 años de edad y su cadáver fue expuesto en capilla ardiente en el Salón de Sesiones del antiguo Ayuntamiento, donde se le rindieron honores correspondientes a su jerarquía militar.

ESTATUA ECUESTRE FEMENINA 

En marzo del 2002, fue inaugurada en la capital granmense el monumento de marras, primera estatua ecuestre de una cubana.  La pieza fundida en bronce y con seis metros de alto es el centro de un parque -monumento y muestra a la mambisa acompañada de machete, sombrero de yarey, turbante y elementos alegóricos a su labor como enfermera.

El conjunto cercano a un reparto construido en 1982 y que también lleva el nombre de la ejemplar criolla, no solo aportó a la consolidación de la memoria histórica de la mujer en Granma sino también a la disponibilidad de nuevas fuentes de empleo femenino.

En la atención a sus 3,5 hectáreas, incluidos cafetería y un punto para la venta de flores cultivadas en un huerto aledaño, fueron empleadas más de 40 mujeres que hasta ese momento de desempañaban como amas de casa, y que como todas las féminas cubanas aportan en la batalla por el desarrollo integral del país, en igualdad plena con el hombre, como validación de uno de los más dignos preceptos de  la Revolución que los cubanos iniciaron  en los tiempos en que Rosa Castellanos Castellanos se hizo imprescindible  en la manigua.

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