José Antonio Echeverría: ejemplo de voluntad y rebeldía

Share Button
Por Gislania Tamayo Cedeño | 13 marzo, 2017 |
0
Desde esta cabina de Radio Reloj José Antonio anunciaría al pueblo el ajusticiamiento del déspota Fulgencio Batista
Desde esta cabina de Radio Reloj José Antonio anunciaría al pueblo el ajusticiamiento del déspota Fulgencio Batista

Un movimiento extraño en los alrededores de la Universidad de La Habana se apreciaba aquel 13 de marzo de 1957, hace 60 años.  

Un nutrido grupo de  jóvenes revolucionarios integrado por trabajadores y estudiantes, se dispusieron ajusticiar al tirano  Fulgencio Batista Zaldivar, en el propio Palacio Presidencial y desencadenar acciones que provocasen el desplome del sangriento régimen implantado en Cuba.

Desde el golpe de estado del 10 de marzo de 1952, el estudiantado cubano se manifestó contra  el cuartelazo; la Colina universitaria fue a partir de entonces baluarte de la resistencia popular y punto de partida de innumerables  manifestaciones.

José Antonio Echeverría, presidente de la  Federación Estudiantil Universitaria, (FEU) le imprimió el impulso de su ejemplo personal y   contribuyó al intenso batallar del movimiento estudiantil. El repudio contra este gobierno siguió creciendo.

En 1955 Menelao Mora organizó un plan para   atacar el Palacio Presidencial y algunas estaciones policiales para eliminar el dictador y acabar con su criminal administración.

Como fecha de ejecución acordaron el 4 de agosto de 1955, pero por razones no esclarecidas, la policía tuvo conocimiento de lo que fraguaban y  logró detener a varios de los principales comprometidos y ocupar numerosos depósitos de  armas.

Ante la intensificación de la lucha era necesario crear un organismo rector de la actividad por la vía armada. Surge el Directorio  Revolucionario, compuesto por dirigentes de la FEU y otras agrupaciones; José Antonio Echeverría asumió la dirección de esta  organización y a fines de 1956, junto a Menelao  Mora, reavivan la idea de atacar al Palacio y  acabar con Batista.

A inicios de enero de 1957 se concertó la primera reunión formal entre el Directorio  Revolucionario y el grupo de Mora, en ella   abordaron los propósitos comunes y las formas de llevarlos a vías de hecho. Reunidos días después mostraron su total identificación y confianza en el éxito de la gesta basada  en la tesis de “golpear arriba”.

Simultáneamente ocuparían Radio Reloj, y desde allí José Antonio anunciaría al pueblo el ajusticiamiento del déspota. Una vez acordados  los planes generales, los líderes estudiantiles  reunidos coordinaron los factores humanos que   permitirían realizar la acción.

El miércoles 13 de marzo de 1957, confirmada la noticia de que Batista estaba en Palacio, fueron   adoptadas las medidas para echar a andar el  asalto.

Sin embargo, diversos factores influyeron en el   fracaso. El enemigo tenía a su favor el dominio de las características del terreno y amplia superioridad en armas y pertrechos, en tanto,   los revolucionarios no conocían el escenario de  lucha.

Los 50 jóvenes que entraron al antiguo Palacio Presidencial llegaron hasta allí  en dos automóviles y una furgoneta de la empresa Fast Delivery, donde iba el mayor número de los combatientes que asumieron diversas misiones.

Los que subieron al segundo piso en busca de Batista se percataron que había huido por una escalera interna, anexa a su oficina.

Los combates dentro del Palacio fueron violentos; se hizo más fuerte la resistencia de la guarnición, muchos jóvenes murieron, y a otros se les agotaron las municiones. Se decide retroceder, para pedir refuerzos y continuar posteriormente el ataque, pero la operación de apoyo no funcionó.

Los hechos del 13 de marzo aunque no lograron  los objetivos propuestos, si estremecieron a la tiranía hasta sus cimientos y contribuyeron a  acrecentar el esfuerzo de las masas populares para conseguir su liberación.

Faure Chomón con relación a la acción manifestó:

“Puedo afirmar que en aquellos momentos sentimos que aquel era el día más feliz de nuestras  vidas. Creo que todos lo sentimos así,  pues la  moral de todos los compañeros fue muy alta y  realmente había gran júbilo entre los hombres de   nuestro comando”.

De ello no existe definición mejor que la  plasmada para la historia por José Antonio   Echeverría al llegar al despacho del tirano.

“…Si caemos, que nuestra sangre señale el camino  de la libertad.

Porque tenga o no nuestra acción el éxito que esperamos, la conmoción que originará, nos hará adelantar en la senda del triunfo. Pero es la  acción del pueblo la que será decisiva para  alcanzarlo”…

El máximo líder cubano Fidel Castro calificó el asalto al Palacio Presidencial del 13 de marzo de 1957 como “una operación bien organizada, un acto de extraordinaria audacia y valentía, en el que también hubo fallos e imponderables”.

 En la actualidad, cada trece de marzo los universitarios y toda la juventud cubana se reúne en un ejercicio consciente de lealtad a la historia recordando

el día en que por unos segundos casi es ajusticiado el tirano Fulgencio Batista por un grupo de estudiantes, en su propia oficina.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *