Jackie Joyner, la todoterreno del atletismo olímpico

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Por Prensa Latina (PL) | 2 marzo, 2016 |
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Jackie JoynerLa Habana-. La longevidad de su record mundial de heptatlón es, sin dudas, el mayor testimonio de la integralidad atlética de Jackie Joyner-Kersee, sin dudas una todoterreno del atletismo olímpico.

Tan incuestionable fue su legado en el deporte, que la revista especializada Sports Illustrated la escogió como la mejor deportista del siglo XX, por encima incluso de la polifacética Babe Didrikson.

A diferencia de otro fenómeno del atletismo de su época, el gran Carl Lewis, Joyner-Kersee tiene marcas aún en activo, como los 7 291 puntos que acumuló en el heptatlón en la cita olímpica de Seúl-1988.

Además, entre 1984 y 1996 ganó seis medallas olímpicas, incluidas tres coronas, tanto en pruebas combinadas como en salto de longitud, habilidades forjadas quizás en su difícil y traumática niñez.

Nacida el 3 de marzo de 1962 en Illinois, la niña Jacqueline vio la crudeza de un barrio donde el asesinato era cotidiano, e incluso su propio abuelo borracho mató de un disparo a su abuela.

Renuente a dejarse absorber por su entorno fatal, se concentró en el deporte y ganó una beca para ir a la universidad californiana de UCLA, donde destacó en el baloncesto y las pruebas de campo y pista.

Con apenas 18 años finalizó octava en los trials clasificatorios para los Olímpicos de Moscú 1980, y dos años después conquistó su primer campeonato nacional de Estados Unidos.

Su primera medalla olímpica llegó en Los Angeles 1984, cuando terminó segunda en el heptatlón con 6 385 puntos, superada por la australiana Glynis Nunn, y además fue quinta en salto largo.

Casualmente, en esos Juegos su hermano Al Joyner se coronó en triple salto, y tres años después se casó con la famosa velocista Florence Griffith, cuya prematura muerte muchos asocian al dopaje.

A su vez, Joyner se casó en 1986 con Bob Kersee, su entrenador desde la época universitaria, que también entrenaba a Griffith: todo un clan de glorias olímpicas en familia.

Ese año, en los primeros Juegos de Buena Voluntad, se convirtió en la primera mujer que superó los 7 000 puntos en el heptatlón: con 7 148 impuso el primero de sus cuatro récords mundiales.

Tal marca apenas duró un mes, y en Houston registró 7 161 puntos, aunque en 1987 se lució en el Mundial de Roma, donde se impuso en heptatlón (7 128 puntos) y en salto de longitud (7.36 metros).

El 13 de agosto de ese año también rompió el record mundial en salto largo que tenía la alemana Heike Dreschler, al saltar 7.45 metros en los Juegos Panamericanos de Indianápolis.

En los trial para Seúl-1988 rompió nuevamente su plusmarca de heptatlón, con siete mil 215 puntos, y en la capital surcoreana hizo la marca de su vida, siete mil 291 puntos, cota aún sin superar.

Ahí también ganó el salto largo con 7.40 metros, por delante de Dreschler y la rusa Galina Chistyakova, que para entonces ostentaba el record mundial con 7.52 metros.

Por entonces ya se sospechaba que su cuñada Florence Griffith se dopaba, y muchos cuestionaron la rectitud de Joyner-Kersee, quien empero nunca fue acusada de nada.

Tras un año sabático, Joyner-Kersee ganó el heptatlón de los Juegos de Buena Voluntad de 1990 (6 783 puntos) y el salto largo del Mundial de Tokio 1991, cuando Mike Powell impuso su memorable 8,95.

En Barcelona-1992 volvió a romper la barrera de los 7 000 puntos y se llevó el oro con 7 044 unidades, aunque en salto largo fue relegada al bronce por Dreschler y la ucraniana Inessa Kravets.

En el Mundial de Stuttgart-1993 ganó su última corona del orbe, con 6 837 puntos en heptatlón, y ahí acabó su reinado de ocho años al frente del escalafón mundial de la exigente disciplina.

Cuando muchos daban su carrera por terminada, saltó 7.49 metros en 1994, pero ya jamás ganaría una competencia de envergadura, y se despidió en los Juegos Olímpicos de Atlanta-1996, donde abandonó la competencia lesionada.

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