Yo juego por amor al béisbol, no para hacer equipo Cuba

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Por Juventud Rebelde | 12 noviembre, 2018 |
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Frederich Cepeda, durante el juego frente al equipo de Australia, en el IV Clásico Mundial de Béisbol, en el estadio Tokio Dome, de la capital de Japón, el 9 de marzo de 2017. ACN FOTO/Ricardo LÓPEZ HEVIA/Periódico Granma/ogm

Mucho antes de jugar en la Liga Profesional de Japón, Frederich Cepeda se jactaba de sus portentosos rasgos asiáticos para practicar el béisbol, aunque sus ojos fueran más redondos que una rueda. Su paciencia y disciplina en el home lo han convertido en uno de los bateadores más temidos en Cuba y en competencias internacionales.

Lo mismo a la zurda que a la derecha, Cepeda aprieta el bate, observa cada movimiento del pitcher, hasta el más insignificante le aporta información, y busca cumplir el plan táctico trazado para ese turno. Sabe que quien improvisa suele ser víctima de la estrategia del lanzador y solo lo salva que este no tenga una secuencia de pitcheos definida o se equivoque en su localización.

«Lo más difícil en el béisbol es el bateo; si ligas tres hits en diez turnos te puedes sentir satisfecho», comenta uno de los peloteros de mejor línea ofensiva en Cuba (ocupa el lugar 15 en el ranking de average con .332, el segundo en OBP con. 478, el noveno en slugging con .562 y el cuarto en OPS con 1040).

Como pocos en Cuba, cuéntese entre ellos al tunero Danel Castro también, se para en el home plate a buscar un buen contacto con el pitcheo que se siente más cómodo o uno que vaya por la zona. «No siempre se logra, porque el lanzador tiene otra idea, él busca confundirme, engañarme, tirarme lo que no espero, pero si uno se prepara bien, puede salir airoso en esa confrontación con el pitcher y ganarle hasta el boleto».

Durante la carrera se aprende todos los días, uno nunca lo sabe todo, y para batear la concentración es súper importante. Hay que realizar ejercicios en los entrenamientos y las prácticas lo más parecido a la realidad del juego para poder ejecutar correctamente las acciones en el momento preciso.

«La preparación sicológica es significativa, pues no siempre vas a tener un partido relajado, hay situaciones de tensión en las que si no estás listo mentalmente no podrás hacer bien las cosas, y aumentan las probabilidades de que el lanzador te domine».

En la liga cubana los bateadores suelen consumir el turno rápido, ven pocos pitcheos por comparecencia, pese a que los serpentineros no exhiben un gran control en sus envíos. Sobre ese tema, que sí tiene una repercusión mayor en torneos en el extranjero, Cepeda reconoce que los tiempos han cambiado mucho en nuestra pelota, pero esta no ha dejado de ser nunca muy ofensiva.

«Además, muchos pitchers jóvenes con menos de 20 años han tenido que integrarse a los staff de los equipos principales de las provincias, y a esa edad todavía no han aprendido todo lo que deben para enfrentar a bateadores de más experiencia, su rompimiento o su recta no la logran ubicar en las zonas más vulnerables y eso influye en que se haga el swing rápido. Casi siempre cuando se logra conectar es porque muchas veces el pitcher se equivocó».

Sin embargo, hay un alto porcentaje de swing al primer pitcheo y a lanzamientos fuera de la zona de strike. Al respecto, Cepeda coincide en que es un problema mental y táctico. «Hay cosas que solo el bateador sabe, o no estabas esperando determinado pitcheo. Cuando el resultado es positivo dicen que fue un buen turno, si es negativo entonces lo califican de malo, pero hay que estar ahí, en esas fracciones de segundo para saber lo complejo que es el proceso de batear».

El único cubano que ha estado en los cuatro clásicos mundiales de béisbol, se enfoca en tratar de pegarle a un lanzamiento cada vez que va al cajón. Él sabe que por su responsabilidad en la alineación no le van a servir nada fácil, por lo que tiene que prepararse bien y trata de repartir el bateo para todas las zonas del campo.

Reconoce que aún los equipos no disponen de toda la información necesaria, «hay pocos estudios del contrario, y antes era común que los pitchers fueran anunciados desde el día anterior. Para mí ese no es un problema porque llevo 20 temporadas y conozco a casi todos los lanzadores, excepto a los novatos. Qué tira cada uno, con qué control, entre otros datos, ayudan mucho al bateador para tener turnos de calidad.

«Si puedo observo videos de los pitchers rivales o rememoro enfrentamientos anteriores durante la preparación. La situación del juego dicta las estrategias, no es lo mismo ir al cajón de bateo con un marcador abierto que con el partido está reñido».

El miércoles pasado, por ejemplo, los Gallos dejaron a 15 hombres en circulación. Cepeda piensa que además de la ansiedad de sus compañeros tratando de empujar carreras, hay que ponderar el trabajo del serpentinero Frank Luis Medina, quien con hombres en bases hizo el pitcheo que quería: bolas pegadas en zona de strike, rompimientos hacia afuera, siempre bordeando las esquinas y anulando las mejores posibilidades de los bateadores.

Frente a Industriales, Cepeda se embasó en diez de las 13 veces que compareció a home, y solo lo sacaron out por la vía del ponche. Dice que su paciencia también está determinada por su temperamento. «Soy una persona tranquila, y así me comporto en el terreno, me entreno para pegarle bien a la bola, sin desesperarme.

Cepeda jugó este año en la liga profesional mexicana con los Toros de Tijuana durante 19 partidos de la etapa regular y después en los play off. Su línea ofensiva fue de .274/.345/.479 con 20 hits en 73 turnos y tres jonrones. Sobre si es un torneo superior al nuestro riposta con un argumento irrebatible: «el béisbol es el mismo, solo que en nuestra serie juegan solo cubanos, es la única liga para nacionales, y en aquella contratan a extranjeros para elevar su calidad, por eso no es justo compararlas.»

Ahora está enfocado en ayudar a su Sancti Spíritus para que avance a la postemporada. Piensa que sí, que los Gallos pueden llegar a esa instancia.

¿Y sobre el retiro?… «Hace años me vienen haciendo la misma pregunta, y siempre respondo lo mismo, no he pensado en eso. Y el día que no integre el equipo Cuba seguiré en el terreno; hay quien se disgusta y se retira porque le pareció injusto que no lo convoquen, ese no es mi caso. Yo no juego para hacer selecciones nacionales, sino por el amor que le tengo a este deporte; juego para la afición, para mi padre, que me hizo pelotero, para mi mamá, que me ha seguido siempre, para mi esposa y mis hijos.»

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