José Joaquín Palma, poeta de Bayamo y de Cuba

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Por Osviel Castro Medel | 11 septiembre, 2021 |
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Imagen/ Tomada de Ecured

En el onceno día de septiembre, hace 177 años, llegó.  Y desde entonces no ha logrado zafarse del gran amor de su vida: su Bayamo natal. Porque José Joaquín Palma supo ser el poeta y guerrero, amigo y patriota, americano y cubano; pero sobre todo ¡bayamés!

Vivió casi 40 años en el extranjero, pero jamás olvidó las calles empedradas de la ciudad cuna, los juegos con sus hermanos, Juan y Rosario, las escapadas secretas a la huerta cercana… los potreros, , el tamarindo,  el valle, el río, la niñez

Vivió en Jamaica, Nueva York, Guatemala, Honduras. Partió, por orden de Céspedes, para ayudar a los mambises desde el exterior y luego regresar a Cuba; sin embargo, el añorado y definitivo retorno  solo pudo concretarse mucho tiempo después. En el exilio siempre recibió afecto y cariño, pero, con todo, la lejanía de su patria lo colmaba de nostalgia.

Antes de salir al extranjero había sido, en su tierra natal, el discípulo de José María Izaguirre, participante en las tertulias al lado de Perucho Figueredo, Vicente Aguilera y José Fornaris, el joven que apoyó el levantamiento y participó en la toma de Bayamo, el poeta – periodista  director de El Cubano Libre, el hombre que tuvo el privilegio de reclutar a Máximo Gómez, en El Dátil, y el amigo querido  del Padre de la Patria.

En Guatemala conquista la amistad de José Martí, escribe y compila numerosos poemas y le pide al Maestro su criterio. “Tú eres poeta en Cuba  y lo hubieses sido en todas partes. (…)  Tú naciste en Bayamo y eres poeta bayamés. (…) En un jardín tus versos serían violetas. En un bosque madreselvas. No son renglones que se suceden: son ondas de flores. “- le contesta el Apóstol, en carta fechada en 1878.

Viaja a Honduras, gana la confianza de Marco Aurelio Soto, el presidente de la nación, en ese país abraza a Maceo, a Gómez y a Flor Crombet, quienes, terminada la contienda bélica  tienen que emigrar de Cuba; Palma los ayuda y los tres destacados militares lo agradecen.

Vuelve a la tierra del quetzal que lo acoge como a un hijo; José Joaquín Palma lleno de gratitud, acepta el cargo de representante  de la Mayor de las Antillas en Guatemala, durante la guerra del 95. Apoya la causa, colabora, escribe en la prensa de la nación centroamericana.

Responde anónimamente a un concurso y con la maestría de su lira gana la convocatoria a la mejor letra para el Himno Nacional guatemalteco en 1896. Pero, evasor de las pompas, se calló ese mérito; 14 años después, enfermo de gravedad, confesó su autoría y lo premiaron con una corona de laurel de plata. El poeta, emocionado, moribundo, sin poder hablar, agradeció el gesto con unas largas lágrimas.

Muere el 2 de agosto de 1911 y sus restos mortales son trasladados a Bayamo 40 años después.  Hubo oposición en Guatemala, pero finalmente se entendió que el deseo del poeta era reposar en su ciudad natal.  Sus versos parecen  contundentes:  “Mas ya que cercana zumba / la voz de la muerte helada / te reclamo / solo un sauce y una tumba / cabe en la orilla sagrada / del Bayamo”.

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