Juan Guillermo se sabe a salvo

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Por María Valerino San Pedro | 25 junio, 2019 |
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FOTO/ Rafael Martínez Arias.

Juan Guillermo es una persona feliz, cumplió este lunes 84 años de edad, y considera que la vida, de un tiempo acá, le ha sonreído, al regalarle una familia numerosa.

Hoy convive con hombres y mujeres más o menos jóvenes que él, blancos, negros, mulatos, y con un personal responsabilizado con su total atención.

Sí, sin dudas, Juan Guillermo está contento, y así lo manifiesta, “aunque todo no sea perfecto, como tampoco lo es en la casa de nadie”.

Él es uno de los 162 mil 546 adultos mayores de Granma, provincia con un índice de envejecimiento poblacional del 19,4 por ciento de sus más de 800 mil habitantes, y que además, incrementó del año anterior al presente en más de tres mil personas de ese grupo etario.

Lidia Doce, hogar de ancianos de Bayamo, lo acoge, como lo hacen con otros ancianos las restantes siete instituciones de ese tipo en el territorio y las 16 casas de abuelos.

En la sociedad cubana las personas que exceden los 60 años reciben un cuidado personalizado desde la Atención Primaria de Salud, principal eslabón para atender a toda la ciudadanía, en el que el médico y la enfermera de la familia realizan el seguimiento oportuno, en dependencia de la planificación a nivel de los consultorios.

El Programa de atención al adulto mayor en Granma avanza, por varios años consecutivos ha sido seleccionado como uno de los mejores a nivel nacional, al mantener un trabajo integrado, priorizar la capacitación de los médicos y enfermeras, e intencionar las visitas a las áreas de salud en pos de servicios con más calidad.

Es un gusto, según asegura el Doctor Amaury Beritán Torres, funcionario del departamento de Adulto mayor de la Dirección provincial de Salud, saborear hoy ese logro, pero llegar a él ha implicado el esfuerzo mancomunado de muchos, que con amor, consagración e iniciativas enfrentan y vencen la falta de recursos.

De forma totalmente gratuita los abuelitos pueden acceder a los servicios de Geriatría en los hospitales provinciales Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo, y Celia Sánchez, de Manzanillo, con personal calificado, que incluye, además de los especialistas, a 12 residentes de la especialidad y a otros médicos diplomantes en ella.

Son también beneficios del Programa de marras las consultas de demencia en Bayamo y Manzanillo para los pacientes con déficit de memoria; el Proyecto de estimulación cognitiva en los municipios de Yara, Bayamo y Manzanillo; y la capacitación a los rehabilitadores para la atención a adultos mayores en esta etapa final de la vida.

No se escatiman tiempo ni recursos económicos o humanos para hacer más placentera la existencia de quienes ya peinan muchas canas, por ello se les estimula para su incorporación a la Cátedra del adulto mayor, cuya primera graduación en hogares de ancianos tuvo lugar recientemente en el “Lidia Doce”, de Bayamo, y más de 900 adultos mayores con patologías como Artrosis y dolores articulares han sido ingresados en los servicios de rehabilitación.

Una interesante opción resulta la implementación de las escuelas de cuidadores y la capacitación a su personal.

La voluntad y la convicción de la valía de sus proyecciones y acciones lideran la labor del Programa del adulto mayor, y así lo corroboran los nuevos hogares de ancianos que próximamente abrirán sus puertas en Bartolomé Masó y Manzanillo, con un centenar de capacidades cada uno, a disposición de los necesitados de esas instituciones.

De todos modos, aunque vale el esfuerzo, será preciso pensar en paliar la situación del municipio de jiguaní, que no cuenta con hogar de ancianos, no obstante tener un índice de envejecimiento poblacional del 21 por ciento, superior a la media del país.

Juan Guillermo se sabe a salvo y asegura que eso solo es posible “en mi Cubita la bella”.

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