Juan Jorge, un guajiro bien planta´o

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Por Diana Iglesias Aguilar | 4 mayo, 2018 |
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FOTO Diana Iglesias Aguilar

Aún a sus casi 86 años, que cumplirá el 24 de junio de 2018, Juan Jorge muestra respeto y admiración por el guerrillero que conoció en abril de 1958 en la región de Bayamo, que con apenas una veintena de hombres se atrevió a meterse literalmente en las fauces de la dictadura de Fulgencio Batista, y  quien él, un guajiro iletrado, le sirvió como guía y ángel de la guarda.

Juan Jorge Tamayo Jorge fue práctico, guía de la tropa de Camilo Cienfuegos, entre los meses de abril a junio, responsabilidad que se ganó no solo con sus conocimientos de la zona, de la que era natural, sino por su preparación como guerrillero. Desde septiembre de 1957 se incorporó a la tropa del no menos célebre Orlando Lara, el grupo urbano más osado de los contornos.

Forjado en el acero del enfrentamiento a las injusticias, Juan milita en la juventud ortodoxa primero y luego en 1956 se vincula al movimiento 26 de julio. Por su valentía y constancia en la labor política, se le asigna la custodia del vasto territorio entre los poblados de Las Mangas, San Diego, San Joaquín, San Rafael, Cuatro Vientos, zona donde opera junto a otros jóvenes, hostigando a las patrullas del ejército enemigo, recopilando material de cura, alimentos, medicamentos, distribuyendo propaganda, preparando hombres para el combate y sobre todo, evita que el ejército de Batista entre a las poblaciones.

Los tiros y los heridos, el acoso y la persecución formaron el carácter de combatiente. De pocas palabras y muchas acciones, todavía prefiere hablar lo preciso y justo, apelando a la verdad de lo ocurrido.

Hijo de campesinos, el tercero de cinco hermanos, donde los nones se vincularon tempranamente a la lucha por alcanzar la libertad. En su piel sufrió el hambre, las necesidades insatisfechas de vestir, calzar, tener derechos ciudadanos y  educación, asistencia médica y crecimiento espiritual, razones por las que no dudó en abrazar el programa del Moncada,  manifiesto de la defensa de Fidel en el juicio de octubre de 1953, dado a conocer meses más tarde entre la juventud cubana.

De tal árbol, se desprenden ramas y frutos, dos de sus hijos, tal como hiciera su padre, empuñaron las armas para defender la libertad de pueblos hermanos. Él mismo viene de mujer corajuda, Olmpia Jorge, una guajira de armas tomar que fue golpeada por el mismísimo Pedro Morejón, capitán de la policía batistiana en Bayamo, entre lo más sanguinario de la soldadesca.

Aún siente en sus propias costillas aquellos golpes propinados a su madre, en ese momento acompañada solo por la hija. De alguna forma Juan era responsable de aquella paliza, junto a Primito, alias de un campesino, el muchacho que solo tenía 26 años, le confiscó el ganado a Morejón, una docena de reses dadas en cuido a un lugareño; fueron entregadas a los campesinos.

Lo que más indignó al esbirro, además de la frescura de un simple guajiro, de tomar lo ajeno, a él, oficial en el poder, fue el recado lleno de sarcasmo y provocación que lanzó Juan: dígale a Morejón que vaya, para pagárselo. Y Morejón fue a cobrar sus reses, pero no fue solo, montó una numerosa tropa en varios camiones y se apareció en el batey de San Rafael para llevarse a Juan, que escapó.

Cobarde como era el uniformado, resolvió darle puñetazos a Olimpia, golpes que sonaban como si fuera un carpintero con martillo en mano. Por poco le zafa los brazos y la espalda, pero la señora, boquiatrevida como su hijo, le dijo que Juan andaba alzado por los montes con Camilo Cienfuegos, de milagro no la mató allí mismo, como era práctica común en casos similares.En febrero de 1958 la justicia revolucionaria puso fin a sus desenfrenos, no sin antes hacer gala de su falta de virilidad y vergüenza ante los muchos testigos de sus abusos y crímenes.

El 4 de mayo de 1958, Juan Jorge guiaba la tropa del Comandante  Camilo Cienfuegos fuera de Bayamo, acampada en la mañana a 23 kilómetros de la ciudad. Fueron sorprendidos en el monte de La Estrella por una fuerza enemiga diez veces superior. Juan Jorge acompañó a Camilo mientras se movía de un lado para otro arengando la tropa. Nunca antes ni después vio arrojo igual, parecía que el mundo se acababa en aquel pedazo de monte, que en cualquier momento se avalanzarían definitivamente sobre los guerrilleros, pero la resistencia dio sus frutos.

Juan Jorge apenas se atrevía a hablar, la sola presencia de Camilo impone respeto y fue ascendido a Comandante justo en el mes de abril, la tropa se enteró por Radio Rebelde y la confirmación escrita llegó después, un verdadero júbilo se apoderó de los hombres.

Después vinieron otras batallas, más peligros, días sin comida, sin agua, de intensas caminatas. En el territorio de Victoria de Las Tunas libró las últimas batallas, preservando la retaguardia mientras la caravana de la libertad avanzaba hasta la capital.

Después, el guajiro estudió en las noches y alcanzó la enseñanza media. Durante treinta años trabajó en el sector de la agricultura donde aportó los saberes adquiridos en la superación profesional y aquellos producto de la experiencia y el legado empírico de sus mayores. Jubilado está ahora, pero no retirado, mantiene actividad revolucionaria, enseñando, debatiendo, aportando a la obra que ayudó a forjar a riesgo de su propia vida.

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