Impresiones en la memoria (+ fotos)

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Por Anaisis Hidalgo Rodríguez | 10 octubre, 2017 |
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Los recuerdos son como las islas que flotan en las cálidas aguas de la memoria, colmando de vida nuestras remembranzas, esa fértil y boscosa llanura que atesora vivencias y confiere tonalidades a nuestros años.

De evocaciones y anécdotas está henchido el hecho asociado a la fundación del periódico provincial La Demajagua, el 10 de octubre  de 1977, y sus sucesivos días.

Estos 40 años de existencia, son la sumatoria de quienes laboraron días y noches bajo el bullicio de lo que fuera una rotativa con añosos equipos, a la espera, con sobresalto, de la salida del periódico.

Ni en el local fundacional, en Martí número 70, Bayamo; ni su edificación actual, cita en Amado Estévez, esquina a Calle 10, faltó la broma del típico cubano para despabilarse durante el constante proceso productivo.

Entre sus paredes, se ha llorado y vivido con tristeza un error publicado, se ha saboreado el goce de un premio; se ha experimentado dolor ante la muerte; muchos se han estrenado como madres, padres, y todos, así lo atestiguan estas historias acopiadas, se han hecho más profesionales y humanos.

LO QUE ME SALVÓ

Orlando Fombellida Claro FOTO/Rafael Martínez Arias

Aunque esté grabando, el periodista Orlando Fombellida Claro tiene el hábito de escribir. Tal entrenamiento, confiesa, le permite prescindir, en ocasiones, de usar la grabación original.

“Una vez fui a realizar un reportaje sobre la primera escuela martiana, en Buey Arriba, y luego a hacer otros trabajos en la Ciudad Escolar Camilo Cienfuegos, en Bartolomé Masó.

“Llevaba, entonces, una grabadora de casete, pequeña, que al grabar, prendía el bombillo. Cuando intenté  reproducir, aquello no había grabado una palabra, porque no rodaba el casete, a pesar de tener avivado el bombillo. Me salvó, haber tomado notas”.

ESA BICICLETA

Alina Maillo Fonseca. FOTO/Rafael Martínez Arias

Alina Maillo Fonseca debutó como correctora de La Demajagua en 1982. Aquí se perfiló su carácter, que aún jocoso, dista mucho de esa joven escurridiza que, junto a sus imberbes compañeros, escapaba al cine Céspedes cuando se afectaba el fluido eléctrico en la instalación y había que irlos a buscar, -recuerda Alina- “Temblábamos al escuchar la estentórea voz de Willian Collazo, segundo jefe de taller, cuando reclamaba, ‘a los del periódico, que ya vino la corriente’”.

Una vez, narra, a Alcides, el grabador, le colgaron la bicicleta en el techo del taller. Disgustado, recalcó que el partidario de la broma debía bajar el ciclo, mas los días pasaban y el silencioso bromista seguía intransigente. Finalmente Alcides escogió bajar la bicicleta para no proseguir a pie.

¡ESA ES LA FOTO!

Rafael Martínez Arias. FOTO/Omar Moreno

Por la década del 80, cuando se tiraban fotos con cámara de rollo y se debía afinar la puntería para capturar la imagen, el periodista Raúl Rivero García y el fotorreportero Rafael Martínez Arias fueron a Cauto Cristo a forjar un trabajo sobre la extracción de sangre en equinos.

“Al regresar, Rivero examina la foto revelada y me dice: Rafa, fuimos por gusto, esa foto no sirve, mira cómo está desmejorado ese caballo, visualmente da la idea de que no tiene potencial para extraerle sangre, relata Rafael.

“Me quedé con esa espinita y sin decirle nada me propuse lograr una mejor instantánea. Como a los dos días se dio otro viaje a Cauto Cristo y me colé. “Estando allí, le digo al muchacho: ‘socio, ahora cuando le empiecen a sacar la sangre, y estén al terminar, tú me lo espantas para que levante la cabeza. Así lo hizo, y con el obturador de la cámara le hice, ¡pá, y lo cacé!

“Salió aquel animal, con los ojos avispados, las orejas puntiagudas, enérgico. Cuando Rivero vio la foto, me dijo, Rafa, ¡Esa es la foto! ¿Qué hiciste? Al contarle, añadió:’No hiciste nada del otro mundo, así es como tienes que trabajar’”.

SUI GÉNERIS MAYONESA

Luis Morales Blanco.FOTO/Rafael Martínez Arias

Luis Morales Blanco, corrector, periodista y nuestro más reciente jubilado, recuerda entre las miles de bromas gestadas, una en la que Juan Rodríguez Licea (Puchichi) le untó pegamento blanco a un pan, lo combinó con otros y le dijo a Ceruto, un trabajador, que estaban vendiendo pan con mayonesa. Cuando el hombre le pegó la primera mordida, se le pegó aquello del paladar, los labios, la dentición, y en un lenguaje apretado, a regañadientes, alcanzó a balbucear:’  ‘¡oye  desgraciado…!’

FUIMOS POR UNO Y VINIMOS CON SEIS

Luis Carlos Palacios Leyva.FOTO/Rafael Martínez Arias

Luis Carlos Palacios Leyva, fotorreportero desde 1986, recuerda, sobremanera, su visita al Oro de Guisa, a raíz de uno de los aniversarios de la primera biblioteca pública edificada en la montaña.

“Las aguas amenazaban, y sugerí a la periodista Dania Casalí Ramírez, fallecida en un accidente de tránsito cuando regresábamos de cumplir una tarea agrícola, retirarnos pronto, pero con ese carácter de profundizar en los trabajos que la distinguía, nos cogieron las lluvias.

“Aquello era un torrencial. El río penetraba en el  yipi obligándonos a salir por el maletero. El carro tuvieron que halarlo con una yunta de bueyes.

“A causa de la crecida y la destrucción de los caminos estuvimos incomunicados tres días, sin ropa. Gracias a Proenza, el  director de la biblioteca, quien nos daba desayuno, almuerzo, comida y nos permitía dormir en un cuartico de esta, equipado con literas.

“Por esa época Dania y yo habíamos dejado el cigarro y  en esos días empezamos a fumar otra vez.

“Hablé con el presidente de una cooperativa para sacar a Dania aunque fuera, y amablemente la montó en un mulo. Yo vine a pie hasta La Plata, de Guisa. Llegué sin zapatos prácticamente, tuve que cruzar el río no sé cuántas veces.

“Ahí cogimos una guagua. Hablamos con el chofer porque ni dinero traíamos. Nos dejó en Guisa, desde donde nos montamos en un taxi hasta la casa de Dania y pagamos al chofer.

Fueron días desesperantes, pero aprovechamos el tiempo. Fuimos por un trabajo y vinimos con seis.

EPÍLOGO

Escasas resultan estas líneas para 40 años de vivencias, retos y logros. Para aquellos que aún les parece escuchar el sonido del télex o las pesadas teclas de las robotrones, ya es común cargar a la web un artículo que escapa a las convenciones de la palabra escrita para incluir audio y video o sentarse junto al diseñador para lograr una infografía.

Los recuerdos, como dijera el escritor colombiano Arturo Charria van dejando su rastro en el aire y en el cuerpo, son como la estela de los cometas, parecen que pasan fugazmente, pero quedan para siempre.

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