Hugo Chávez, el único

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Por Osviel Castro Medel | 10 marzo, 2017 |
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commandanteLos habitantes de Caracas contaron que ese día el cielo se coloreó de rojo. Que hubo hasta una neblina extraña en la atmósfera y un lenguaje de tristeza en la gente.

Nadie en Venezuela o en el mundo pudo permanecer inmóvil ante la noticia. Las personas apuraron el paso y los televisores se encendieron por millares:  Chávez, el único, se había ido a las 4: 25 de la tarde del martes 5 de marzo de 2013 para hacer crecer más su leyenda.

Había viajado a otro tiempo seguramente para decirnos que una nación no se construye con la voluntad o la inteligencia de un solo hombre; y que sin unidad revolucionaria podía despedazarse en el futuro uno de los sueños más hermosos de este planeta.

Pero se había marchado tal vez para demostrarnos, también, el peso de los líderes en los procesos complejos de la historia, la trascendencia del carisma y el valor infinito del ejemplo.

A cuatro años del  trágico acontecimiento seguimos comprendido ahora que los verdaderos mitos nacen de los hombres más carnales; esos que como Hugo Chávez Frías no necesitan fingir nada ni posar para la gente.

Él era capaz de contar en público sus urgencias estomacales, de cantar una larga copla llanera sin temblar, de abrazar a las hijas amadas con toda la fuerza de su pecho.

Miles lo vimos disfrutar al máximo un partido de pelota; bañarse con placer de masas sudorosas y antes apartadas; regañar sin pelos en la lengua a un ministro; pedirle a Dios, con lágrimas, que lo hiciera sufrir pero que no se lo llevara tan pronto; convertir un «por ahora» en un para siempre; cantar el himno con la garganta y con el alma.

Nadie podría ignorar al gran estadista, al militar honroso, al Presidente que refundó a un país, al rescatador de la figura gloriosa de Bolívar.

Pero si Chávez fue ídolo para millones es porque sus ideas políticas se conjugaron con las virtudes y defectos del ser humano. Y su vida pública se convirtió en razón colectiva. Nunca fue paraíso apartado, líder remoto. Fue gente, palabra desbordada, gesto, deseo, erudición, verso y ¡pueblo!

Hugo Chávez vino  de lo imposible y lo posible, de la magia. Vino de la sugestión y de la verdad verdadera, como decimos para reafirmar lo auténtico.  Tal vez por eso cuando aquel martes aciago se supo la noticia, Natura envió signos, un pueblo se volcó a las calles para decirle que seguiría sus pasos, conocidos y desconocidos se abrazaron fuertemente; y una patria se estremeció en sus entrañas mismas.

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  1. Este fue un duro golpe para el movimiento de izquierda de América y del mundo,
    Cuanto me dolió como si hubiese sido un familiar querido, creo que muchas persona en Cuba sintieron los mismo que yo, como Fidel pero el vino cuando nuestro comándate ya estaba en retirada, como si el destino lo mandara para que siguiera la obra de nuestro eterno comandante, pero el destino nos jugo una mala pasada.