Jiguaní en la estrategia final de Fidel Castro (III)

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Por Aldo Daniel Naranjo (Historiador) | 20 diciembre, 2018 |
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Después de ser golpeado en San José del Retiro, el enemigo prosiguió la  huida hacia San Miguel, con el objeto de escapar hacia Bayamo, el 19 de diciembre de 1958. Pero en el trayecto los atacaron por el flanco izquierdo el comandante García y el capitán Ignacio Pérez. Desde los camiones se escucharon voces clamado la rendición. Ignacio Pérez gritó que arrojasen las armas y avanzó confiado en la victoria. Pero a bocajarro, el taimado enemigo, disparó contra los guerrilleros. El primero en caer fue Ignacio con una enorme herida de granada de fusil en el corazón.

Muy cerca fueron fulminados otros diez combatientes: Juan Pérez Olivera, Reinaldo Grenot Ivonet (La Fiera), Arael Montero Arias, Rafael Rubio Chávez (Caqui), Inocencio Blascent, Ciro Elidóder Arias Puebla, Nelson Corría Naranjo, Lorenzo Fonseca, Lesme Pérez Alonso y Ramón Acuña Labrada.

El enemigo huyó por los potreros, con los rebeldes detrás, casi pegados, pues era la mejor técnica para evitar los ataques de los aviones. Los casquitos quemaron varios camiones con municiones y se despojaron de todo lo que molestaba una huida atropellada hasta que entraron a Bayamo.

En este conjunto de acciones se le hicieron al enemigo más de 30 muertos y 67 heridos. Por culpa del régimen hubo 6 muertos y 2 heridos civiles. Se le ocuparon unas 70 armas largas, una bazookas, un montero 81 milímetro, cananas de balas, equipos, pistolas y cascos y varios vehículos militares.

Los partes de los jefes batistianos, capitanes Juan Sánchez y Olivera, mintieron descaradamente sobre el desarrollo de estas acciones, diciendo que los rebeldes “se retiraron desordenadamente” y dejaron abandonados recursos de todo tipo. Por suerte, el pueblo cuando escuchaba esta clase de informes, leía los partes al revés, sabiendo la tradicional tergiversación de los hechos por el enemigo.

 RECONOCIMIENTO A LOS MÁRTIRES

A las ocho de la noche, Fidel y Raúl Castro entraron en Jiguaní, los que hicieron guardia de honor a los caídos. El jefe del Ejército Rebelde firmó la orden del ascenso póstumo grado de comandante del heroico capitán Ignacio Pérez y redactó una carta de pésame al comandante Crescencio Pérez, al mando de la columna no. 7 del Primer Frente, explicándole la forma en que había entregado su vida su hijo y el dolor que sentía por haber perdido a “uno de nuestros oficiales más competentes y de mi mayor confianza.”

En horas de la madrugada fueron inhumados los cadáveres de los caídos en San José del Retiro en el cementerio de Jiguaní. El comandante Raúl Castro despidió el duelo, donde ponderó el heroico rol jugado por aquellos valientes que habían entregado sus preciosas vidas por la causa revolucionaria. Destacó la estirpe campesina de la mayoría de ellos y, en especial, la vinculación de Ignacio Pérez, junto a su familia, con los sobrevivientes de la expedición del yate Granma.

En sus palabras el jefe del Segundo Frente Oriental denunció la ayuda de todo tipo que había recibido el Ejército de Batista a través de la Base Naval de Guantánamo, propiciada por el gobierno de los Estados Unidos.

UN PLAN PARA ASESINAR A FIDEL

Tras la caída de Jiguaní, las fuerzas que estaban al mando del Jefe de la Revolución incrementaron las acciones en el sitio establecido contra la agrupación enemiga de Maffo y el martes 23 comenzaron las acciones sobre Palma Soriano.

De esta manera actuaron de manera perfectamente coordinada el Primero, Segundo y Tercer frentes para rendir una poderosa agrupación batistiana y luego seguir la Operación Santiago hasta rendir el cuartel Moncada.

Entonces el Comandante en Jefe situó su puesto de mando en el central América, para seguir dirigiendo  las acciones contra los enclaves de Maffo y Palma Soriano, al tiempo que el comandante Raúl Castro y el comandante Almeida caía sobre Melgarejo con los pelotones de los capitanes Rigoberto Ramírez y Fernando Vecino Alegret.

A esta altura de los acontecimientos el jefe del Estado Mayor Conjunto de la tiranía, mayor general Francisco Tabernilla, expresaba sin ambages que “consideraba perdida la causa”, como consecuencia de la “difícil situación” que pasaban los mandos militares en Oriente y Las Villas.

Para intentar restablecer un poco los descalabros en la Zona de Operaciones de Bayamo, de la cual dependía el Batallón 10 cercado en Maffo, el general Tabernilla relevó en Bayamo al coronel Rafael García por el coronel José E. Aguilar García, con la misión de organizar otro Batallón Especial con destino a “rescatar” a los cercados en Maffo.

Sin embargo, este jefe desechó estas órdenes y se dedicó a fortificar el Puesto de Mando de Bayamo. No quería arriesgar nuevamente hombres y medios en una maniobra que conllevaría recios combates en Jiguaní, Baire y Maffo, contra fuerzas mandadas personalmente por Fidel Castro.

Por otra parte, la Misión Militar Norteamericana ofrecía toda la cooperación que fuera necesaria elevar la moral del Ejército de Batista y contener el progreso estratégico del Ejército Rebelde. El plan que elaboraban contemplaba  la creación de una junta cívico-militar que impidiera el triunfo de las fuerzas guerrilleras lideradas por Fidel Castro.

No fue casual que a las pocas horas el coronel Aguilar fue debidamente instruido sobre el plan de asesinar al máximo líder guerrillero. Para la delicada misión llegó a La Habana, desde Washington, Allen Robert Niyer, un ex miembro de la fuerza Aérea de los Estados Unidos y agente de la CIA. El miércoles 24 de diciembre llegó a Bayamo en una avioneta, trayendo consigo un fusil de mira telescópica, revólveres y suficiente parque.

Por supuesto, el mercenario yanqui recibió de los máximos estrategas de Batista, una suma ascendente a 10 mil dólares.

Cuando Allen Robert Niyer transitaba por Santa Rita fue interceptado por las tropas del capitán Alcibíades Bermúdez, desarmado y llevando ante Fidel Castro en Contramaestre. Lógicamente, en el interrogatorio simplemente dijo que venía a sumarse al Ejército Rebelde, pero nadie le creyó el cuento. Por tanto, se mantuvo bajo vigilancia todo el tiempo, frustrándose de esta manera el magnicidio.

LA CAÍDA DE PALMA SORIANO Y MAFFO

El sábado 27 de diciembre cayó en poder de los rebeldes Palma Soriano. De este modo la Carretera Central había quedado libre de cuarteles enemigos desde Bayamo hasta cerca de Santiago de Cuba. Sólo quedaba Maffo, donde se combatía con violencia

En justo reconocimiento a los meritos contraídos en el Ejército Rebele, al otro día, Fidel firmó el ascenso al grado de comandante de los capitanes Luis Crespo, Rafael Verdecia, Aldo Santamaría, Manuel Piñeiro, Luis Orlando Rodríguez, Félix Duque y Universo Sánchez, entre otros destacados oficiales.

Por fin, la rendición del enemigo en Maffo se produjo a las cinco de la tarde del martes 30 de diciembre, después de veinte días de combates. En el parte de guerra de esta acción Fidel precisaba: “Con singular heroísmo nuestras tropas mantuvieron el cerco bajo el incesante ataque aéreo con bombas de 500 libras. Todos los refuerzos enemigos fueron rechazados con grandes bajas.” Desde este momento la línea completa de Bayamo a Santiago de Cuba esta en poder del Ejército Rebelde y Fidel Castro preparaba el asalto final a la ciudad de Santiago de Cuba.

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