Juan Clemente Zenea: la trampa mortal

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Por Agencia Cubana de Noticias (ACN) | 21 agosto, 2015 |
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Juan Clemenete ZeneaNicolás Azcarate fue un destacado jurisconsulto, orador y  periodista  cubano del siglo XIX,  fundador de las tertulias  en el Liceo Literario de Guanabacoa  y afiliado al reformismo, aunque eso no le impidió relacionarse con  partidarios del  independentismo, desdoblamiento  que resultó  muy  útil a España al comenzar la Guerra de 1868, que llevaría a la muerte al  poeta Juan Clemente Zenea.

Poco después de iniciada la contienda, Azcarate se radicó en EE.UU, convencido de que el camino para su patria era el de las reformas propuestas por el gobierno hispano en el poder, gracias al   llamado movimiento liberal de septiembre de 1868, que concebía aplicar cambios en la administración de la Isla de corte autonomista.

En Estados Unidos coincidió con Mauricio  López Roberts,  en ese entonces embajador español, crítico de arte, periodista y  hombre de letras, quien  con  astucia y refinamiento en el trato involucró al abogado cubano en su planes de enviar un emisario a la manigua,  encargado de convencer a los insurrectos de deponer las amas bajo la promesa de obtener la autonomía.

El diplomático peninsular estaba alineado a los sectores más  liberales del gobierno en el que se encontraba Segismundo Moret, ministro de Ultramar, quien consideraba la vía de las negociaciones  con los insurrectos y las propuestas de paz sobre la base de la autonomía como  la forma más efectiva de  acabar con la guerra, a lo cual se oponían tercamente las autoridades coloniales de la Isla.

Juan Clemente Zenea, amigo de Azcarate desde los años de la tertulias de Guanabacoa y uno de los más importantes poetas románticos de su época, también se exilió en suelo norteamericano por segunda vez en aquel entonces.

Con anterioridad, en 1852 se vio obligado a emigrar a New Orleans por su oposición al colonialismo que lo condenó a muerte en 1853, pero debido a la amnistía general fue perdonado y pudo regresar a Cuba al año siguiente para dedicase al periodismo, el magisterio y la literatura.

El intelectual Cintio Vitier  en un libro titulado Rescate de Zenea , sobre estos acontecimientos, que incluye el estudio del expediente judicial  del poeta, coincide con José Martí al afirmar que el bayamés no traicionó a la Patria

Iniciada ya la Guerra de los Diez Años y radicado en EE.UU, Zenea trató infructuosamente de enrolarse en una expedición independentista y al parecer en esas circunstancias  fue escogido por Azcarate y el embajador español para la misión de llevar la propuesta de paz al campo insurrecto, la cual  extrañamente aceptó.

Logró llegar a la Isla clandestinamente en 1870, y luego de una entrevista con el presidente de la República en Armas, Carlos Manuel de Céspedes, fue apresado por las tropas hispanas al tratar de retornar a la vecina nación norteña a principios de 1871  y  al parecer se salvó de ser ejecutado en el acto -según lo aplicado para los prisioneros-, por tener un salvoconducto de López Robert, pero fue enviado a  la capital y recluido en la Fortaleza San Carlos de La Cabaña.

La ínsula era gobernaba  por el capitán General Blas Diego de Villate y de la Hera, conde de Valmaseda, representante de los intereses más integristas asociados a los voluntarios y comerciantes enriquecidos con la trata de negros, quien  no tuvo en cuenta  la aparente misión de paz  de Zenea  y lo condenó a ser fusilado en el Foso de Los  Laureles, en la Cabaña,  el 22 de agosto de 1871, después de ocho meses de cautiverio.

Horas antes de ser ejecutado escribió los versos del  poema A una golondrina, que prefigura su triste destino: Mensajera peregrina, /

Que al pie de mi bartolina

Revolando alegre estás

¿De dónde vienes, golondrina?

Golondrina, ¿a dónde vas?

No busques volando inquieta

Mi tumba oscura y secreta,

Golondrina, ¿No lo ves?

¡En la tumba del poeta

No hay un sauce ni un ciprés!

El intelectual Cintio Vitier  en un libro titulado Rescate de Zenea , sobre estos acontecimientos, que incluye el estudio del expediente judicial  del poeta, coincide con José Martí al afirmar que el bayamés no traicionó a la Patria, sino que fue “víctima de una trampa construida en parte por sus propias manos y que resultó superior a sus fuerzas”.

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