José Martí: de Travesía a Dos Ríos

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Por Hugo Armas Pérez | 19 mayo, 2018 |
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FOTO Rafael Martínez Arias

Después de un amplio peregrinar uniendo voluntades por diferentes países, donde quedaron huellas profundas de su quehacer político y revolucionario, José Martí pasa de Estados Unidos a Santo Domingo, para reunirse con Máximo Gómez. Allí firman el Manifiesto de Montecristi, que era el programa de la Guerra Necesaria, organizada y dirigida por el Apóstol.

Solo quedaba el regreso a la patria. Desembarcaron por Playitas de Cajobabo, el 11 de abril de 1895. Lo acompañaron Máximo Gómez, Ángel Guerra, Francisco Borrero, César Salas y Marcos del Rosario.

El 10 de mayo de 1895, Martí llegó a la zona de Jiguaní, territorio que tuvo la gloria de recoger los últimos 10 días de la vida del Maestro. En el Diario de Cabo Haitiano a Dos Ríos, publicado póstumamente, dejó el Apóstol las últimas vivencias que impactaron su sensibilidad hacia la patria y la naturaleza. Habla de la lluvia, la noche, el fango, el baño en el Contramaestre, evoca el bello estribo, de la casa de La Jatía, del Fuerte de Jiguaní…

Este escenario vinculado a Martí, en la etapa final de su existencia física, se convierte en un complejo de carácter histórico por excelencia. Se describen las siguientes locaciones: cinco campamentos y dos lugares de significación histórica, ya reconocidos como sitios históricos y monumentos nacionales. Investigadores de este municipio, han precisado con rigor histórico la localización exacta de estos predios, donde estuvieron Martí y sus compañeros pernoctando y desarrollando la histórica ruta de Travesía a Dos Ríos.

En este imaginario recorrido se llega al primer campamento establecido en este territorio, el lugar llamado Travesía 1 (Campamento no. 23 de la ruta martiana de Playitas a Dos Ríos). Escribe Martí en su diario que desde allí vuelve a ver “de pronto a la llegada, el Cauto, que ya venía crecido, con su curso ancho en lo hondo”. Era el 10 de mayo de 1895. En el primer día habla de los oficiales mambises jiguaniseros, señala los nombres del capitán José Rafael Pacheco Cintra y del coronel Francisco Blanco (Bellito). Del último plantea en su diario: “Lo adivino leal, de ojos claros de asalto, valiente en hacer y en decir”. Y no estaba equivocado, aquel hombre fue herido en el afán por el rescate del cadáver del Héroe, y muere cinco días después,  demostrando su grandeza.

Un objetivo de Martí, desde su llegada, era  contactar con el líder natural de toda esta región: el mayor general Bartolomé Masó Márquez.

Martí se traslada, el 11 de mayo, a otro campamento en la misma zona, Travesía 2 (Campamento no. 24), allí conoce a José Rosalío Pacheco Cintra, con quien conversa e insiste en “la necesidad de activar la guerra y el asedio a las ciudades”.

El día 12 comienza a hacer camino hacia La Jatía, en este andar llega a la casa de José Rosalío, prefecto de Dos Ríos, vale esclarecer que el Dos Ríos  mencionado, conocido también como La Bija, define la desembocadura del Río Baire al Contramaestre. Al referirse a este patriota, expone: “Sirvió en toda la guerra y fue deportado a España en la Chiquita… es un hombre fornido muy viril”. Este día, Máximo Gómez señala en su diario que se dirigían a La Jatía, pasando por Dos Ríos y la Vuelta Grande.

La llegada a La Jatía (Campamento 25) fue por el mediodía. Martí dice: “La Jatía es casa buena, de cedro y corredor de zinc, ya abandonada de Agustín Mayzana… escribo al aire”. Hace mención, además, de las cartas a enviar al Camagüey, de los bandos y circulares; de los últimos, sobresalen las circulares a los jefes y oficiales de Jiguaní, donde puntualiza: “Al enemigo a quien se le hace la guerra no se le puede estar sirviendo de proveedor, al enemigo no hemos de darle alimento”.
Muchas otras instrucciones se dieron, en estas dejó plasmada la prohibición de pasar ganado hacia la ciudad, y la reitera en una misiva a Jesús Rabí, al que conoce desde La Mejorana, y quien le tiene una amplia consideración; se dirige a él como uno de los más capaces oficiales del Ejército Libertador.

A la mañana del día 13, parten de La Jatía hacia los ranchos del Capitán Rafael Pacheco, cerca de la casa de su hermano José Rosalío, en Dos Ríos. En el trayecto, Martí dice: “Bellito pica espuela para enseñarme el bello estribo… con un amplio recodo al frente, se encuentran los dos ríos: el Contramaestre entra allí al Cauto”. Se refiere al hermoso paraje que el Apóstol describe, no perdiendo un detalle de la espléndida vegetación, además de otras informaciones sobre los campamentos, y alude en su diario a la presencia de Okelly, periodista irlandés, quien en 1873 visitara esta zona, y  quien publicara el libro La tierra del mambí, que al parecer Martí ya conocía.

En el Campamento no. 26, ubicado en Dos Ríos, Martí pernoctó hasta el día 19.
Durante su estancia en la región, efectúo una amplia labor organizativa, de la que se conservan correspondencias, circulares y, sobre todo, por su significación, la carta inconclusa a Manuel Mercado, que le da connotación especial al lugar, pues constituye su testamento político, porque en el texto sintetiza la esencialidad de sus principios como organizador y guía, como pensador político.

En la misiva analizó la situación regional, y de lo que ya avizoraba acerca del imperialismo yanqui, él había vivido en sus propias entrañas, lo que le permitió exponer un método de lucha eminentemente revolucionario, táctico y radical, que hoy tiene vigencia absoluta, probada con hechos reales.

En la madrugada del 19, sale Martí para la Vuelta Grande (Campamento no. 27) a reunirse con Bartolomé Masó Márquez, quien, en la noche del 18, había acordado esperarlo en ese punto. En nota personal, Martí informa a Gómez sobre dicho encuentro, este último se incorporaría más tarde. En el transcurso de la mañana se realiza la reunión entre los tres próceres; en esta se impuso un ambiente de alegría, hubo discursos. Gómez plasma en su Diario de Campaña: “Martí habló con verdadero ardor y espíritu guerrero”.

Apenas dos horas después de estos hechos, llegan noticias de la presencia de españoles en la zona de Dos Ríos. Ante tal situación, El Generalísimo ordena a Masó que le siga con sus hombres, Martí marcha junto a ellos. El río  Contramaestre no era vadeable, solo logran pasar unos 100 hombres que se enfrentan con la avanzada española. Gómez organiza las fuerzas, por la ladera izquierda del Contramaestre va Paquito Borrero, por el camino de La Venta conduce Gómez su pelotón. El Generalísimo insiste a Martí que se quede atrás, pero el Héroe desobedece e invita a Ángel de la Guardia Bello: “Joven, vamos a la carga”, le dice.

Ante el fuego enemigo, que ha tomado posición, Borrero y Gómez se percatan de la superioridad numérica de los españoles (más de 600 hombres), ambos ordenan aminorar la marcha. Martí y La Guardia han hecho un movimiento por el bohío de Pacheco, fuera de las voces de mando. Se encaminan directamente hacia una sección española oculta por la maleza, les hacen fuego, cae herido el caballo de Ángel de la Guardia, y es impactado Martí por tres disparos. Su impetuoso caballo lo conduce hasta la línea de infantería. El enemigo imposibilita su rescate.

Cayó en combate, en Dos Ríos, nuestro Héroe Nacional. Su legado, continuado por los jóvenes de la vanguardia revolucionaria, durante la República, fue retomado por la generación del Centenario en 1953, y sigue enarbolado en su grandeza por la Revolución en el poder, deudora inextinguible de su ideario.

 

 

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